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Juan Gavasa

Quién

Quién

Otro muerto sobre la mesa, un muerto en las horas previas a unas elecciones democráticas. Un muerto inútil ¿algún muerto es útil? Es evidente que para algunos sí. De nuevo una familia destrozada. ¿cómo se puede explicar el asesinato de un trabajador? ¿Cómo se puede explicar que ha sido asesinado por sus ideas? ¿Cómo se puede explicar que un vasco ha asesinado a otro vasco? ¿quién es más vasco? ¿cómo se puede explicar que alguien en lo más brumoso de su pensamiento considera necesaria esta muerte? ¿qué habrá pensado el asesino al ver los ojos de su víctima? ¿habrá pensado algo? ¿qué idea de país justifica un solo asesinato? ¿qué país puede soportar un segundo más esta ignominia? ¿qué clase política puede seguir dándonos clases de moral? ¿qué político puede alegrarse por una muerte? ¿qué político pesa los muertos con votos? ¿qué ciudadano puede alegrarse por una muerte? ¿qué ciudadano puede asistir indiferente a una muerte? ¿qué ciudadano puede permanecer impasible? ¿quién no habrá llorado al conocer  la noticia? ¿quién seguirá esperando nuevas muertes? ¿qué derecho histórico justifica una sola muerte? ¿de quién son los derechos históricos? ¿quién será el próximo? ¿qué ciudadano puede estar feliz hoy?

Misiones Pedagógicas

Misiones Pedagógicas

He leído estos días un hermoso libro. Se trata del catálogo de la exposición sobre las Misiones Pedagógicas desarrolladas durante la Segunda República, que organizó en Madrid hace algo más de un año la Fundación Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza. El libro-catálogo está editado primorosamente con un cuidado diseño y una valiosa aportación fotográfica que da buena cuenta de lo que fue aquella formidable experiencia. Es un libro que emociona en la misma medida que entristece. Una tristeza inevitable por el conocido final de la historia.

            Las Misiones Pedagógicas fue el proyecto regenerador y educativo promovido por el gobierno republicano para intentar acabar con la proverbial incultura de las zonas rurales del país. Un España mísera y abandonada que había detenido el reloj del progreso en el siglo XIX; “esa pobre España que bosteza, con hambre, sueño y frío, porque tiene estómago vacío, vacío el corazón y la cabeza”, en los versos de Machado.

            Durante casi todo el periodo republicano (1931-1936) un amplio grupo de profesores, actores, artistas, escritores y pintores recorrieron los pueblos más recónditos del país para llevar brotes de cultura a donde no solía llegar ni la luz eléctrica ni el agua. Como mercaderes ambulantes, transportaron su mercancía imperecedera por caminos de herradura e inhóspitos parajes. No sabían lo que se iban a encontrar en cada aldea, desconocían la reacción de unas gentes que nunca habían tocado un libro ni tenían constancia de la existencia de un maravilloso invento llamado cine.

            La iniciativa del gobierno republicano estaba inspirada en un viejo proyecto del pedagogo Manuel Bartolomé Cossio, alumno de Giner de los Ríos en los primeros años de la Institución Libre de Enseñanza, y años después miembro de su claustro de profesores. Dentro del debate instalado en una parte de la sociedad española de la época sobre la necesidad de solucionar los males endémicos del mundo rural, Cossio defendía el derecho de los habitantes de esa España marginada a una formación similar a la de los ciudadanos de las grandes urbes, que les permitiera participar en la cultura universal.

            Así se creó el Patronato de Misiones Pedagógicas un mes después de proclamarse la República, sobre las bases del proyecto madurado durante décadas por Cossio. Éste se fundamentaba en la creación de bibliotecas y la exposición itinerante de reproducciones de los cuadros más importantes del Museo del Prado, la proyección de películas, el servicio de música y coros del pueblo y las representaciones teatrales. Es decir; casi todas las manifestaciones artísticas iban a integrarse en el ambicioso programa educativo.

            Es interesante y en ocasiones descorazonador rescatar los debates políticos de la época. Las Misiones Pedagógicas encontraron la indiferencia y el escepticismo de los partidos derechistas, que desconfiaban de los resultados de la experiencia y mostraban abiertamente sus dudas sobre el interés real de la España rural por ser culturizada. ¿Pero eso sirve para algo? Se preguntaban constantemente. En palabras de Ramón Gaya, “Cossio no quería que sirviera para nada concreto, sólo quería que existiera, quería regalar eso de una manera desinteresada”.

            Las fotos del libro editado por la Fundación Giner de los Ríos resuelven la duda. Los rostros de asombro y sorpresa, de inmensa felicidad y desconcierto, de interés y desconfianza… esos rostros absortos confirman que el proyecto de Cossio mereció la pena. Fue un intento honesto y real, un gesto de inteligencia que pretendía acabar con siglos de injusticia social y dar forma a la “España del cincel y de la maza”, recordando nuevamente a Machado.

