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Let's Get Lost

30/09/2009 12:10 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 1 comentario.

Minutos musicales

Curtis Mayfield. Freddies Dead

24/09/2009 18:40 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Chet Baker

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No era fácil seguir los pasos por el mundo de Chet Baker, aunque lo realmente difícil era no querer estar a su lado. Trompetista desdentado con voz de ángel, yonqui errante amante de los coches caros y las mujeres bellas, Chet Baker era un mito escurridizo. Le perseguían demasiadas leyendas, algunas gloriosas, otras innombrables. A mediados de los años ochenta Bruce Weber -ya entonces convertido en uno de los mejores fotógrafos de moda del mundo- fue a retratarle para incluir al músico en una exposición que preparaba para el Whitney Museum. Aquella sesión se convirtió en un viaje de más de dos años y en una película, Let?s get lost. Uno de los documentales más hermosos de los que hay noticia, un genial retrato en blanco y negro nacido de la fascinación por un hombre con el que era demasiado fácil perderse.

Weber presentará mañana en La Casa Encendida de Madrid aquella película, que se estrena por primera vez, 22 años después, en salas comerciales españolas el viernes. Además, un ciclo recuperará su singular filmografía. "Es inevitable, mis películas nacen de la fotografía, es una limitación pero también me permite una libertad extraña. No me atengo a las reglas del cine, en realidad no hay reglas, no son canciones pop o de rock&roll con principio y fin. Son como el jazz, nunca sabes a donde te va a llevar", explica el fotógrafo desde su casa de Nueva York.

Let?s get lost es en realidad el segundo filme de una trilogía que empezó con Broken noses y que se cerrará con el documental que sobre Robert Mitchum mantiene inédito. "Va de tipos duros, sobre hombres como aquellos que conocí de niño en la granja donde me crié. Llevamos años con la película de Bob [Mitchum] pero nos ocurre lo mismo que con la de Chet. A nadie le interesa. Demasiado dinero para ¡un musical de Robert Mitchum!".

Weber recuerda que el actor aceptó hacer la película después de ver Let's get lost y después de varios años de rondar Weber por su puerta. "Era un tipo duro de verdad, y un terrible pesimista, siempre de mal humor, tenía una voz maravillosa pero él se enfadaba si se lo decías. Me recordaba tanto a aquellos hombres mayores de mi familia. No había ninguna mujer que después de conocerle no quisiera saber más de él al día siguiente. Le gustaban las mujeres y los dulces, y yo solía pasarme por su casa de Santa Bárbara a saludarle con una tarta y acompañado de Christy Turlington, o de otras modelos... ¡Y claro, así me fue tomando simpatía!"

Let?s get lost se terminó en 1987, unos meses después de que la vida de Chet Baker se precipitara desde una ventana de un hotel de Ámsterdam. "Estábamos en la sala de montaje cuando nos llegó la noticia. Durante varios días no pudimos volver al estudio. Luego seguimos, sin hablar, sin comentar lo ocurrido, pensando en la belleza que Chet nos había regalado. No teníamos idea de si lo que habíamos hecho era bueno, malo o regular, nadie apostaba un duro por nosotros. Pero seguimos adelante".

Para Weber la enorme capacidad de seducción de Chet Baker nacía de su "inocencia". "No podías dejarle pasar, querías vivir a su lado". La extraña inocencia de un hombre que asegura que el día más feliz de su vida fue cuando se compró su Alfa Romeo S.S y que el peor fue aquél en el que perdió a golpes todos los dientes. "De todas sus historias, falsas o reales, la de su dentadura siempre fue la más terrible e incómoda". Le arrancaron una a una las piezas de su boca en un ajuste de cuentas del que nunca contó toda la verdad. Durante seis meses Baker fue incapaz de coger la trompeta y aquel incidente abrió la mayor grieta en su carrera musical. Tres años en la cuneta, hasta que Dizzie Gillispie volvió a llamarle para que actuara en Nueva York.

El Chet Baker de Let's get lost ya no es el joven James Dean del jazz de las fotografías de William Claxton pero en toda la película no hay un asomo de sordidez. "Suelen preguntarme donde está la belleza y yo nunca sé muy bien qué responder. Yo siempre veo belleza a mi alrededor, quizá ese es mi don. Hace años Larry Clark, el director de la maravillosa Kids, me dijo algo que nunca he olvidado, que él nunca se permitía reírse de nadie. Me gustó esa idea y desde entonces la hice mía. No sé qué es la belleza, sé qué es el respeto".

 

Elsa Fernández-Santos en El País.

15/09/2009 09:26 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

El planeta del pop "glocal"

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Carlos Galilea en El País (24/08/09)

La cadena Borders pide a Barack Obama una lista de cinco obras para ver, leer o escuchar: el presidente incluye Kulanjan, un magnífico disco de Taj Mahal y Toumani Diabaté de 1999. Doce años antes de esa grabación de un guitarrista de blues residente en Hawai y de un maestro africano de la kora, se citaron en un local de Londres responsables de varias discográficas independientes británicas. Su problema: llegaban discos de las más insospechadas procedencias y no sabían cómo colocarlos en las tiendas. Y buscaron un término que pudiera servir para identificar todo aquel material. Nacía la world music: "Nuevos sonidos para una cultura aburrida", dijo el productor Joe Boyd.

Conviene situarse: el presidente de EE UU era entonces Ronald Reagan. Faltaban un par de años para la primera web y algunos más para que comenzara el intercambio de ficheros musicales entre ordenadores. David Byrne, conocido por redescubrir a un grupo psicodélico como Os Mutantes o rescatar a Tom Zé, sorprendió al escribir un artículo titulado Odio la world music. Para él, la expresión era "el modo de despreciar a los artistas encajando sus músicas en una categoría exótica, y muy cómoda, porque lo exótico es hermoso, pero insignificante. Así se apoya la idea de que ellos no son como nosotros".Los encuentros entre músicos de distintos continentes no han dejado de producirse desde tiempos remotos. Sin ir más lejos, George Harrison se enamoró del sitar y viajó a India; Ginger Baker fue a Nigeria para iniciarse en los tambores yorubas y los Stones quedaron fascinados por músicos de Jajouka durante sus excursiones por Marruecos. Encuentros desde el respeto entre iguales o simple pillaje de materias primas. Ejemplo reciente de lo primero, la complicidad del grupo británico The Heliocentrics con el multiinstrumentista Mulatu Astatke, que vivió los años gloriosos de la capital de Etiopía, cuando se la conocía como Swinging Addis por su intensa vida nocturna. De los saqueos...

