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17/06/2008

Expo

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Empezó la EXPO y he de reconocer que tengo sentimientos enfrentados con el evento en cuestión. No dudo de su importancia para la microhistoria de Zaragoza y de su categoría como evento de masas. Entiendo el entusiasmo colectivo que ha generado principalmente en la capital aragonesa y no es necesario esforzarse mucho para percibir que acabará siendo un éxito popular. Esto del éxito o el fracaso es un valor relativo que nunca se suele someter a juicios objetivos. Por sistema en este país los grandes y también los pequeños acontecimientos que nacen de una iniciativa pública suelen ir acompañados de un discurso triunfalista vacunado ante cualquier crítica. No se admiten las “moscas cojoneras”, salvo que se expongan a ser descalificados y tachados de antipatriotas. En el caso de la EXPO no deja de resultar sospechosa la unanimidad absoluta que ha brindado la clase política y los principales medios de comunicación en estos tres últimos años. Ni una mácula ni una duda; nada podía desenfocar el objetivo final.

 

Tengo mis dudas sobre el verdadero valor de la EXPO más allá de su condición de extraordinario y muy caro acontecimiento social y cultural. La verdad es que no tengo argumentos sólidos para defender mi tesis; más bien parte de una ligera intuición y del conocimiento superficial de experiencias similares celebradas en el pasado. Estos días creo que tanto los políticos aragoneses como los periodistas y analistas de temporada se han emborrachado con la euforia de la inauguración y han entrado en una dinámica de declaraciones y asertos grandilocuentes de escaso rigor. Dicen que Zaragoza ha recuperado la autoestima con la EXPO; parece ser que el orgullo de una ciudad se alimenta a base de ladrillo, hormigón y fantasía arquitectónica. Costoso tratamiento que al final puede generar el efecto contrario al deseado: una depresión colectiva si el dorado no era tal.

 

Está claro que la autoestima no se recupera con cultura, civismo, solidaridad y bienestar. De unos años a esta parte estos conceptos -que serían objetivos irrenunciables de cualquier colectivo- se maquillan con grandes obras civiles que explotan nuestro orgullo ciudadano pero dejan intacto cualquier atisbo de conflicto moral. Los edificios emblemáticos y los cinturones de circunvalación acaban con cualquier sentimiento de inferioridad. No hay mejor antídoto contra la depresión y las deudas históricas.

 

La EXPO además creo que va a empeorar aquél doloroso diagnóstico del sociólogo Mario Gaviria, que en plena transición hablaba del “Zaragoza contra Aragón” para describir las profundas desigualdades de la comunidad y su irreversible macrocefalia. A más Zaragoza menos Aragón. Pero quizá ésta era la última de las preocupaciones de quienes se inventaron la EXPO para espabilar a la provinciana capital. Fueron hábiles y buscaron en el agua la coartada perfecta para justificar el invento y dotarle de la legitimidad social y política exigida. El lema como excusa necesaria.

 

No he ido a la EXPO pero iré. Por eso no hablo de su contenido ni me atrevo a adelantar opiniones de las que luego me pueda arrepentir. Por la televisión tiene buena pinta; el puente de Zaha Hadid es impresionante y la torre del agua tiene hechuras de icono. Un desapasionado vistazo a los periódicos nacionales logra encontrar el matiz crítico que en Aragón no surge ni por asomo.  Veremos en los próximos meses. De momento, os hablo de otra EXPO que se celebrará en Zaragoza del 28 de junio al 6 de julio pare denunciar los conflictos que el agua genera en todo el mundo. El agua aquí no es la coartada; es el drama.

 

Como es sabido, entre Junio y Septiembre tendrá lugar en Zaragoza la Expo Internacional – 2008 bajo el lema “Agua y Sostenibilidad”. A pesar del lema, esta EXPO dista mucho de inscribirse en la lógica de la Nueva Cultura del Agua, al haber entrado en contradicción flagrante con los principios más elementales de la sostenibilidad; por otro lado, supone un gasto ingente de dinero público que podría y debería tener otros destinos más razonables.