            Las Misiones Pedagógicas de la Segunda República reunieron a la mejor generación de maestros e intelectuales que dio España durante el pasado siglo. María Zambrano, Luis Cernuda, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Alejandro Casona, José Val del Omar… Decía María Zambrano que “la inteligencia no funciona incondicionalmente, sino sobre las circunstancias sociales, políticas y económicas en las que se mueve”. Y eso era precisamente lo que querían cambiar; el destino marcado de cientos de miles de españoles pertenecientes al submundo del campo.

            Muchos de los “misioneros culturales” fueron fusilados en la Guerra Civil, otros huyeron fuera de España y una gran parte sufrió un silencioso y abyecto exilio interior. El franquismo borró de un plumazo la obra de las Misiones. Volvía “esa España inferior que ora y bosteza”.

 

“Muchos de los hombres y, desde luego, casi todas las mujeres y los niños no habían salido jamás de este lugar. Vimos chiquillos que primero huyeron y luego corrían tras de nosotros asombrados y llenos de júbilo. Las mujeres vestían de negro; las niñas de diez o doce años tenían el aspecto de mujeres minúsculas con sus faldas largas hasta los pies, que recogían al correr. Los niños eran tristes y temerosos y la mayor parte de ellos no cesaba de toser mientras nos contemplaban. Tratábamos de acercarnos a los grupos de hombres y mujeres que, aun convencidos de nuestro carácter pacífico, se resistían, sin embargo, a entrar en relación con nosotros”.

What's going on

What's going on

Me gusta recrearme con el hecho de que nací el mismo año en que Marvin Gaye publicó “What’s going on”; 1971. Será una veleidad adolescente pero me divierte fomentar esta casualidad y pensar que mientras yo pedaleaba en el útero de mi madre un tipo estaba a punto de cambiar el curso de la historia de la música en el lejano Detroit.

            Para muchos, entre los que me encuentro, éste es uno de los mejores discos de todos los tiempos e incluso sería capaz de aseverar según qué días que indiscutiblemente es el mejor. No sólo por su valor musical sino por su repercusión en todo lo que vendría después.

            “What’s going on” sigue siendo hoy uno de los discos más influyentes y analizados de toda la historia, un álbum conceptual que transformó para siempre la vida de su autor y marcó una gruesa línea entre su pasado almibarado y su futuro comprometido y combativo.

            Marvin Gaye llevaba varios años triunfando como uno de los valores más seguros y rentables de la mítica Tamla Motown, dirigida por el ambicioso Berry Gordy, un personaje de fino olfato y certeras intuiciones. Gaye aspiraba a rivalizar con Sinatra o Nat King Cole pero se quedó en representante de una generación que suspiraba con sus inolvidables y fogosos duetos románticos que sublimaban su imagen de soulman; Mary Wells, Kim Weston y, sobre todo, Tammi Terrel, con quien firmaría el hermoso “Ain’t No Mountain High Enough”.

            Pero mientras la factoría de Gordy producía decenas de singles que inundaban los primeros puestos de las listas de discos, en Estados Unidos estaban pasando muchas cosas. El país estaba inmerso en la guerra de Vietnam, Nixon gobernaba en Washington, los derechos civiles movilizaban a la población de color, las drogas causaban estragos en el otoño de la revolución hippie y el deterioro ambiental comenzaba a levantar conciencias. Estados Unidos había perdido la inocencia definitivamente y el soul vitamínico de letras intrascendentes de la Tamla era un duro contraste.

            Marvin Gaye, un personaje marcado por una dura infancia –su padre lo educó con mano de hierro-, y eternamente insatisfecho sintió que se agotaba el producto musical que representó con solvencia durante los 60 y comenzó a explorar nuevos trayectos. Envuelto en brumas y cerca del abismo artístico, Gaye se lanzó a trabajar en el que sería el primer álbum sobre el que tendría un control absoluto.

            Abandonó el discurso estilístico de la Motown y se adentró en las alcantarillas de una sociedad que tenía serios problemas. Así nació un disco íntimo que era fiel reflejo del signo de los tiempos: política, esclavitud, guerra drogas… con “What’s going on” el soul dejó atrás la plácida adolescencia y maduró de la noche a la mañana. Fue el primer disco conceptual que abordó sin complejos las miserias de una sociedad convulsa y desconcertada.