El Gobierno británico ha declarado que no se necesitan ya músicos extranjeros en Reino Unido. Como respuesta, Damon Albarn organiza los conciertos de Africa Express en Londres, Liverpool o Glastonbury, pero también en Bamako y Lagos. Franz Ferdinand actúa con el senegalés Baaba Maal y el maliense Bassekou Kouyaté, y Johnny Marr, guitarrista de los Smiths, toca con los ciegos Amadou y Mariam. Con The Good, The Bad and The Queen, acompañando a Damon Albarn, Paul Simonon y Simon Tong, está el nigeriano Tony Allen, al que Albarn homenajeó en una canción de Blur y de cuya batería decía Fela Kuti que valía por cuatro.

La apertura sonora, además del supuesto interés por otras culturas, una salida para una industria y un pop anglosajón exangüe, situó en el mapa a figuras como Mariza, Cesaria Evora, Khaled, Youssou N'Dour... Y siguen produciéndose descubrimientos estimulantes como el de esa improbable banda de parapléjicos que se mueven por las calles de Kinshasa en bicicletas motorizadas (Staff Benda Bilili). Signo de los tiempos, a los angoleños de Konono Nº1, con sus likembés -pianos de pulgar- distorsionados, o a Buraka Som Sistema, con su sexual kuduro (literalmente, culo duro) -ritmo llevado de los guetos de Luanda a Lisboa-, no sólo los programan ya en España festivales como La Mar de Músicas o Pirineos Sur sino también el Sónar.

Hace meses la revista neoyorquina The Fader dedicó su portada a The Very Best, grupo que forman en Londres un cantante nacido en Malawi, Esau Mwamwaya, y Radioclit, dúo parisiense y sueco de dj y productores. Mwamwaya sobrevivía en un barrio del este de la capital con una tiendecita de objetos de segunda mano a la que acudieron Radioclit. Y New Musical Express encabeza su artículo sobre ellos con una frase reveladora: "Todo el mundo habla de cómo la world music, por primera vez, está siendo cool".

También en Londres se dio a conocer la multifacética Maya Arulpragasam, hija de un revolucionario tamil, que desembarcó en Gran Bretaña con 10 años sin hablar inglés. Su nombre artístico, M.I.A., vendría tanto de missing in action (desaparecida en combate) como de missing in Acton, por el barrio londinense donde creció. Supo sacarle partido a una red de socialización como MySpace y asegura que para ser hoy artista basta con estar alerta y saber reciclar. "Estás expuesto a todo. Soy una máquina de mezclas ambulante", decía en The Observer. Gente como M.I.A., su amiga Santogold o Diplo -que suele grabar en Río de Janeiro y se siente cómodo con grupos como Bonde do Role- permiten hablar de una orgía entre hip-hop, drum and bass, dancehall jamaicano, funk carioca, grime londinense, cumbia porteña, kwaito surafricano o coupé-décalé costamarfileño. Para una juventud urbana, y mezclada, 2.0.

En el recopilatorio del 21º aniversario del sello de David Byrne se afirma que el universo de la música indie se ha movido hacia lo que hace Luaka Bop. La etiqueta world music parece ir dejando paso a una realidad que se percibe más compleja. Lo anticipó Gilberto Gil en 1993: "Los mercaderes del ritmo partieron con sus nuevas caravanas, transportadas por neonavegaciones, vía películas, radio, disco y televisión, satélites y ordenadores, y en los últimos 50 años establecieron un intenso tráfico musical entre las últimas fronteras del planeta y el centro euroamericano, creando una música del mundo industrial que va mucho más allá de la world music".

Para británicos y estadounidenses, world music era toda la que no hacían ellos. Colonialismo: una forma de reafirmar la hegemonía de la cultura pop occidental y el dominio aplastante de la música anglosajona. Hoy, todo, o casi todo, está al alcance de unos movimientos de ratón y en una pantalla. El planeta parece haber encogido y, a través de Internet, se reformulan las músicas del mundo. La revista suiza Vibrations ha acuñado el término "antropopfágico" para estos inicios del siglo XXI. Pop glocal: global con influencias locales. La nueva world music sería un laboratorio de intensos y amplios intercambios que modela estéticas y sensibilidades musicales aún por venir. Gil decía que es "una paradoja contemporánea: un mundo heideggeriano, donde todos somos víctimas y verdugos, controlados y controladores. Sin darnos cuenta de eso, trabajamos para la unidad del planeta y, viceversa, para el crecimiento y proliferación de la diversidad local. Pertenecemos al mundo y el mundo nos pertenece, formamos parte de todo y estamos en todas partes".

24/08/2009 09:11 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Minutos Musicales II

Marcus Miller. Power

14/08/2009 10:04 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Titiriteros

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Pirineos Sur cerró este domingo su decimoctava edición pensando en el futuro. El fin de fiesta corrió a cargo de la compañía aragonesa Titiriteros de Binéfar, que presentó en directo su nuevo disco “Es un pañuelo”. Cerca de 1.000 personas –la mayoría niños acompañados de sus padres-, disfrutaron de lo lindo bajo un sol de justicia de un espectáculo trabajado y ensayado a conciencia. Paco Paricio y Pilar Amorós llevan tres décadas haciendo disfrutar a los más pequeños, saben cuáles son los códigos que utilizan los chavales, conocen sus gustos y lo que les entusiasma. Tienen una envidiable habilidad para conectar con ellos y transmitirles la pasión por la música y el teatro. Titiriteros son especialistas en conseguir que los niños esbocen una sonrisa y compartan con sus padres un momento que en realidad es tanto de los pequeños como de los mayores. El espectáculo que presentaron en Pirineos Sur así lo demostró.

La decisión de cerrar esta edición con un espectáculo de corte familiar tiene una doble vertiente: por un lado se amplía la oferta cultural para que pueda sentirse identificado todo el mundo, y por otro se sientan las bases para que los ahora niños sean en unos años nuevos espectadores de los conciertos de Pirineos Sur. Este domingo daba gusto ver disfrutar a los más pequeños en el flamante auditorio de Lanuza, un escenario que ha dado probada muestra de sus enormes posibilidades y de su indudable versatilidad.