 

Por ello, un amplio abanico de colectivos y movimientos sociales hemos decidido organizar el Foro Mundial de la Luchas del Agua (FMLA), a modo de un Foro Social del Agua, al margen de la Expo, abierto a la participación de los diversos movimientos que vienen luchando en todo el mundo por una Nueva Cultura del Agua basada en principios de sostenibilidad, equidad y participación ciudadana. El FMLA acogerá y dará espacio de apoyo y debate a los representantes de los colectivos y movimientos que defienden el derecho de los afectados a vivir en sus pueblos, hoy amenazados por la construcción de grandes presas y trasvases; a las comunidades que viven de la pesca y defienden la salud de los ríos, lagos, humedales y manglares de los que depende su supervivencia; a los pueblos que vienen oponiéndose a la privatización de los servicios de agua y saneamiento, bajo la presión del Banco Mundial; a los movimientos que defienden el derecho humano al agua potable y que luchan contra la mercantilización del agua y de los ecosistemas acuáticos; a los que luchan contra la minería a cielo abierto que envenena las cabeceras fluviales y mata poco a poco a millones de personas; a las comunidades indígenas que luchan por preservar sus derechos ancestrales y su derecho colectivo a existir como pueblos…

El FMLA, que se celebrará entre el 28 de junio y el 6 de julio de este año en Zaragoza, se convoca para acoger en nuestra casa a todos aquellos que están y han estado implicados en las luchas del agua. A todos aquellos que habiéndose sacrificado con generosidad para conservar lo más importante hoy se ven criminalizados y reprimidos con brutalidad en muchos casos. El Foro quiere convertirse en altavoz de denuncia, espacio de información y de participación ciudadana, al tiempo que en ámbito de solidaridad y acogida. Los días del Foro serán también reivindicativos. No queremos ni podemos callarnos; y no puede ser de otra manera en organizaciones nacidas en la lucha por la defensa de los derechos más inalienables.M uchos de esos grandes proyectos hidráulicos, de las actividades contaminantes más agresivas y de los procesos de privatización de aguas en países en desarrollo, están siendo protagonizados por empresas Europeas, e incluso Españolas. Por ello los movimientos de afectados en esos países buscan en Zaragoza, y encontrarán en este Foro un espacio de información, de denuncia y de solidaridad frente a estas empresas, que venden en los países desarrollados imágenes corporativas bien diferentes.

 

Por la mañana tendrán lugar reuniones y encuentros entre los diversos movimientos en lucha, no sólo de nuestro entorno europeo, sino de todo el mundo, abordando cada día un área temática. Junto a los debates y encuentros se están organizando actos reivindicativos. Por la noche, la Plaza de San Bruno será el espacio ciudadano de la Nueva Cultura del Agua y, tras presentar las conclusiones del día, disfrutaremos, en compañía de amigos y amigas, los conciertos diarios que se han organizado gracias al apoyo desinteresado de los artistas y grupos que han comprometido sus actuaciones.

 

El Sábado tendrá lugar, en el Teatro Principal, un solemne y emotivo acto de homenaje a los pueblos que luchan en los múltiples conflictos de agua abiertos en todos los continentes. Con la participación de artistas, poetas, cantantes y personas de alto reconocimiento nacional e internacional, vinculadas en muchos casos a los movimientos altermundialistas, se rendirá un emotivo homenaje a los representantes invitados que vienen de Narmada (India), Tres Gargantas (China), Yacyretá (Argentina-Paraguay), Chixoy (Guatemala), La Parota (Méjico), Río Senegal (Senegal), Kariba (Mozambique), Mekong (Camboya), Cochabamba (Bolivia), Ilitsu (Kurdistán), Cajamarca (Perú), Alta (Noruega), Loira (Francia), Vajont (Italia), Klamath (EEUU). Junto a estas personas rendiremos también el merecido homenaje a las gentes que han luchado y luchan en nuestro país: Yesa, Biscarrués, Santaliestra, Jánovas, Delta del Ebro, Mularroya, El Val, Itoiz, Genal, Río Grande, Riaño, Castrovido, Ter, Bajo Júcar… entre otros. Por último, el domingo 6 de Julio, cerraremos este Foro con la gran fiesta reivindicativa de los ríos europeos: el Big Jump, el Gran Chapuzón, que se convoca cada año en preparación de la convocatoria fijada para que en 2015 (cuando la Directiva Marco de Aguas esté completada) cientos de miles de europeos se bañen a la misma hora en sus ríos, como espacios ciudadanos a recuperar.