            Tal fue el impacto en la factoría de Detroit que Berry Gordy se negó a editar el LP porque lo consideraba excesivamente político y escasamente comercial. Probalemente le preocupaba más la segunda razón. Pero Gaye se hizo fuerte y se negó a aceptar cualquier condición que limitara su caudal creativo. Gordy aceptó que se publicara como anticipo el single “What’s going on”. Fue uno de los mayores éxitos comerciales de la historia de la compañía.

            El LP vio la luz en abril de 1971. Producido por el propio Gaye, sus maravillosas orquestaciones, la sensual cadencia de sus ritmos, los lujosos saxos y la voz  en plena madurez de Marvin lo convirtieron de inmediato en un acontecimiento musical. Nada volvería a ser igual. Stevie Wonder, Curtis Mayfield, Michael Jackson, Prince… todos son hijos de “What’s going on”.

            37 años después Estados Unidos tiene otra guerra y un negro aspira a ser presidente del país.

 

“Padre, padre, no necesitamos ascender. Verás que la guerra no es la respuesta. Sólo el amor puede conquistar el odio. Sabes que tenemos que encontrar una manera para atraer el amor hoy. Piquetes y pancartas, no me castigues papa con brutalidad, ven, háblame para que tú veas lo que está pasando”.

What’s going on

 

Jorjón

Jorjón

Cierra Le Pas d’Aspe. El sueño de Jorjón llega a su fin después de cuatro años de irreductible lucha por mantener en pie ese hotelito de Urdos que había simbolizado muchas de las metáforas de este Pirineo. Cierra después de haberlo intentado todo y de haberse enfrentado a todo. La falta de nieve, la crisis, el desconocimiento, las comunicaciones, la frontera sicológica que todavía sigue representando la cordillera… cierra Le Pas d’Aspe y en cierta medida todos cerramos la esperanza de una hermosa utopía que durante cuatro años sólo se alimentó de esa fe desbordante y contagiosa de Jorjón. El cierre de un establecimiento tiene hoy en día en el Pirineo el mismo impacto que producía hace treinta o cuarenta años el abandono de una casa. Hay un inconfundible hedor a éxodo, vacíos y ausencias.

            No quiero utilizar la palabra fracaso porque no creo que sea apropiada. Es más; pienso que si alguien no ha fracasado en esta aventura ha sido Jorjón, porque él ha sido el único que dio un paso adelante y se atrevió a embarcarse en una aventura incierta, fue el único capaz de nadar contracorriente en busca de su sueño, el único que tuvo los arrestos necesarios para replantear su vida y explorar nuevos caminos hacia la felicidad. Eso nunca puede ser un fracaso.

            El cierre de Le Pas d’Aspe lleva implícitos muchos mensajes. El primero de ellos y el más triste es la constatación de que el modelo de desarrollo en que está inmerso el Pirineo desde hace años es pan para hoy y hambre para mañana. Una advertencia que Jorjón no se ha cansado de manifestar desde hace años. Puede que el cierre de Le Pas pase inadvertido en el Valle de Canfranc, henchido como está de grandes urbanizaciones y megaproyectos, pero en el Aspe va a ser un mazazo. Jorjón trajo aire fresco al deprimido valle francés, su apuesta empresarial fue un mensaje de esperanza que además se digería mejor con buen vino español y buenas tapas. Era un proyecto de empresa pero cargado de un fuerte compromiso pirenaico.

            Las gentes de Urdos, Lescun, Bedous, Cette Eygun… todas ellas percibieron en la aventura de ese joven grandullón español un anclaje al futuro. Pero no ha podido ser. Este Pirineo de grandes masificaciones, horizontes urbanizados y turismo convencional no está preparado todavía para nuevas vías de desarrollo basadas en modelos más racionales, prudentes y equilibrados como el que representaba Le Pas d’Aspe. Ya lo decía Cela en su "Viaje al Pirineo de Lérida" en 1964: "Los turistas probablemente, son especie gregaria y muy asna que se conforma con lo que se le da (aunque no venga a cuento lo que se le dé)". Jorjón, que es montañés, de Canfranc, sabe bien que la mayor derrota es la resignación y en esta tierra nos hemos acostumbrado a resignarnos demasiadas veces.

            Ahora te vas a Zaragoza y me alegro por ti porque sé que tus nuevos proyectos ayudarán a enterrar los viejos y, además, te van a conservar intacto tu entusiasmo natural. Pero siempre que un habitante del Pirineo aragonés tiene que irse a vivir a la capital, deja una estela de melancolía en los que se quedan. Es una historia que se repite, que se viene repitiendo desde hace medio siglo.