Titiriteros de Binéfar repasaron durante casi dos horas todas las canciones de su nuevo disco, un concienzudo trabajo que recoge canciones infantiles tradicionales y otras de nueva creación. Los Titiriteros han rescatado incluso temas de México o Argentina, y en el concierto de Lanuza incorporaron además como grupo invitado a la compañía colombiana “Teatro Comunidad”. El escenario se quedó evidentemente pequeño para acoger todo el montaje del grupo, en el que sobresalía el teatro para los espectaculares y bellos títeres, construidos especialmente para las dimensiones del auditorio tensino. A lo largo de la actuación pasaron más de 30 personas, una puesta en escena tan formidable como las que nos tiene acostumbrados el grupo binefarense. Hubo grandes momentos durante la actuación; el más emotivo probablemente fue el que protagonizó el coro de niños de la Escuela Pública de Binéfar.

Como suele ser habitual en los espectáculos de Titiriteros, el público acabó formando parte del mismo contagiado por el espíritu de torrencial alegría y optimismo que destilan los artistas. Grandes figuras animales irrumpieron en escena mientras desde las gradas varios figurantes manejaban originales elementos que prolongaban el escenario hasta el último rincón del auditorio. El espectáculo en estado puro. Eran las múltiples sorpresas que el grupo ya había anunciado el día anterior, incluidas las tracas y los globos que transportaron por el límpido cielo del Valle de Tena (esta vez sí), a algunos de los títeres. Imaginación a raudales, colorido y alegría sin límite. Una gran producción de Titiriteros que seguro tendrá largo recorrido una vez presentada en Pirineos Sur. 

28/07/2009 17:05 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Así habló Eumir Deodato

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El profeta Zaratustra vivía recluido en la montaña y cuando consideró que el momento había llegado, decidió abandonar su retiro y divulgar al mundo toda su sabiduría. Eumir Deodato no atesora las virtudes del superhombre que refirió Nietzsche en su universal obra “Así habló Zaratustra”, pero su concierto del viernes en Pirineos Sur, el primero que ofrece en España aunque parezca sorprendente, fue algo así como una epifanía en medio de las montañas, el anuncio de que el veterano compositor todavía tenía cosas que mostrar a la humanidad. Deodato se hizo inmensamente famoso a principios de los años 70 del pasado siglo por hacer una versión funk de la obra de Richard Strauss “Also Sprach Zarathustra”, inspirada en el texto del filósofo alemán. El tema se incorporó a la banda sonora original de “2001. Odisea en el espacio” y derivó en una confusión legendaria según la cual no fue Strauss sino el propio Deodato el autor de la pieza original.

Entre leyendas urbanas y una fama repentina, el compositor brasileño desapareció de la primera línea de la fama musical demasiado pronto y descendió a las galeras de la composición, donde el talento sólo se reconoce cuando se lleva un micrófono entre manos. Por eso Eumir Deodato es un perfecto desconocido para las nuevas generaciones, ajenas a su primoroso caudal compositivo, a la ingente capacidad creativa que le ha permitido trabajar con los mejores: Frank Sinatra, George Benson, Stanley Clark, Antonio Carlos Jobin, Aretha Franklin… Hasta la fecha, Deodato ha recopilado 16 discos de platino (como artista, compositor y arreglista), y ha vendido sólo en Estados Unidos, 25 millones de discos. Su discografía completa, en la que se incluye todas sus facetas musicales, supera los 450 discos y su álbum de debut, el maravilloso “Prelude” (1973), logró vender cinco millones de copias, otorgándole, además, su primer Grammy. Unas cifras demoledoras que exigen una reverencia ante el artista.

El viernes en Pirineos Sur Eumir Deodato puso sobre el escenario todo el peso de su leyenda. Acompañado de una formidable banda en la que sobresalía la sección de vientos (Piero Odorici, saxofón, y Daniele Giardina, trompeta), el músico brasileño dirigió desde el piano un concierto con efervescencias sicodélicas y nostalgia “setentera”. El jazz, el funk y el pop fueron en esa época la argamasa de una forma de hacer música que respondía con ampulosidad a la decadencia del verano del amor. Deodato fue considerado en aquellos años un verdadero maestro, un tipo que supo entender que los vigorosos arreglos orquestales y las producciones ostentosas eran el signo de los tiempos. Ayer eligió para finalizar su concierto –demasiado breve para todos-, un clásico de Steely Dan (otros maestros de las producciones orquestales), “Do it again”. No fue casualidad. Fueron los 70 años gloriosos años en los que la cultura musical se forjaba por igual en un disco, en una discoteca, en un concierto o en la sintonía de una serie de televisión norteamericana. Por eso ayer fue muy recurrente un comentario entre el público: “suena a sintonía de serie de televisión”, un reconocimiento inconsciente de la influencia que tuvieron músicos maravillosos como Deodato en la conformación de nuestra cultura musical.

La noche de Pirineos Sur presentaba como nombre genérico “Lusofonías”. Brasil se había presentado en el Auditorio de Lanuza con una versión poco convencional, si nos ceñimos a los erróneos patrones tradicionales que vinculan exclusivamente la música del país con la Bossa. La otra pata de la propuesta musical la aportaba la gran diva portuguesa nacida en Mozambique, Mariza. La enigmática fadista es ya una estrella universal que se pasea como tal por los escenarios; con una pose y una elegancia al alcance tan solo de una clase de mujeres que tiene en el gesto la sensualidad y en la voz un arma maravillosamente seductora. A Mariza ya la han situado al nivel de otras grandes divas como Edith Piaff o Ella Fitgerald. Todo es cuestión de matices y perspectivas pero no hay duda de que es la gran heredera de Amália Rodrigues, la más grande fadista de todos los tiempos.

En la noche del viernes en Pirineos Sur realizó un concierto impecable, un calificativo que de tanto usarse puede transmitir la sensación de abaratamiento. No es el caso. Impecable quiere decir magistral. Mariza domina los infinitos registros de su portentosa voz con sabiduría y profesionalidad; sabe que el público espera encontrar en los directos una versión aproximada de lo que escucha en sus discos. No se pierde en requiebros efectistas ni incita a sus músicos a desvaríos sonoros que siempre se acaban justificando por la incierta inspiración del directo. Lo que Mariza ofrece es un formato sobrio y metódico, envuelto de ternura y delicadeza, una valiosa joya vocal que tiene el tacto del terciopelo. Melancolía y dulzura por partes iguales y el soporte de unos músicos que deambulan entre pequeños brotes de inspiración jazz y la estructura tradicional que alimenta el fado, concebida para no restar ni un ápice de protagonismo a la gran y única estrella. Ayer fue Mariza y el mejor instrumento fue su voz.

25/07/2009 19:12 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 5 comentarios.