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17/06/2008 08:28 Autor: juangavasa. #. Tema: El signo de los tiempos Hay 8 comentarios.

02/06/2008

Crímenes perfectos

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He recordado una canción de Andrés Calamaro al leer hoy el escalofriante reportaje que firman en El País R. Chisleanschi y A. Burgo sobre el treinta aniversario de la inauguracón del Mundial de fútbol de Argentina. Lo han titulado "El Mundial más tétrico", aunque bien pudieran haber tomado prestada la canción del cantante argentino. "Crímenes perfectos" trata en realidad del desamor y de corazones rotos, de los destrozos de la ruptura, de las simas que se abren en el alma cuando asoma la soledad. Es verdad que no hay crimen trazado con mayor frialdad que el del abandono. "Todo lo que termina, termina mal" canta Calamaro. Pero no le he evocado hoy por ello. En esa monumental balada hay una estrofa que retrata a toda a una generación de argentinos:

"Me parece que soy de la quinta que vio el mundial setenta y ocho, me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor".

Hace treinta años el mundo miraba a Argentina y un país entero ocultaba bajo la alfombra su terrible ignominia mientras se entregaba a sus futbolistas. Sólo durante la celebración de ese mundial desaparecieron más de 60 argentinos. La rutina del terror y la picana en la que estaba instalada la Junta Militar de Videla no paraba ni para celebrar los goles de Kempes, que probablemente son mis primeros recuerdos sólidos en una pantalla de televisión. 

Hoy no quería hablar de fútbol sino de ciclismo -mi verdadera pasión deportiva- y de Contador, ese excepcional ciclista que tiene la insolencia de Delgado, la sensatez de Indurain y el carácter de Amstrong. Pero no escribiré de ciclismo. Otro día será. "La moneda cayó por el lado de la soledad".

Claudio Morresi, actual secretario de Deportes del Gobierno argentino, tenía 16 años en 1978 y era un prometedor centrocampista de la cantera del Huracán. Dos años antes, el 23 de abril de 1976, la dictadura militar que llevaba un mes en el poder había secuestrado a su hermano mayor, Norberto, quien desde entonces permanece desaparecido. Morresi sabía que el 1 de junio, día inaugural de la Copa del Mundo, los integrantes de la Junta Militar que gobernaba el país estarían presentes en el estadio del River Plate. Incluso, que el presidente de la misma, Jorge Rafael Videla, daría un discurso. Pero el amor por el fútbol pudo más. Se abrigó bien para combatir la fría tarde invernal y se acomodó en las gradas junto a otros 75.000 espectadores. "Cuando habló Videla, me quedé de brazos cruzados, insultando para adentro", recordó. La gran mayoría, en cambio, aplaudió. Gritó "¡Argentina, Argentina!" y se sumó a la fiesta del Mundial más polémico y controvertido de la posguerra, una mezcla de fútbol y utilización política; celebrado en medio de una brutal represión cuya dimensión, sin embargo, muy pocos conocían. Alemania y Polonia disputaron aquel encuentro inaugural. Un triste empate sin goles.

Treinta años después resulta imposible deslindar lo que se pudo ver por televisión y por primera vez en colores desde las heladas canchas argentinas (1978 fue, hasta la fecha, el último Campeonato del Mundo jugado con camisetas de mangas largas) de lo que simultáneamente ocurría alrededor.

El Alemania-Polonia se jugó a la misma hora que en la plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, un grupo de mujeres caminaba en torno a la pirámide con pañuelos blancos en sus cabezas. La ronda se repetía desde hacía más de un año ante la indiferencia general, pero la televisión holandesa decidió emitir la imagen minutos antes de conectar con el estadio del River. Las Madres de Plaza de Mayo, que pedían por sus hijos secuestrados, recibían al fin difusión masiva en el exterior. Justo en el instante en que la Junta iniciaba su gran campaña propagandística.

Para los milicos que derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976, el Mundial fue un maná. Argentina había sido designada en 1964, cuando perdió con México la votación para organizar el torneo de 1970. Desde entonces apenas se habían designado las sedes y, en tiempos de Isabel y José López Rega, se diseñaron la mascota y el logotipo, que evocaba los brazos levantados de Juan Domingo Perón sosteniendo una pelota.