Simply Red

Simply Red

Simply Red se retira. En realidad ya había iniciado el camino de la retirada en 1987 cuando publicó su segundo album “Men and Women”, una renuncia en toda regla a los valores musicales y estéticos que habían arropado su ópera prima, el fantástico “Picture Book”. Esa pequeña joya publicada en el sello Elektra Records fue uno de los trabajos más prometedores de la segunda mitad de los 80, un elegante catálogo de canciones envueltas por el exquisito artificio sonoro construido por el productor norteamericano Stewart Levine, que ya había trabajado con The Crusaders, Lionel Ritchie, Joe Cooker o Sly Stone. Sobre esa malla acústica sobresalía la voz impresionante de Mick Hucknall, llamado a protagonizar grandes acontecimientos musicales de la época.

Su chorro de voz endulzado con virutas negras, su arrebatadora personalidad en el escenario y un look absolutamente novedoso en la escena británica prometían días de vino y rosas. Y así fue, Simply Red se convirtió en uno de los grupos más rentables de la industria musical, una máquina de hacer dinero que incrementaba beneficios en la misma medida que sacrificaba sus principios artísticos. En resumen; que después de aquel “Picture Book” a Hucknall o bien se le agotó la inspiración o simplemente decidió descender por la senda de la levedad convencido de que al final del camino estaba el dorado. Y no se equivocó.

            Mick Hucknall (Simply Red era la marca tras la que se escondía), ha anunciado que se retira con la reedición de su disco “Stars” (1990) que, según los críticos, fue su álbum más vendido con cerca de 20 millones de copias. Triste paradoja. Simply Red se va rememorando uno de sus discos más insulsos, todo un arrobo comercial que en su momento certificó el agotamiento creativo de Hucknall y su renuncia definitiva a trascender en el tiempo. Por suerte, siempre quedará “Picture Book”, ese disco enorme cuidado hasta el último detalle; desde aquél dibujo de ”Red” en la portada hasta la selección de los temas: “Money’s too tihgt (To mention)”, “Holding Back the Years” o el magnífico “Jericho”... eran tiempos en los que un disco ya era un objeto en si mismo.

            Simply Red nació en Manchester cuando los nuevos románticos se batían en retirada, cautivos y desarmados, después de agotar toda su munición creativa. Su irrupción en el mercado fue recibida con un entusiasmo desconocido. En aquél primer disco Mick Hucknall se rodeó de un excelente grupo de músicos, la mayoría de los cuales procedían de la mítica banda Durrutti Column. El resultado fue soberbio: soul, funky, blues, reggae, jazz… la coctelera había agitado todo con cuidado y había derramado un delicioso jugo con aroma a club nocturno e historias de perdedores.

            “Picture Book” fue un fogonazo, un atisbo de inspiración. En el segundo disco cambiaron de productor y reclutaron a Alex Sadkin. El disco arrasó en ventas pero apenas quedaba nada de ese hermoso edificio sonoro construido para el primer disco. Sobre las ruinas de aquél lanzaron en 1989 “New Flame”, otra vez con Levine, y otra vez en lo más alto de las listas. Su tardío homenaje a los Harold Melvine & the Blue Notes tenía algo de demagógico y oportunista. Definitivamente, Simply Red se transformó en un intrascendente grupo vendedor. Algún crítico ha dicho de Hucknall que ha sido la gran mentira procedente de Manchester.

            La historia de “Simply Red” es la de cientos de grupos que secaron su cerebro tras perder la virginidad en la industria discográfica. Me viene ahora a la memoria los escoceses Texas, con aquel “Southside” inspirado en Ry Cooder y la cándida belleza de Sharlen Spiteri. Flor de un día. Pero siempre me dolió mucho más la traición de Mick Hucknall porque “Picture Book” fue el primer disco de vinilo que me compré con 14 años, y eso es algo que nunca se olvida.

Buitres

Buitres

La situación de las aves carroñeras en la cordillera pirenaica es crítica. La normativa europea que prohíbe desde 2002 el abandono de restos animales en el campo y obligó al cierre de los tradicionales muladares, ha provocado un alarmante descenso en la población de rapaces necrófagas, principalmente del buitre, y el cambio en los hábitos de muchas especies. La falta de alimento ha sido la causante de lo que el biólogo del Instituto Pirenaico de Ecología, César Pedrocchi, ha definido como una “catástrofe ecológica”. Según algunos datos aportados por asociaciones ecologistas como ANSAR o el Fondo de Amigos del Buitre, en los últimos años las colonias censadas en el norte de la península ibérica han perdido entre un 30 y 40% de sus crías.

            La península es la mayor reserva europea de rapaces y por ello la comunidad científica, los ganaderos y los ecologistas consideran que la UE debería de aplicar una normativa más flexible atendiendo a la excepcionalidad del estado español.  En concreto defienden que se vuelva a la situación anterior a la normativa de 2002 para la retirada de cadáveres de animales en las explotaciones ganaderas extensivas, pero con todas las garantías sanitarias. Gerardo Báguena, de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos reivindica que “la labor de la ganadería extensiva ha sido el mejor ejercicio de conservación de las aves necrófagas durante siglos”.