Dirty Dozen

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Los componentes de “Dirty Dozen Brass Band” habían disertado sobre las raíces de la música de Nueva Orleans en la rueda de prensa ofrecida a los medios de comunicación acreditados en Pirineos Sur. Cercanos y divertidos, hablaron de las múltiples influencias de su música, tantas como los gustos individuales de sus componentes y como las culturas que arribaron en su ciudad a lo largo de la historia. 

Franceses, españoles y británicos se la repartieron durante siglos y ellos supieron hacer de la necesidad virtud para apropiarse de lo mejor que tenían los colonizadores de turno. Así se explica el magma de sonidos y estilos que han nacido en Nueva Orleans y la primorosa versatilidad de sus músicos, auténticos talentos que transitan con naturalidad desde el jazz hasta el funky, pasando por el cajun, el zideco, el pop e incluso el rock.

La noche del sábado los “Dirty Dozen Brass Band” volvieron a demostrar que en el ADN de los ciudadanos de Nueva Orleans existe una extraña molécula que activa unos sentidos especiales para hacer música. Lo decían ellos mismos; en la ciudad del Mississippi cualquier niño de cinco años ya sabe tocar un instrumento.

Ellos tienen unos cuantos más y al talento han unido una experiencia formidable, que les permite engrasar sobre el escenario una maquinaria perfecta que desprende un sonido tan contundente como demoledor. En el pantano de Lanuza estuvieron el sábado los espíritus de Louis Amstrong, Fats Dominó Marvin Gaye e incluso el recientemente fallecido Michael Jackson, al que dedicaron el último tema. “Dirty Dozen Brass Band” no hace honor a su nombre; sencillamente porque son mucho más que una brass band. En realidad lo que ofrecieron en Lanuza fue un concierto de funky en toda regla sazonado con pequeñas dosis de jazz tradicional. Un homenaje a Nueva Orleans con todo lo que tiene que tener un buen fiestorro: músicos talentosos, sentido del espectáculo, tablas sobre el escenario y una pasión intacta que hace que cada concierto parezca que vaya a ser el último.

Foto de Pilar Hurtado

12/07/2009 15:32 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Marianne Faithfull

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A Marianne Faithfull le turba el peso de su leyenda. A estas alturas la vida le ha dejado una voz rota y unas cuantas cuentas pendientes con el pasado. Icono de la música popular inglesa, novia de Mick Jagger y letrista de los Rolling Stones, actriz y musa sexual de una generación que roza los sesenta; Marianne ha sido una mujer etiquetada desde que a los 17 años fuera descubierta por un productor en un café londinense. Luego ella optó por vivir la vida desde el lado más turbulento posible, coqueteando de forma retadora con las drogas hasta alcanzar un pacto de no agresión: nos necesitamos así que vamos a llevarnos bien. Y el pacto sigue vigente después de tantos años, como esos matrimonios que mantienen la impostura porque sospechan que fuera de la rutina hace demasiado frío.

La diva salió al escenario de Pirineos Sur y comenzó a moverse con su familiar descoordinación, tan sutil y seductora. “Times Square” abrió una noche inolvidable, a la altura de su misterio legendario. Hacía mucho frío en el flamante nuevo auditorio de Lanuza. La Faithfull guardó el corpiño que había lucido la noche anterior en “La Mar de Músicas” y se embutió en un traje de chaqueta negro que enfatizaba su elegancia contenida; entre una vieja estrella de country y una sofisticada dama de la alta burguesía londinense.

El formidable septeto que la acompañaba desplegó toda su capacidad sonora para envolver los desgarros de su voz arrastrada, encogidos a veces en un tono intimista y exuberantes y altivos cuando elevaba las notas. Una magistral lección de interpretación de quien está de vuelta de todo y sabe que la redención no es posible. Su voz es su leyenda y sus letras una confesión en toda regla. Marianne Faithfull interpretó temas de su vigésimo y último trabajo, “Easy come, easy go”, un álbum de versiones con destacadas colaboraciones como las de Keith Richards, Nick Cave, Rufus Wainwright o Morrisey. “Broken English”, “La balada de Lucy Jordan”, “Sing me” o “Sister morphine” sonaron magistralmente en un auditorio que apenas alcanzó los mil espectadores. Una pena.

Pirineos Sur celebró su mayoría de edad con un concierto magnífico que seguramente quedará en el recuerdo como uno de los mejores de la historia del Festival. Habituado a una programación con una notoria carga étnica, la apuesta por un mito anglosajón abre nuevas vías en el concepto artístico del Festival y puede atraer nuevos públicos, aunque todos los cambios –como las revoluciones-, necesiten de pedagogía y tenacidad. Ayer fue el primer intento. Habrá más.

11/07/2009 15:15 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Michael Jackson

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Quería dejar pasar unos días para escribir de Michael Jackson. Esperaba que su muerte se convirtiera en un macabro suceso en manos de quienes se solazan en el fango del vecino. Así ha sido. Todos los medios de comunicación se han lanzado estos días a publicar extensísimos y documentados suplementos en los que se revisa con detalle la penosa vida de Jackson. En el más mediocre de los ejercicios periodísticos posibles, se ha puesto el acento en los turbios episodios de su vida y se ha dejado en un plano inferior la maravillosa aportación que realizó a la historia de la música. Tendrán que pasar unos cuantos años para que se alcance a comprender la dimensión de su muerte y el valor de su legado. Las torpes urgencias del periodismo amarillo han yuxtapuesto la vida íntima del artista con la trascendencia de su obra. Es cierto que la proyección pública de un personaje como Michael Jackson hizo inevitable que en ocasiones se confundiera su vida íntima con la ficción del escenario. Pero en este caso, más que en ningún otro, el cantante que se encerraba en sus demonios infantiles nada tenía que ver con el que se proclamaba poderoso sobre el escenario como el rey del pop. Su música y su carisma no fueron consecuencia de sus tormentos; más bien el arte fue la salida natural al infierno de su insatisfacción eterna. La música era la máscara, no el espejo.

                Nunca me atreví a juzgar a Michael Jackson más allá de sus discos. No me interesaba. Me entusiasma el trabajo de muchos tipos que probablemente en la intimidad son unos verdaderos estúpidos. Siempre me pareció ridículo el ego infantil de Prince, pero le considero uno de los artistas más brillantes del último tercio del siglo XX. Me importaron poco las incursiones en la India de algunos de los Beatles y me siguen resultando divertidas por absurdas las leyendas sobre los periódicos cambios de sangre de Mick Jagger. Que hagan lo que les de la gana, pero que compongan buena música. No les pido nada más. No tengo derecho a exigirles nada más.