Recién asumido el poder, Videla, Agosti y, sobre todo, Emilio Massera, el marino de la Junta, tal vez el más feroz de los represores y, sin duda, el de mayor ambición política, vieron en el Mundial su gran escaparate. Se creó una sociedad organizadora, el EAM’78, y se estrecharon los lazos con la FIFA para asegurarse que nada haría cambiar la sede del torneo.

El general Omar Actis y el contralmirante Carlos Alberto Lacoste, mano derecha de Massera, fueron designados al frente del EAM. Pero Actis, contrario a los grandes dispendios y a las pretensiones de la FIFA de montar un sistema de televisión en color para retransmitir los partidos al resto del mundo, fue asesinado el 21 de agosto de 1976, dos días antes de presentar su modesto proyecto. Su lugar lo asumió el general Antonio Merlo, pero, en la realidad, Lacoste quedó al mando y bajo su tutela Argentina montó el Mundial más caro de la historia hasta entonces, con más de 700 millones de dólares de gasto legal y una suma imposible de calcular pagada en comisiones y prebendas. Con el retorno de la democracia, Lacoste sería acusado de administración fraudulenta y enriquecimiento ilícito e implicado en el asesinato de Actis, pero João Havelange, entonces presidente de la FIFA y cuya compañía de seguros fue beneficiada con el 25% de las pólizas durante el torneo, le mantuvo como vicepresidente del máximo organismo del fútbol hasta 1984.

Los militares siguieron secuestrando: según el libro La vergüenza de todos, del periodista Pablo Llonto, 63 personas desaparecieron durante los 25 días que duró el Mundial.

Con la segunda fase llegaron los mejores momentos de fútbol. Holanda y Alemania brindaron un vibrante 2-2; Brasil se pareció a sí mismo frente a Perú (3-0) y Polonia (3-1) con un deslumbrante Dirceu al mando; Austria se dio el gusto de eliminar a Alemania con Krankl en plan estrella (3-2), y Argentina encontró en Kempes el goleador que necesitaba. Un golazo de Haan desde fuera del área metió a Holanda en la final a costa de Italia (2-1) y el célebre 6-0 a Perú clasificó a Argentina para el partido decisivo. Esa noche, en el momento en que Luque marcaba el cuarto tanto, una bomba estalló en el domicilio de Juan Alemann, secretario de Hacienda y crítico acérrimo de los manejos económicos en torno al Mundial. Nunca se conoció a los autores.

La final se jugó el 25 de junio en el Monumental, de Buenos Aires. Argentina ganó por 3-1 en la prórroga, Havelange le permitió a Videla entregar el trofeo a Passarella, el capitán argentino, y Ernst Happel, el entrenador holandés, sugirió off the record que en las dos finales sucesivas perdidas por el equipo naranja (1974 y 1978) "el laboratorio lo manejaban nuestros rivales".

Millones de argentinos inundaron las calles celebrando el título. Entre ellos iba Graciela Daleo, detenida en el centro clandestino de la ESMA, a escasos 500 metros del estadio de la final. Sus carceleros pensaron que sería una buena idea que ella y otras compañeras pudieran ver la explosión de júbilo popular. Acabaron cenando juntos en un restaurante a las afueras de la ciudad.

Al día siguiente nacía Guido, hijo de Laura Carlotto, secuestrada en 1977 y asesinada poco después de dar a luz. Guido fue dado en adopción con otro nombre. Su abuela, Estela Carlotto, es la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, organización que ya ha recuperado a 87 niños de los cerca de 500 que se calcula nacieron en cautiverio, y continúa buscándole. Carlotto todavía recuerda sus reproches a los familiares que gritaban los goles argentinos de aquel Mundial.

02/06/2008 21:49 Autor: juangavasa. #. Tema: El signo de los tiempos Hay 1 comentario.