            El problema surge hace  seis años cuando la aparición del llamado “mal de las vacas locas” desató un aluvión de drásticas medidas sanitarias que, en muchos casos, tuvieron más un perfil burocrático y preventivo que una razón práctica. Es el caso de la normativa que acababa con la costumbre milenaria de dejar los animales muertos en el campo o en muladares, y que era el alimento principal de las rapaces necrófagas, al tiempo que servía para completar la cadena trófica. Desde entonces, es la administración la que se encarga de recoger los animales muertos previo aviso del ganadero.

Esta ley dejó en condiciones de precariedad absoluta a especies protegidas como el buitre leonado, el quebrantahuesos, el milano negro o el alimoche. Las regulaciones que introducía la normativa limitaban las posibilidades de alimento de las aves a determinados animales muertos y sus productos, siempre bajo unos estrictos controles sanitarios previos. Como señala Pedrocchi, “se dio la paradoja de que por un lado la UE destinaba fuertes cantidades de dinero para proteger estas especies y por otro introducía una normativa sanitaria que era en la práctica su sentencia de muerte”.

            En el año 2005 se revisó y flexibilizó la normativa con la autorización para la instalación de comederos regulados bajo estrictas medidas sanitarias. Aragón es junto con Castilla León la comunidad autónoma con mayor censo de rapaces carroñeras de todo el estado. El gobierno autónomo creó la Red de Comederos de Aragón (RACAN), que en la actualidad cuenta con 32 puntos (8 de ellos destinados exclusivamente al quebrantahuesos) y espera ampliar durante 2008 hasta los 40. Sin embargo, esta solución no ha logrado resolver el problema porque la demanda de alimento de las carroñeras sigue siendo muy superior a la oferta. Ecologistas y ganaderos consideran insuficiente el número de instalaciones previsto y alertan además de la falta de seguridad en los vallados que se han instalado para cercar los comederos.            

La falta de alimento ya ha generado un impacto notorio en la población. Al ya citado descenso en el número de pollos hay que sumar el cambio en el comportamiento de los animales, los ataques al ganado enfermo o el inevitable viaje a otras latitudes en busca de comida. Se han llegado a localizar buitres aragoneses en Bélgica u Holanda. Los ataques al ganado, aunque escasos, responden a un axioma natural que recordaba un ganadero aragonés: “si no pueden comer de lo muerto lo tendrán que hacer de lo vivo”. Sin embargo, todas las asociaciones ecologistas y naturalistas han reconocido “la extrema sensibilidad de los ganaderos para entender que el problema no lo han generado los buitres sino quienes les han retirado la comida” reconoce David García, del Fondo de Amigos del Buitre.

            En mayo del pasado año se aprobó un nuevo Real Decreto que permite nutrirse a las necrófagas de subproductos de origen animal no destinados al consumo humano (restos de mataderos fundamentalmente) y que habían sido retirados tras la aparición de encefalopatías espongiformes trasmisibles. Es un notable avance sobre el texto original pero difícilmente contribuirá a corto plazo a minimizar los nocivos efectos sobre la población de rapaces. “Supone un respiro para muchas aves amenazadas en España pero hay que hacer más esfuerzos” han indicado las organizaciones WWF/Adena y Seo/BirdLife.

            En el estado español, cada comunidad autónoma ha emprendido medidas unilaterales cuando el problema demanda soluciones globales. A la ya citada red de comederos de Aragón, hay que sumar los dos puntos creados en Navarra que apenas pueden nutrir a los 6.200 buitres contabilizados en 2007, aunque según el miembro de la ejecutiva de EHNE (Sindicato Agrícola del País Vasco), Santos Galdeano “sabemos que se echa carne en otros dieciocho muladares que teóricamente no son legales”. En otoño de 2006 se había estimado ya en un 30% la caída en la población del buitre leonado en Navarra, no sólo por la falta de alimento sino también por los molinos eólicos y los venenos.

En Catalunya, la desaparición de los muladares o canyets se remonta ya a la década de los años 50 del pasado siglo debido a la paulatina desaparición de las principales rapaces peninsulares. La población del Pirineo catalán es notablemente inferior a la que se registra en Aragón o Navarra. No obstante, en 1989 se comenzaron a implantar los PAS (Puntos de Alimentación Suplementaria), destinados fundamentalmente a asentar la población de quebrantrahuesos.