                Michel Jackson fue el primer artista global de la historia de la música. La fama de Elvis Presley no pasó de Estados Unidos y la Europa occidental. Los Beatles se separaron bastante antes de que llegara la cultura audiovisual y Frank Sinatra fue tan sólo el cantante de cabecera del mundo anglosajón. Jackson fue el único que logró en vida conquistar los cinco continentes y convertirse en un icono universal de la música, en la figura que representaba todo el caudal creativo de finales del siglo XX. Nunca antes un artista construyó una personalidad tan arrolladora, diferente y fascinante. La efigie de Michael Jackson puede ser utilizada perfectamente para resumir toda una etapa de la historia de la humanidad. Él representó la modernidad, el final de la guerra fría, la revolución musical de la era digital y una nueva forma de entender la industria discográfica basada en el poder de la imagen. Creo que la historia le situará a la altura de Elvis y de los Beatles.

                Hay una clase de críticos musicales que nunca pudo digerir la fuerza comercial de su música. No le perdonaron sus ventas millonarias, las veleidades horteras de su estética y la atormentada deriva de su vida. Era una clase de críticos acomplejada y menguada, demasiado frustrada para reconocer el talento alejado de discos de rock clásico estructurados en torno a austeras guitarras. Lo que ofrecía Michael Jackson era suntuoso y sobrecargado, un alambicado retablo rococó de sonidos, samplers y voces que fascinaba tanto como irritaba. A ello se unía una puesta en escena grandiosa -nada que ver con lo que se había visto hasta entonces en toda la historia de la música-, y una coreografía asombrosa que influyó directamente en la naciente cultura break. En ese aspecto, Michael también fue un verdadero revolucionario.

Estamos hablando de finales de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo. Michael Jackson se había desprendido de las cadenas que le ataban (en el sentido literal de la palabra), a la factoría Motown del inefable Berry Gordy –la llamaban ilustrativamente “la plantación”-. Junto con sus cuatro hermanos había triunfado en los años anteriores con los Jackson 5, un juguete que dio pingües beneficios a Gordy en la misma medida que sirvió para destrozar la infancia y la autoestima del pequeño Michael. Hoy ya no hay duda de que aquellos años de explotación y férrea disciplina paterna moldearon la frágil personalidad del artista y contribuyeron a construir su universo maldito de miedos, inseguridades, desafectos e infelicidad.

Michael fichó por Epic y de la mano del mítico Quincy Jones grabó en 1979 “Off the wall”, un disco clave en la historia de la música pop y, para muchos, el mejor de su carrera. Jones le diseñó una lujosa producción, soberbia y sofisticada. Su responsabilidad en el nuevo sonido de Michael puede compararse a la que tuvo Phil Spector en las últimas grabaciones de los Beatles. La música disco entraba en barrena con el agotamiento por sobreexplotación de muchas de las estrellas de la Motown, y la dimisión por sobreexposición de algunos nombres que habían exprimido al máximo los años de gloria de las discotecas. Isaac Hayes, Earth, Wind and Fire, James Brown, Al Green, Curtis Mayfield, Sly Stone and the family, Stevie Wonder… todos eran artistas en franca recesión y la música de color necesitaba un revulsivo inmediato. Michael irrumpió con “Off the wall” y todo cambió.

Tres años más tarde llegó “Thriller” y lo que ocurrió a partir de entonces ya forma parte de la historia de la música, está escrito en los libros. “Billie Jean” primero y después “Thriller” convirtieron el álbum producido nuevamente por Quincy Jones en un verdadero fenómeno social en todo el mundo. El disco fue grabado en diversas pistas y montado posteriormente en estudio con todos los inconvenientes de la incipiente técnica digital. Sin embargo el meticuloso Jones logró construir una atmósfera sonora impecable y maravillosa, en la que todas las voces e instrumentos se ensamblaban con la delicadeza de un orfebre. El erudito crítico musical oscense Luis Lles afirma desde hace años que “Thriller” es el mejor disco de la historia. Yo no me atrevería a afirmaciones tan rotundas pero no tengo ninguna duda de que se trata de uno de los mejores. Por el conjunto de canciones que encierra, por la magia de su sonido y por el carácter revolucionario de su estrategia promocional es evidente que estamos ante uno de los discos más influyentes de la historia.

 

Con “Thriller” se instaló definitivamente en la industria musical una forma de hacer las cosas que todavía hoy, en plena era de las descargas por internet, sigue vigente. El vídeo de “Thriller” dio alas a un dubitativo proyecto empresarial: la MTV. El corto de 13 minutos que dirigió John Landis con la participación de Vincent Price obligó a todas las discográficas a echar el resto en la producción de los videoclips de sus estrellas. Sin “Thriller” probablemente las cosas hubieran sido bien distintas. Los detractores de Michael Jackson suelen criticar su endeble propuesta musical, la levedad de sus baladas y la almibarada comercialidad de sus canciones. No aprecian que, en realidad, Michael era un adelantado a su tiempo en muchos aspectos y un verdadero visionario de las tendencias musicales en ciernes. En “Thriller” hacía un evidente guiño a la música africana en “Wanna Be Startin Somethin” (tantas veces sampleada posteriormente), ofrecía indicios de hard rock en “Beat it” con la participación de Edie Van Halen, y sentaba las bases de la nueva música dance y del funk con “Billie Jean”. Este inagotable caudal de influencias e intuiciones se reforzaría en el también magnífico  “Bad”, y en menor medida en “Dangerous”, donde contó con la colaboración del guitarrista Slash. Pop, Rock, Rap, Hip hop, hard rock, funk, soul… el legado musical de Michael Jackson es en realidad una perfecta síntesis de casi todo lo que ha sonado en los últimos 30 años en el mundo. Lástima que la máscara de artista no pudiera esconder la miseria del hombre. Pero, como decía Luis Lles, a los mitos no les pedimos que sean como el vecino de arriba, queremos que sean diferentes y extravagantes para adorarlos.

07/07/2009 08:56 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 1 comentario.

Neneh Cherry en Pirineos Sur

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Falta menos de un mes para que comience la 18ª edición de Pirineos Sur. El Festival Internacional de las Culturas llega a su mayoría de edad con un programa en el que amplía su mirada y explora nuevos lenguajes sonoros, hasta ahora menos habituales en la cita del valle de Tena. Un amplio y rico océano musical que llevará, del 9 al 26 de julio, a Lanuza y Sallent de Gállego a destacados nombres propios de la música como Marianne Faithfull, Maceo Parker, The Wailers, Taj Mahal, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Mariza o Cirkus Featuring Neneh Cherry.