21/04/2008

País

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No sé qué méritos hay que reunir para ser Ministro de Defensa. No sé si es recomendable haber sido cabo furriel o alférez provisional en la mili. Quizá el mejor atributo es ser un cabronazo con pintas o tener una mala hostia considerable para que los uniformes no se te suban a la chepa. Desconozco qué galones tenía Narcis Serra, qué experiencia acumulaba Federico Trillo en el asunto castrense o cuáles eran las virtudes que supo ver Zapatero en Bono para mandarle al frente de las tropas. Sí que supimos con el tiempo de Trillo que, a parte de graciosillo, era un tipo pragmático y displicente con lo accesorio. No tuvo el menor escrúpulo en aprobar la falsificación de los restos de los militares fallecidos en el Yakolev 42 para acelerar los trámites y evitar engorros innecesarios a sus familiares. Todo un detallazo. Otro civil masculino que hizo carrera al frente de uno de los cuerpos de seguridad del estado fue el aragonés Luis Roldán. Lo suyo fue meteórico y digno de introducirse en esos manuales que desentrañan el dédalo que conduce al éxito rápido y seguro. Además él nos podía aportar una adenda extremadamente valiosa: qué hacer cuando te pillan.

Estos días este país que se llama España ha enseñado la patita. El nombramiento de Carme Chacón como Ministra de Defensa ha soliviantado a medio país, que no necesariamente coincide con el que suele votar al PP. Y esto es lo más desmoralizante. Que la derecha cavernícola y ultramontana se escandalice con que una mujer catalana y embarazada dirija al ejército se puede comprender y hasta cierto punto aceptar. A estas alturas no nos vamos a rasgar las vestiduras por estas naderías. Lo extraño probablemente es que lo hubieran recibido con entusiasmo patrio. Así que por ese lado la cosa ha resultado como se esperaba. Los más bestias han gritado un prietas las filas en defensa de los más rancios valores castrenses y los que tienen un puntito intelectual han resuelto su agravio echando mano de ese zafio humor español que huele a macho y cantina.  No sé qué es peor. A los primeros les alientan la indignación y a los segundos les ríen las gracias.

Lo más lamentable, comentaba, es que en una parte de la supuesta España civilizada el nombramiento tampoco ha sentado bien o, lo que es peor, no se ha entendido. Por lo tanto habrá que colegir que en el tema de la igualdad de sexos este país sigue por donde solía. Cosa que, por otro lado, no tenía duda alguna de que ocurría. Muchos amigos y conocidos con los que suelo coincidir casi siempre en lo que nos duele de España, me confesaban la semana pasada que no comprendían cómo era posible que una mujer sin experiencia pudiera dirigir al ejército.  La unánime declamación (de ahí mi sorpresa), apenas encontraba alivio en mis respuestas, quizá demasiado sincopadas y poco entusiastas.

Como cantaba Brassens, la música militar nunca me supo levantar y mi escaso brío patrio apenas tenía fuelle para defender algo que resulta tan obvio e indiscutible en un país democrático. Pero en España hay cosas sobre las que todavía es necesario hacer mucha pedagogía. En mi proverbial ingenuidad sigo otorgando gran importancia al valor de los símbolos en la política porque frecuentemente son el único resquicio por el que se cuela el antagonismo ideológico entre izquierda y derecha. Que sea mujer u hombre el Ministro de Defensa es algo que me da exactamente igual porque no debería de ser motivo de debate. Sólo debería trascender su cualificación para el cargo y que yo recuerde nunca antes se entabló tamaño debate nacional con sus antecesores. Se deduce que al ser hombres y haber hecho la mili ya estaban al tanto de todo lo que debía de saber un buen ministro.

A mí me gustó ver a Carme Chacón, “en su plenitud femenina” (esto creo que se lo oí a la conversa Pilar Rahola), pasando revista a las tropas españolas. No sé si está preparada o no para el cargo, de igual forma que nunca me preocupó si lo estuvieron los otros. Pero que los periódicos de medio mundo abran sus ediciones con la política embarazada pasando revista sólo puede ser recibido con sincero regocijo en un país que hasta no hace mucho era un inmenso cuartel. Paísss, que diría Forges.

21/04/2008 18:36 Autor: juangavasa. #. Tema: El signo de los tiempos Hay 1 comentario.

20/04/2008

A vueltas con los símbolos religiosos

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Reproduzco el artículo que publicaba en la edición de ayer de El País el historiador zaragozano Julián Casanova. Clarificador como siempre.