Aragón, que es la comunidad que más comederos ha creado en los dos últimos años, ha propuesto al resto de gobiernos autonómicos una estrategia nacional que se debatirá el próximo mes de septiembre en la Conferencia Sectorial que reúne anualmente a todos los consejeros autonómicos de medio ambiente. Según Alberto Portero, Director General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad del Gobierno de Aragón, “hay que uniformar las medidas para que cada comunidad no haga la guerra por su cuenta, este es un problema global, la enorme capacidad de movimiento de estas aves para buscar alimento hace que la gestión de estas poblaciones deba establecerse de manera conjunta y coordinada”.

Artículo publicado en el número 62 de la revista El Mundo de los Pirineos. La foto es del Fondo de Amigos del Buitre.

De las Heras

De las Heras

Francisco De Las Heras está considerado el fotógrafo más prolífico de Aragón del primer tercio del siglo XX. Este dato para la estadística sería irrelevante si no se tuviera en cuenta las condiciones en que desempeñó su trabajo. Lejos de los grandes centros urbanos y siempre a remolque de las innovaciones que irrumpían en el joven mundo de la fotografía, De Las Heras desempeñó en Jaca desde 1910 hasta 1945 una intensa actividad que sólo ha sido reconocida medio siglo después de su muerte. Fue un fotógrafo discreto y silencioso, sin veleidades artísticas ni pretensiones intelectuales, un obrero de la cámara que recorrió buena parte del Pirineo en busca de la noticia y del tiempo perdido.

De las Heras nació en 1886 en Torre de Valdealmendras (Guadalajara). Con 22 años se traslada a Zaragoza y comienza a trabajar en el estudio del prestigioso Coyne, uno de los referentes indiscutibles de la fotografía aragonesa. Junto a su privilegiado maestro se sumerge en las nuevas técnicas y aparatos que impone el mercado y participa en algunos de los acontecimientos más notables de la época como la Exposición Universal de 1908.

Dos años después siente que ha alcanzado la madurez suficiente para emanciparse profesionalmente y se traslada a Jaca para dar continuidad al negocio del recientemente fallecido Félix Preciado. La llegada de De las Heras a la ciudad pirenaica es recogida por el semanario local, El Pirineo Aragonés, como un acontecimiento. Se loan sus conocimientos en la materia y su experiencia junto al gran Ignacio Coyne en algunos artículos que todavía destilan cierta desconfianza hacia “el aparato de retratar”.

Es el año 1910 y el Pirineo está sumido en profundos cambios. Jaca todavía está amurallada pero muy pronto se liberará de ese cerco medieval. Muy cerca se está construyendo el ferrocarril de Canfranc, la obra más importante en el Aragón de la época. Miles de trabajadores procedentes de todo el país han llegado hasta ese recóndito lugar de la península, y con ellos un cargamento de ideas revolucionarias que chocan de lleno con el carácter desconfiado y supersticioso de los montañeses.

De las Heras se encuentra con ese paisaje en pleno proceso de catarsis. También con unos pueblos que alcanzan el máximo índice demográfico de todo el siglo XX, en los que todavía perduran los usos y costumbres casi inalterados desde la Edad Media. Pero es un Pirineo que se desintegra a marchas forzadas, a impulsos de un desarrollo que se manifiesta en forma de centrales hidroeléctricas y pantanos.

En septiembre de 1910 edita su primera colección de postales sobre Jaca y antes de finalizar el año otra sobre el Monasterio de San Juan de la Peña. En muy pocos meses sienta las bases de su negocio y comienza a consolidar la actividad por la que sería conocido en toda la región. La costosa producción de postales es su sello de identidad, una arriesgada pero visionaria apuesta comercial que le daría excelentes resultados.

Esas primeras postales muestran paisajes de Jaca y de su entorno, pintorescas calles y recoletas plazas. No son fotos de autor ni pretende introducir criterios de diseño. Muestra la realidad tal y como es, desprovista de filtros y carente de ambiciones estéticas. Nada que ver con el trabajo de algunos de los fotógrafos coetáneos aragoneses más reconocidos como Ricardo Compairé o Aurelio Grasa. Pero ahí reside su valor, en la enorme fuerza documental de sus imágenes.

Francisco De las Heras fue el único fotógrafo que residió permanentemente en el Pirineo. Por eso huyó de lo que otros consideraban pintoresco y evitó los tópicos en su producción fotográfica. Quizá ahí resida la razón del profundo olvido al que ha estado sometido durante varias décadas. Fue, en realidad, un notario de lo cotidiano, un fotógrafo de pueblo que tan pronto acudía a una boda como fotografiaba un terrible alud en el Balneario de Panticosa. A veces inmortalizaba a los niños jacetanos en el día de su Primera Comunión y otra veces se detenía en todos los detalles que brindaba la monumental obra del Canfranc.