Precisamente, la formación encabezada por Neneh Cherry es una de las últimas incorporaciones del programa de Pirineos Sur. Actuará el 11 de julio en Lanuza, en una noche que compartirán con Disty Dozen Brass Band. Cirkus Featuring Neneh Cherry llegan de Suecia y está formado por la cantante de “7 Seconds”, Matt Karmil, Burt Ford y Lolita Moon. A parte de ellos, se suman a la programación de Pirineos Sur los ingleses The Rumble Strips, que serán la pareja de Marianne Faithfull el 10 de julio, y los madrileños The Right Ons, que llevarán su rock, lleno de influencias del Funk y el Soul, a Sallent de Gállego el 15 de julio.

Con estas últimas incorporaciones Pirineos Sur completa un programa que destaca por el elenco de “primeras figuras” que reunirá y que además, en la mayoría de los casos, pisarán por primera vez los escenarios de Pirineos Sur. El Festival se sumergirá de este modo en las músicas y ritmos surgidos en ambas orillas del Atlántico: Blues, soul, reggae, jazz, hip-hop, funk, rhythm’n’blues, fado, canción cubana o calipso, entre otros.

Gran parte de la historia del pop-rock británico llegará a Pirineos Sur de la mano de uno de sus grandes y míticos iconos, Marienne Faithfull. Cantante, compositora y actriz –fue nominada en 2006 como Mejor Actriz en los Premios del Cine Europeo, por su papel protagonista en “Irina Palm”, de Sam Garbarski-, la truculenta relación amorosa que mantuvo con Mick Jagger en la década de los 80 y su adicción a las drogas no han impedido que la Faithfull y su dilata trayectoria sean un excelente resumen de buena parte de la música popular inglesa.

El jazz y el funk en su estado más puro es lo que llevará el saxofonista Maceo Parker a Pirineos Sur (17 de julio). Es toda una institución de la música negra, en todas sus expresiones (soul, blues, rhythm’n’blues…). Durante 25 años formó parte de la banda de James Brown, grabando 12 de los discos más importantes de esa formación.

Otra institución, en este caso del blues y el folk norteamericano de los últimos 40 años es Henry Saint Clair Fredericks, más conocido como Taj Mahal (17 de julio). Ganador de dos Grammy, “Señor Blues” (1997) y “Shoutin' in key” (2000), ha fusionado lo rural con el jazz, el blues, el reggae, el calipso y la música hawaiana, creando una melodía propia y única. Su último trabajo, “Celebrating 40 Years”, es su particular manera de celebrar los 40 años que lleva sobre el escenario.

En este recorrido por los sonidos del Atlántico Negro no podía faltar la mítica banda de The Wailers (16 de julio). Creada en la década de los 60 por Bob Marley, ha sido la bandera de la música reggae y aunque de sus miembros originales sólo quede Aston “Family Man” Barrett, la formación sigue conservando la esencia musical que les convirtió en la mejor banda de reggae de todos los tiempos.

La voz y el sentimiento de Cuba es lo que traerán Pablo Milanés y Omara Portuondo, el 23 de julio. Pocas explicaciones hacen falta para presentar al que fuera uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana, y de la incansable “La novia del filin”. La dulzura del fado y de la música portuguesa llegará con Mariza (24 de julio). Nacida en Mozambique es heredera de las más grandes fadistas de la historia.

16/06/2009 08:52 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

L'Boulevard

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Pirineos Sur viaja esta semana a Casablanca para presentarse y participar en L’Boulevard Festival, uno de los acontecimientos culturales más emblemáticos de Marruecos y con el que el Festival Internacional de las Culturas colabora este año, dentro del programa de cooperación cultural. Este proyecto desarrollado en representación de la Diputación Provincial de Huesca cuenta con la participación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

Pirineos Sur cursó el pasado año una invitación a los responsables del festival magrebí para que asistieran al festival oscense. Fruto de aquella visita surgió la posibilidad de una colaboración conjunta, cuyos resultados van a darse a conocer ahora; primero en Casablanca, en un escenario en el que en los últimos once años han pasado los artistas más interesantes de la nueva escena musical independiente del país, y posteriormente en Sallent de Gállego y Lanuza.

Este jueves 28 de mayo, L’Boulevard Festival comienza su andadura, mostrando las propuestas musicales más recientes de Marruecos. Éste será también el punto de arranque real de los proyectos de Cooperación Cultural que desarrollan conjuntamente los festivales marroquí y oscense. La producción musical "Casser le mur /Romper el muro", premiada la semana pasada con el primer premio de la Muestra Aragonesa de Artes Escénicas y de la Música 2009. En la misma participan los artistas locales Khalid El Berkaoui, Oum, Mood DJ, Hicham Bajjou y Foulane Bouhcin y los integrantes del grupo aragonés Biella Nuei.

El espectáculo volverá a mostrarse en el Instituto Cervantes de Casablanca, donde se presentará oficialmente Pirineos Sur y se estrenará la producción teatral  conjunta, "Habibi / Amado", escrita y dirigida por Jesús Arbués, de Producciones Viridiana, en la que participan artistas de ambos países. Los dos espectáculos se verán en el programa que Pirineos Sur desarrollará en Lanuza y Sallent de Gállego del 9 al 26 del próximo mes de julio.

El grupo aragonés Biella Nuei y los músicos marroquíes Khalid El Berkaoui, Oum, DJ Mood, Hicham Bajjou y Foulane Bouhcin lograron con la producción "Romper el Muro/Casser le Mur", el primer premio de la Muestra Aragonesa de las Artes Escénicas y de la Música 2009 que se clausuró la pasada semana en Alcañiz. En este caso, la coproducción musical dirigida por el lider de Biella Nuei, Luis Miguel Bajén, profundiza en las relaciones históricas entre Aragón y Al-Andalus, poniendo el acento en los numerosos nexos culturales que todavía mantienen ambos territorios. 

Según el propio Bajén, "hemos unidos dos tradiciones musicales que tienen muchísimo que ver. Es increíble que no se hubiera trabajado antes porque hay una evidente hermandad cultural entre el folclore aragonés y el bereber que se manifiesta en muchos elementos". Esta afinidad histórica es la que ha servido de base para el trabajo que han realizado durante 15 días en Zaragoza los músicos aragoneses y marroquíes en la primera parte de la residencia musical, que tendrá su continuidad a partir del 28 de mayo en Casablanca.