La Iglesia católica y el Estado español estuvieron atados durante mucho tiempo de nuestra historia contemporánea por estrechos lazos ceremoniales y el legado que de ello queda es todavía considerable. Se suele atribuir esa herencia a la larga época de privilegios institucionales que la Iglesia tuvo durante la dictadura de Franco, pero su origen y fundamentos básicos se encuentran en el sistema político de la Restauración borbónica. En realidad, sólo la Segunda República dio una batalla a esa presencia de manifestaciones religiosas en la sociedad civil. Durante el período de gestación de la democracia actual, los políticos no quisieron que ese tema turbase la necesaria estabilidad para llevar a cabo la transición e hicieron a la Iglesia católica importantes concesiones. Y aunque la Iglesia no es, treinta años después, una amenaza real para el régimen constitucional y la sociedad española es ahora mucho más diversa y plural, los símbolos de la religión católica todavía se exponen públicamente en algunas ceremonias políticas.

El artículo 11 de la Constitución de 1876, la de más larga duración de la historia de España, plasmó un reconocimiento explícito del catolicismo como religión oficial del Estado. Entre esa Constitución de 1876 y la proclamación de la Segunda República en abril de 1931, la Restauración borbónica presidió un auténtico renacimiento católico, tras los efectos de las desamortizaciones y de las revoluciones liberales del siglo XIX, y abrió nuevos caminos de poder e influencia social a la Iglesia. Los poderes políticos, con el rey a la cabeza, repartían honores a las instituciones eclesiásticas y los símbolos religiosos penetraron en todas las ceremonias de la administración civil y militar. De los primeros años del siglo XX procede el culto masivo a la Virgen del Pilar y al Corazón de Jesús, dos emblemas de la religiosidad popular española. Fue Alfonso XIII quien mandó erigir en 1919 el majestuoso monumento al Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles. Dos años antes, en 1917, el mismo monarca había declarado el 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, fiesta nacional, símbolo de la "hispanidad" y de la unidad católica.

Con la llegada de la República, se abrió un abismo entre dos mundos culturales antagónicos, el de los católicos practicantes y el de los anticlericales convencidos, y salió también a la luz una enconada lucha, de fuerte carga emocional, por los símbolos religiosos. La Marcha real, que durante la Monarquía se escuchaba en las misas oficiales en el momento de la consagración, pasó a considerarse una de las señas de identidad de la reacción, una provocación, igual que todas las manifestaciones religiosas. La retirada de los crucifijos en las escuelas provocó lloros en muchos pueblos de España. Otros protestaron por la supresión de las procesiones. Así de estrecha era la identificación entre el orden y la religión, la monarquía y la política autoritaria de derechas.

Esa simbiosis entre la religión y la política se consumó con la sublevación militar de julio de 1936 y antes de que la jerarquía de la Iglesia católica convirtiera oficialmente el asalto al poder en cruzada, las ceremonias político-religiosas se extendieron por toda la España controlada por los militares que se habían sublevado contra la República. Especial carga simbólica tuvieron los innumerables actos de "reposición" y "regreso" de los crucifijos a las escuelas en los comienzos de aquel curso escolar de 1936-37. La abolición de la legislación republicana y la reposición de la España tradicional se daban la mano con los niños como testigos. Tras la victoria de las tropas de Franco en abril de 1939, los ritos y las manifestaciones litúrgicas llenaron las calles de pueblos y ciudades. La Iglesia y la religión católica lo inundaron todo: la enseñanza, las costumbres, la administración y los centros de poder.

Cuando murió Franco, el 20 de noviembre de 1975, la Iglesia católica española ya no era el bloque monolítico que había apoyado la Cruzada y la venganza sangrienta de la posguerra. Pero el legado que le quedaba de esa época dorada de privilegios era, no obstante, impresionante en el sistema educativo, en los aparatos de propaganda, en los medios de comunicación y en la presencia de los ritos y símbolos religiosos en las ceremonias públicas.