Respondió De Las Heras con una soberbia capacidad de trabajo a los retos que le ofrecía el arriesgado negocio de la fotografía en aquellas primeras décadas del siglo XX. Su producción de postales aumentó de forma considerable y pasó de ser una anécdota a convertirse en una verdadera industria. Primero fue Jaca y sus alrededores pero mas tarde el Balneario de Panticosa, Ansó, Echo, el desaparecido Balneario de Tiermas, la incipiente Sabiñánigo, el valle de Roncal, el valle de Tena, Biescas, Huesca, el valle de Aspe... Pocos rincones quedaron fuera del objetivo del fotógrafo jaqués. Hoy esas postales se cotizan al alza en las tiendas de coleccionistas y los mercados de viejo.

Luis Serrano, uno de los más importantes coleccionistas de postales antiguas de Aragón, no tiene dudas en afirmar que “De las Heras es el fotógrafo más prolífico de nuestra tierra, no hay nadie más que produjera la ingente cantidad de postales que produjo él. Su mérito es tremendo porque no hay que olvidar que él no estaba en Zaragoza, donde todo era mucho más sencillo. Vivía en Jaca, que entonces era un pueblo de 5000 habitantes sin apenas comunicaciones. Y sin embargo fue mucho más hábil, más dinámico y más visionario respecto al mundo de la fotografía que el resto de fotógrafos aragoneses y muchos de los españoles”.

Para explicar la extraordinaria dimensión del legado de De las Heras hay que ahondar en su encomiable labor comercial. A diferencia de otros fotógrafos contemporáneos,  hacia fotos para comer y en aquellos años eso no era sencillo todos los días. La prensa jaquesa de la época describe con lucidez las penurias de buena parte de la población para encontrar trabajo y la escasez de recursos.

En ese contexto, su hiperactividad responde por igual a un meritorio desarrollo vocacional y a un ejercicio de supervivencia que no admitía pausas. En Jaca De las Heras era el fotógrafo de las bodas, bautizos y comuniones y en el exterior el promotor de interesantes colecciones de postales sobre el Pirineo. Los pioneros del turismo de montaña y los furtivos esquiadores las utilizaron para mostrar a lejanos parientes las bellezas de la cordillera. Pero además ejercía de periodista gráfico para el Heraldo de Aragón, el ABC o la revista Aragón. Fue un impagable corresponsal de prensa que firmó interesantes reportajes ahí donde otros no llegaron a tiempo.

Hizo de la necesidad virtud y supo sacar el máximo rendimiento de los escasos medios disponibles. Se convirtió en un maestro del retoque fotográfico, que utilizaba para maquillar una imagen y utilizarla en dos colecciones distintas de postales. Pintaba la nieve para diseñar una serie de paisajes nevados y después la borraba cuando lo que vendía era el Pirineo primaveral. Un prodigio del marketing cuando éste no existía.

En 1923 dio el salto y se instaló en un espacioso local de la calle Mayor, la principal arteria de Jaca. Él mismo diseño la fachada de ese edificio con reminiscencias árabes que todavía hoy se puede contemplar en el número 30. Ese año inauguró también el primer estudio con luz natural de la ciudad y prosiguió en su labor de promoción del Pirineo aragonés Cuatro años antes había realizado una incursión en el mundo de los libros al editarle al historiador Ricardo del Arco el lujoso libro “La Covadonga de Aragón. San Juan de la Peña” profusamente ilustrado con sus propias fotografías.

El fotógrafo de pueblo ya había alcanzado la categoría de gran empresario, reportero, editor, documentalista, promotor turístico y divulgador. Es en este tiempo cuando desarrolla probablemente sus trabajos más meritorios y perdurables. Suyas son las únicas fotografías conservadas del Balneario de Tiermas, desaparecido en los años 50 bajo las aguas del pantano de Yesa. A él se debe también el detallado seguimiento visual de las obras del ferrocarril de Canfranc, al que dedicó largos años y notables esfuerzos. Esa dedicación culminó el 18 de julio de 1928 cuando fotografió a Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa, Gaston Domuergue, en la inauguración de la Estación Internacional. Esa imagen forma parte de la historia gráfica española del siglo XX.

Dos años después fue el único fotógrafo que pudo captar las primeras horas de la sublevación republicana de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández. Cuando cuatro meses después se proclamó la II República, De las Heras se apresuró a publicar un anuncio en la prensa en el que recordaba que el retrato de Galán que blandían miles de españoles en las primeras manifestaciones de entusiasmo republicano había sido realizado por él. Esa foto se había convertido de la noche a la mañana en un icono del nuevo Estado.

Pero quizá su aportación más valiosa a la historia de la fotografía es su serie sobre las “endemoniadas” de Jaca tomada en 1922. Aquella patética procesión de mujeres que creían estar poseídas por el diablo bajo la peana de Santa Orosia es hoy un documento antropológico de un valor incalculable. Incluso en esas circunstancias cuenta el antropólogo Ángel Gari que “una de esas fotografías está retocada. Una de las posesas se quitó la camisa  al experimentar mejoría, pero De Las Heras la tuvo que pintar en el contacto final ante las amenazas de un familiar”.