La Muestra Aragonesa de las Artes Escénicas y de la Música está organizada por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Se trata del escaparate más interesante para las nuevas producciones aragonesas y una cita obligada para los programadores de los municipios aragoneses, los artistas, grupos y empresas vinculadas al mundo de las artes escénicas. El premio concedido a la producción promovida por Pirineos Sur supone, por lo tanto, un reconocimiento de los profesionales aragoneses a su calidad, originalidad e innovación.

Luis Miguel Bajén ha señalado que "ante todo hemos querido desarrollar un proyecto de música contemporánea" que ahonda sus raíces en la tradición cultural de Aragón y Marruecos. "Hay evidencias de la relación entre ambos territorios en la música -afirma Bajén-, nosotros tenemos la gaita o dulzaina, un instrumento elemental de la fiesta en nuestros pueblos, y ellos también la tienen. Está el laud, el canto, los ritmos... hay vestigios sonoros que hemos compartido y que no dejan de sorprendernos". El músico aragonés explica que en la concepción del proyecto de cooperación cultural con los músicos marroquíes "hemos realizado también una prospección en nuestra historia común para darle un valor y un sentido a todo lo que hemos hecho. El espíritu de convivencia que existió entre nuestros pueblos, por encima de los conflictos, que también los hubo, es lo que nos ha inspirado a todos".

 

PROGRAMA L’BOULEVARD FESTIVAL

 

31 DE MAYO

L’Boulevard : Tremplin 2009

Matadero de Casablanca. Escenario 2

Concierto: Casser le mur / Romper el muro: Biella Nuei et Azawan

 

1 DE JUNIO

Instituto Cervantes de Casablanca, 19.00 h.

Conferencia de Prensa: Presentación del Festival Pirineos Sur 2009 (Con la presencia del Presidente de la Diputación de Huesca, de la Diputada de Cultura, del Asesor de Cultura y del Director del Festival Pirineos Sur).

A continuación, concierto Casser le mur / Romper el muro : Biella Nuei et Azawan

 

3 DE JUNIO

Instituto Cervantes de Casablanca, 20.00 h.

Estreno de Habibi / Amado

Coproduction scénique: Producciones Viridiana / L’Boulevard Festival / Pirineos Sur.

Con el apoyo de la Embajada de España en Marruecos y el Instituto Cervantes de Casablanca

 

5 DE JUNIO

Sala de fiestas del Ayuntamiento de Agadir, 20.00 h.

Presentación del espectáculo Habibi / Amado

Coproduction scénique: Producciones Viridiana / L’Boulevard Festival / Pirineos Sur

28/05/2009 10:06 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Antonio Vega

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Contaba Antonio Vega que escribió “La chica de ayer” en Valencia mientras hacía la mili. Aseguró en más de una ocasión que nunca percibió que estaba componiendo un clásico. Es difícil pensar que mientras el estado te arrebata un año de tu vida uno es capaz de hacer algo trascendente fuera de la instrucción. Así era Antonio Vega, un tipo tan discreto y descreído que arrastró para siempre aquella impertinente leyenda del “chico triste y solitario”, eficazmente alimentada por una industria musical plácida en el fango ajeno. Estos días he oído hablar a decenas de personas que se presentaban como “íntimo amigo” de Antonio Vega. Todos escupían una salmodia de compungido dolor que olía a ditirambo de circunstancias. ¿Dónde estuvieron en los años de deriva?

            Cuando Nacha Pop se fue mi generación estaba llegando. Arribábamos a la plenitud adolescente repletos de principios y prejuicios, dispuestos a forjar una personalidad  arrogante y singular que no admitiera lazos con los estereotipos. En realidad éramos unos tipos estereotipados en busca de un alma errante que nos alejara de lo que más temíamos: nuestra propia simplicidad. En aquellos años de zozobra e ingenuidad la música era el único camino posible a la redención. Nuestros gustos eran volátiles e improvisados; fomentábamos la diferencia en la convicción de que nada había más glorioso que el mismo aislamiento victimista. Cuanto más solos más auténticos. Mejores.

            Cuando Nacha Pop se fue nosotros estábamos empezando a masticar la vida con las muelas. Hasta entonces sólo habíamos utilizado los dientes de leche. El mismo día que se fueron, entraron en nuestras vidas para siempre con aquel doble en directo grabado en la sala Jácara de Madrid (Nacha Pop 80-88). De repente se hizo indispensable en Claqueta. Campetes lo pinchaba una y otra vez abrumado por nuestra pertinaz insistencia. Descubrimos que junto a “La chica de ayer” Antonio Vega había compuesto una balada difícilmente clasificable que se titulaba “Una décima de segundo”. Nos atraía su mensaje indescifrable y la sencilla desnudez del piano de Manolo Villalta.  Nos producía desgarros la voz apagada y monocorde de Antonio.

“Es que no hay nada mejor que componer
sin guitarra ni papel.
Paralelas, vienen siguiéndome.
Espacio y tiempo juegan al ajedrez”.

            Fueron años de mucha música en vivo; estoy convencido de que los últimos suspiros de una forma de hacer música y de escucharla que tenía sus raíces en el valor personal que atribuíamos a cada disco adquirido para formar nuestra discoteca. Esos discos –todos ellos pequeños acontecimientos personales-, son ahora toda una biografía de nosotros mismos: con todos nuestros defectos y debilidades, que las hubo y las habrá. En esos años de la inocencia perdida –o arrebatada- la música en directo era un valor en alza: Radio Futura, Loquillo, Ilegales… para los que vivíamos en un pueblo sin demasiadas posibilidades de escuchar música en vivo, aquellas grabaciones guardaban casi todas nuestras aspiraciones de libertad. Con el tiempo saltamos las barreras físicas y mentales y fuimos insistentes espectadores de esos conciertos. De todos menos de Nacha Pop. Cuando ellos se fueron nosotros ya habíamos llegado tarde.

            Seguí después la vida de Antonio Vega inspirado por el mismo afán por descifrar los misterios de su inquietante personalidad como antes lo había hecho con sus letras. Esos textos encorvados y conmovedores hablaban de un hombre asomado a la sima de los infiernos, devorado por unos demonios interiores que operaban con la misma eficacia en sus pulmones y en su cerebro.

“Se dejaba llevar, se dejaba llevar por ti,

no esperaba jamás y no espera si no es por ti.

 

Nunca la oyes hablar, sólo habla contigo y nadie más,

nada puede sufrir, que él no sepa solucionar”.