A la democracia que siguió a la larga dictadura no le resultó fácil deshacer ese legado de fuertes vínculos entre el poder civil y el eclesiástico. Los acuerdos firmados desde 1976 a 1979 entre los primeros gobiernos de la transición, presididos por Adolfo Suárez, y el Vaticano, que tuvieron a la educación y a la protección de las finanzas de la Iglesia como principales focos de conflicto, determinaron el marco jurídico que la Iglesia católica iba a tener dentro del Estado democrático. La democracia y sus órganos de poder dieron a partir de ese momento a la Iglesia un trato exquisito. Nadie puso objeciones a que los ritos de la liturgia católica estuvieran presentes en los actos públicos de las nuevas instituciones democráticas

Aunque la Constitución de 1978 estableció que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", persisten en la actualidad ceremonias religioso-patrióticas a las que asiste el Jefe del Estado, el rey Juan Carlos I, como ya habían hecho antes su bisabuelo Alfonso XII, su abuelo Alfonso XIII y el general Franco; las autoridades políticas participan oficialmente en procesiones religiosas; la Iglesia católica nombra capellanes castrenses y profesores de religión, que paga el Estado; y el crucifijo preside todavía la toma de posesión de los ministros de la democracia. El peso del catolicismo como religión única está presente incluso en la reciente Ley de Memoria Histórica y en su intento por preservar las inscripciones de los mártires de la Cruzada en las iglesias. Un Estado constitucionalmente aconfesional sigue concediendo, en suma, un trato especial y privilegiado a la Iglesia católica, al que en absoluto tienen acceso los restantes credos religiosos.

La mayoría de esos ritos adquirieron un profundo carácter político en otros tiempos, cuando la Iglesia católica se consideraba fuente de verdad absoluta y el catolicismo como única religión de los españoles. Los ritos religiosos tienen un significado individual, cultural y social, se eligen de forma libre, pero no deberían estar presentes en la política de un Estado democrático y aconfesional. El lugar apropiado para esos símbolos es la iglesia, la de cada uno, y no el trabajo, la escuela o el espacio público.

En una sociedad plural, con diferentes religiones y muchos ciudadanos que no profesan ninguna, las instituciones públicas deberían permanecer al margen de la religión. Las sociedades caracterizadas por el pluralismo cultural están también marcadas por el pluralismo ritual y son el Estado y sus poderes quienes deben resolver los posibles conflictos. Cuando una de esas religiones anhela principios uniformes y niega la libre elección, lo que hace es desafiar a la Constitución y estimular el fundamentalismo, la antítesis de esta convivencia plural que estamos construyendo.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

20/04/2008 21:59 Autor: juangavasa. #. Tema: El signo de los tiempos No hay comentarios. Comentar.

13/04/2008

Republicanos

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El 14 de abril de 1931 España fue una fiesta. Lo sabemos por las fotos de Alfonso en Madrid, por las de Martín Chivite en Zaragoza, las de Centelles en Barcelona, las de De las Heras en Jaca… la primavera republicana iluminó a los españoles de esperanza y anhelos de regeneración y justicia. Si alguna vez este país se levantó unido por un entusiasmo colectivo, si la República fue alguna vez feliz e hizo feliz, lo fue aquella tarde del 14 de abril de 1931, cuando Alfonso XIII abandonó España y el gobierno provisional republicano asumió el poder.

            De un tiempo a esta parte se han multiplicado exponencialmente los Círculos Republicanos por todo el país. Es una buena noticia. El pudor conminatorio de la Transición y cierta amnesia provocada por un inconsciente y perdurable sentimiento de culpabilidad habían reducido el republicanismo español al ámbito íntimo y al universo de la izquierda desacomplejada.

            Han tenido que pasar tres décadas desde la muerte del dictador para que en este país se pueda hablar y vindicar la República sin la compañía habitual de un halo autoinculpatorio y furtivo. Si como decía Azaña la “República o es democrática o no lo es”, sigue siendo un misterio el perverso mecanismo de la mente humana que bloqueaba hasta no hace mucho la legítima defensa de esta tautología. La quiebra que ocasionó el franquismo en la cultura democrática de este país es posiblemente la principal razón de esta sinrazón. Y esos espesos y pegajosos polvos nos han dejados unos lodos que no  logramos quitarnos ni con agua hirviendo.