Tras la Guerra Civil, De las Heras fue perdiendo el pulso fotográfico y pasó los trastos a su yerno, Primitivo Peñarroya. Todavía tuvo tiempo de plasmar otro horror, el del incendio que asoló en 1944 el pueblo de Canfranc. Las llamas que acabaron en unas horas con la milenaria población  fueron como la metáfora del tiempo vivido, el periodo más convulso de la historia del Pirineo retratado con primorosa dedicación para las futuras generaciones.

La cámara de De las Heras ha dejado testimonios de gran valor sobre los profundos cambios experimentados por la cordillera aragonesa en la primera mitad del siglo XX. Probablemente sin ser consciente de su trascendental labor histórica, captó escenas irrepetibles, paisajes modificados por el hombre para siempre y una sociedad que ya sólo será posible conocer a través de sus fotografías. Cuando murió en 1950, la pequeña ciudad que le había recibido con los brazos abiertos cuarenta años atrás comenzaba su transformación en centro turístico. Cincuenta y ocho años después sus nietos Carlos y Rafael mantienen abierto el negocio fotográfico en el mismo edificio que él diseño en 1923.

Bardem

Bardem

Ha ganado Bardem. La noticia se coló de soslayo en las portadas de los periódicos españoles, preocupados más por el sopor del debate electoral que por el éxito de uno de los mejores actores de la historia del cine español. Y que conste Señora Danvers que sigo pensando lo mismo de los premios, incluidos los Oscar. En ocasiones son los actores los que engrandecen los premios; éste es el mejor ejemplo. La Academia ha sabido estar a la altura de uno de los actores más completos de la escena actual. No al revés. Ha premiado a un profesional de izquierdas, comprometido y muy poco entusiasmado con la idea de incorporarse al universo de Hollywood.

            Javier Bardem me cae bien, me cae muy bien. Desde “Jamón jamón” lo he visto como un tipo auténtico, un chulo con galones para poder ser chulo. No todo el mundo puede serlo, aunque muchos lo intentan infructuosamente. Ser chulo es un mérito. Javier es un pedazo de actor con  una capacidad camaleónica natural, ese atributo que tanto gusta de adjudicar a otros actores con perfil más bajo. Bardem es un currante de la cámara, un machaca que ha conseguido lo que ha conseguido gracias a un concepto stajanovista del trabajo, se ha metido tan de lleno en sus personajes, los ha diseccionado con tanta meticulosidad que ha logrado ser un trasunto de ellos. Hay ejemplos como el de Reynaldo Arenas que producen vértigo por su extraordinario parecido.

            Bardem pertenece a una saga familiar que resulta incómoda para determinada derecha de este país. Directamente no los soportan. No pueden con ellos porque son brillantes, independientes, cáusticos y un poco brutos cuando defienden causas en las que creen. Es esa delgada línea que otros llaman crispación y que no es más que el derecho democrático a la libertad de expresión.

            Hay otra cosa que duele de los Bardem y que Elvira Lindo lo definía ayer muy bien; han llegado a la aristocracia gracias al trabajo. Es decir; que nadie les puede reprochar absolutamente ningún privilegio heredado ni pago de favor alguno. Pilar Bardem es una señora que las ha pasado bien putas en esta vida; y quizá por ello observa ésta con un punto de descreimiento e ironía que también sienta fatal. Es una mujer forjada en las trincheras y no en las alfombras rojas. El papel que le recuperó para el cine, la madura suegra de Victoria Abril en “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” de Agustían Díaz Yanes, es de algún modo un retrato descarnado de su propia vida y un despliegue impecable de su enorme talento cinematográfico.

De la trayectoria de una mujer dura e imperturbable surge un hijo instalado en las mismas coordenadas vitales. Un personaje al que se le puede imaginar sin distorsión tomando cervezas en un bar de carretera de los Monegros, o compartiendo un Dry Martini con George Clooney en el selecto hotel Chateau Marmont de Sunset Boulevard.

Hay otra cosa que desarmó a muchos en la madrugada del lunes. El rojo antipatriota dedicó el Oscar a España. A esa España de la que se ha apropiado una parte del país que sólo entiende el concepto patriótico envuelto en una gran bandera rojigualda y abrazado a los valores tradicionales heredados de la noche oscura del franquismo. Bardem representa a otra España tan patriota como la anterior pero construida sobre valores universales como la solidaridad, la igualdad, el diálogo y el respeto al otro. Eso que algunos llaman relativismo.