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Juan Gavasa

Fago

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A Fago le han estigmatizado para siempre. La repugnante serie que emite la televisión pública desde el pasado lunes ha vinculado definitivamente el nombre de la localidad pirenaica con las más tenebrosas pulsiones humanas. Una versión moderna del clásico Fuenteovejuna pero sin el matiz heroico y de justicia social de la obra de Lope de Vega. En este Fago televisivo todo huele a espectáculo inmoral. Sus responsables se desentienden de la polémica y aseguran que han querido hacer una historia de ficción a partir de un suceso real, lo que los ingleses llaman “faction”. Sólo les ha faltado decir que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y que los protagonistas son personajes creados por la imaginación del director.

            Detrás de este esperpento está el periodista Melchor Miralles, todo un experto en construir conjuras imposibles y escándalos mediáticos al abrigo de su padrino profesional; Pedro J. Ramírez. Por lo tanto, el resultado de este despropósito está en la línea de su conocidísima trayectoria profesional. Sus últimos y más llamativos capítulos se pueden encontrar en la serie por entregas que el diario El Mundo nos ofreció hace unos meses sobre los atentados del 11 M. En ella se disparaba munición sin discreción para intentar argumentar la insólita teoría según la cual, ETA, el PSOE, el gobierno de Marruecos, la Policía, un puñado de confidentes, seguramente el mismísimo Bin Laden y el Atlhetic de Bilbao se habían puesto de acuerdo para hacer los atentados con el fin de echar del poder al PP.

            De esta esquizofrenia periodística nacían perlas como la famosa cinta de la Orquesta Mondragón, transformada de repente en una credencial de la cooperativa vasca, que desde hace años se empeñan en vincular con ETA desde los medios más conservadores de Madrid. Cosas como ésta son fruto de esas investigaciones periodísticas tan al gusto de Miralles, siempre a marchamartillo caiga quien caiga.

Pues este Fago televisivo es primo hermano de los productos de la factoría Miralles. Se cogen cuatro datos verídicos, se revuelven con cuatro certezas de cosecha propia, se eliminan algunas verdades incomodas y todo se agita para que parezca lo que tiene que parecer. Mejor dicho; lo que nos interesa que parezca. El morbo ante todo.

Que existía y existe un conflicto entre los vecinos de Fago es una evidencia. Que supuestamente uno de esos vecinos asesinó al alcalde parece otra evidencia. Que el alcalde tenía problemas con parte del pueblo es otra prueba. Que lo que pasaba en Fago es la historia eterna de desencuentros en el endogámico mundo rural es algo que sabe todo el que tiene relación con cualquier pueblo de este país. Pero nada de eso tiene que ver con el planteamiento tendencioso de la serie, teledirigido desde la primera escena para contextualizar el asesinato y, de paso, implicar implícitamente a la mitad del pueblo en su ejecución.

La serie televisiva es un insulto a la inteligencia y un mediocre trabajo profesional. Actores  de registro plano, biotipos convenientemente enfatizados, lugares comunes y un mejunje de hechos verídicos y otros completamente falsos componen este bodrio infame producido a mayor gloria del share. La escena final de la pelea entre los dos bloques en mitad de la plaza es sencillamente una desfachatez. Nunca ocurrió pero los cerca de cuatro millones de espectadores que la vieron difícilmente podrán desligarse ya de una idea que sobrevuela toda la serie: en el Pirineo hay pueblos en los que mejor no acercarse.

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4 comentarios

Juan -

Tú lo has dicho; qué barbaridad. Esta Semana Santa comentaban que Fago se había vuelto a ver inundado por una legión de turistas movidos por el morbo de conocer "el escenario del crimen". Lamentable.

José Luis -

Todo parece una muestra más de la categoría ética que representa nuestra sociedad. Y lo que es peor, de las personas con capacidad de influencia.

Fago es un pueblo encantador, tan maravilloso como el lugar en que se encuentra.

Qué barbaridad.

Un saludo.

Jorge -

Me indignó el primer capítulo. Iba a escribir sobre ello, pero tras haberte leído me es suficiente. Has dicho lo que había que decir.

obispo de binacua -

¿Cuatro millones? He leído la crítica de La Vanguardia y decía que era mala de solemnidad. ¿Se rodó en Fago?
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