            Ahora se ha hecho habitual que los que nos sentimos republicanos reunamos nuestra fe en torno a una mesa y un mantel una vez al año. Sin duda, el republicanismo español todavía se conforma con muy poco, consecuencia a mi entender de un lacerante complejo de inferioridad que es necesario enterrar definitivamente para aspirar a una tercera república. Lo que comenzó siendo una vía de oxigenación democrática y la recuperación de un orgullo maldito, ha derivado en una impostada retórica de formas y gestos. Como escribió con malévola puntería cierto escritor, han proliferado en los últimos años los republicanos de mesa y mantel, que se visten con la tricolor una vez al año, gritan “salud y república”, se cagan en los borbones y en los curas y berrean el Himno de Riego en su popular versión anticlerical. El ardor republicano dura lo que dura la cena.

            Al día siguiente muchos de ellos vuelven a sus reuniones de cofradías, llevan a sus hijos a colegios católicos, explotan a los trabajadores inmigrantes, practican la xenofobia, cuestionan el exceso de libertad de la democracia, maldicen a catalanes y vascos, y matizan que no son monárquicos, que son “juancarlistas”. Algunos también se embarran en ese insólito placer de las conjuras políticas y cortesanas, tan propio de partitocracias y políticos de medio pelo.

            En una conferencia sobre la educación para la ciudadanía, José Miguel Sebastián se veía en la obligación de recordar que “la ciudadanía republicana es la disposición del ciudadano a comprometerse con la cosa pública” y que la democracia “no se limita a que los ciudadanos elijan a sus representantes cada cuatro años”. El republicanismo democrático incide, para Sebastián, en la búsqueda de fórmulas de democracia deliberativa “que permitan al ciudadano ser algo más que un mero elector, incentivando su participación en los asuntos públicos e introduciendo mayores exigencias de responsabilidad, transparencia y rendición de cuentas”.

            Tengo la fundada sospecha de que en España ese concepto cívico de naturaleza republicana es inexistente. Es lo que el filósofo Philip Pettit definía en su conocido libro “Republicansimo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno”, como la necesidad de “repensar las instituciones democráticas, desplazando la noción de consentimiento a favor de la disputabilidad”. Creo que hay una importante mayoría de ciudadanos que se encuentra más cómoda en su condición de súbditos usufructuarios del sistema de libertades.

            La asistencia a estas comidas me ha hecho llegar a otra conclusión igual de lamentable: la República es un concepto que se guarda en formol como la iglesia guarda los restos de un santo en una urna. Los expone una vez al año para agitar la fe de los fieles y alimentar el dogma. No conviene abrir debates porque se corre el riesgo de cuestionar la infabilidad. Estoy cansando y aburrido de que el aniversario de la República sólo se utilice para recordar la memoria de los fusilados en la Guerra Civil, llorar el drama del franquismo y denunciar los estragos de la represión. Todo este trabajo de historiadores e investigadores es fundamental, no hay duda, para recomponer la dignidad de este país y hacer justicia con los que no la tuvieron durante 40 años. Pero es llamativo que en el empeño del desagravio se caiga en el tremendo error de ratificar las tesis de la historiografía franquista de presentar la Guerra Civil y los cuarenta años de dictadura como la consecuencia directa del caos republicano, en una sucesión histórica indisoluble.

            Albergo la impresión de que algunos de los que promueven estas conferencias, mesas redondas y seminarios en el marco de la efemérides republicana no tienen el más mínimo interés de entablar debates actuales y pragmáticos sobre la vigencia y sentido del discurso republicano en los albores del siglo XXI. Y no lo tienen porque más de uno se vería retratado. Resulta muy placentero reivindicar la memoria de la Segunda República pero muy comprometedor trabajar por la Tercera en la búsqueda de la virtud cívica o, lo que es lo mismo, una ciudadanía que se autogobierne en lo público y en lo privado, en palabras de José Miguel Sebastián. Añoramos la nostalgia de lo que nos hubiera gustado ser pero sabemos complacidos que nunca nos veremos en la obligación de serlo.

            Aquél lejano 14 de abril de 1931 millones de españoles se echaron a las calles convencidos de que la nueva República iba a traer por fin el impulso necesario para regenerar, modernizar y culturizar el país. El golpe de estado de la cuadrilla de militares africanistas frenó ese ímpetu; pero a mi me gustaría que cada 14 de abril se reviviera de verdad el fervor republicano, que cada acto fuera una fiesta reivindicativa y no un coro de plañideras con la tricolor en la cabeza.

13/04/2008 15:23 Autor: juangavasa. #. Tema: El signo de los tiempos Hay 2 comentarios.


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