 

No sé si Antonio Vega fue un tipo triste y solitario. Sé que nos robó a muchos la canción de amor que siempre quisimos escribir y nunca supimos. Se adelantó a todos y frustró para siempre nuestras veleidades compositoras. Cada nueva aparición, cada escalón que descendía al cadalso, cada escalofrío ante su mirada fría y huidiza agigantaba el sentido de su mítica soledad. Lo dejó escrito.

“Sólo al final
cobra sentido la soledad,
cuando el silencio es total
queda el espacio para pensar.
Y después, a la hora de volver,
conservar el secreto en mi poder”.

17/05/2009 22:47 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 6 comentarios.

25 años sin Marvin

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Hace más de un año escribí en este blog un post sobre el "What’s going on" de Marvin Gaye, uno de los discos más influyentes de la historia de la música. Hoy se cumplen 25 años de la muerte del cantante a manos de su propio padre, un predicador fundamentalista que creía ver en su hijo al mismo demonio. He querido recuperar ese texto en homenaje a Marvin y a ese pedazo de álbum que marcó el rumbo futuro de la música negra.

Me gusta recrearme con el hecho de que nací el mismo año en que Marvin Gaye publicó “What’s going on”; 1971. Será una veleidad adolescente pero me divierte fomentar esta casualidad y pensar que mientras yo pedaleaba en el útero de mi madre un tipo estaba a punto de cambiar el curso de la historia de la música en el lejano Detroit. Para muchos, entre los que me encuentro, éste es uno de los mejores discos de todos los tiempos e incluso sería capaz de aseverar según qué días que indiscutiblemente es el mejor. No sólo por su valor musical sino por su repercusión en todo lo que vendría después.

            “What’s going on” sigue siendo hoy uno de los discos más influyentes y analizados de toda la historia, un álbum conceptual que transformó para siempre la vida de su autor y marcó una gruesa línea entre su pasado almibarado y su futuro comprometido y combativo. Marvin Gaye llevaba varios años triunfando como uno de los valores más seguros y rentables de la mítica Tamla Motown, dirigida por el ambicioso Berry Gordy, un personaje de fino olfato y certeras intuiciones. Gaye aspiraba a rivalizar con Sinatra o Nat King Cole pero se quedó en representante de una generación que suspiraba con sus inolvidables y fogosos duetos románticos que sublimaban su imagen de soulman; Mary Wells, Kim Weston y, sobre todo, Tammi Terrel, con quien firmaría el hermoso “Ain’t No Mountain High Enough”.

            Pero mientras la factoría de Gordy producía decenas de singles que inundaban los primeros puestos de las listas de discos, en Estados Unidos estaban pasando muchas cosas. El país estaba inmerso en la guerra de Vietnam, Nixon gobernaba en Washington, los derechos civiles movilizaban a la población de color, las drogas causaban estragos en el otoño de la revolución hippie y el deterioro ambiental comenzaba a levantar conciencias. Estados Unidos había perdido la inocencia definitivamente y el soul vitamínico de letras intrascendentes de la Tamla era un duro contraste.

            Marvin Gaye, un personaje marcado por una dura infancia –su padre lo educó con mano de hierro-, y eternamente insatisfecho sintió que se agotaba el producto musical que representó con solvencia durante los 60 y comenzó a explorar nuevos trayectos. Envuelto en brumas y cerca del abismo artístico, Gaye se lanzó a trabajar en el que sería el primer álbum sobre el que tendría un control absoluto. Abandonó el discurso estilístico de la Motown y se adentró en las alcantarillas de una sociedad que tenía serios problemas. Así nació un disco íntimo que era fiel reflejo del signo de los tiempos: política, esclavitud, guerra drogas… con “What’s going on” el soul dejó atrás la plácida adolescencia y maduró de la noche a la mañana. Fue el primer disco conceptual que abordó sin complejos las miserias de una sociedad convulsa y desconcertada.

            Tal fue el impacto en la factoría de Detroit que Berry Gordy se negó a editar el LP porque lo consideraba excesivamente político y escasamente comercial. Probalemente le preocupaba más la segunda razón. Pero Gaye se hizo fuerte y se negó a aceptar cualquier condición que limitara su caudal creativo. Gordy aceptó que se publicara como anticipo el single “What’s going on”. Fue uno de los mayores éxitos comerciales de la historia de la compañía. El LP vio la luz en abril de 1971. Producido por el propio Gaye, sus maravillosas orquestaciones, la sensual cadencia de sus ritmos, los lujosos saxos y la voz  en plena madurez de Marvin lo convirtieron de inmediato en un acontecimiento musical. Nada volvería a ser igual. Stevie Wonder, Curtis Mayfield, Michael Jackson, Prince… todos son hijos de “What’s going on”.

           

             38 años después Estados Unidos tiene otra guerra y un negro es presidente del país.

 

“Padre, padre, no necesitamos ascender. Verás que la guerra no es la respuesta. Sólo el amor puede conquistar el odio. Sabes que tenemos que encontrar una manera para atraer el amor hoy. Piquetes y pancartas, no me castigues papa con brutalidad, ven, háblame para que tú veas lo que está pasando”.

What’s going on

01/04/2009 13:26 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Van Morrison

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En el mundo de la música hay tipos desagradables y otros simplemente antipáticos. Los hay que exhiben formas impostadas y otros que rehúyen los artificios y el maquillaje. Hay quienes primero fueron niñatos, después se hicieron músicos y para desgracia de la humanidad acabaron alimentando su primera faceta en detrimento de la esencial. Hay quienes creyeron ser artistas y engordaron su estupidez mientras seguían sin ser nada. Y luego está Van Morrison, perteneciente a una casta de primos hermanos -Bod Dylan, Iggy Pop, Morrisey y alguno más-, al que su misantropía le precede como extraño símbolo de decencia y valentía. Pocos músicos alcanzan en la actualidad esa dimensión estratosférica en la que estas menudencias del ser son minimizadas.

            El león de Belfast acaba de publicar un disco en directo en el que interpreta las 8 canciones que componen el mítico “Astral Week” (1968), considerado unánimemente uno de los mejores discos de la historia. Ayer fue entrevistado en El País por tal motivo y nuevamente mostró su flema más ácida y áspera; la que esperamos encontrar todos los que amamos su música. En pleno desmoronamiento de la industria musical, tal y como la hemos conocido hasta ahora, Van Morrison engarza varias perlas que más allá de su expresión formal deberían de invitar a la reflexión.

            Primera verdad: “Lo único que me encanta es la música. El resto es pura mierda. El tipo de mierda que la fama atrae es muy oscura. Es muy oscura. Me gusta la música, eso es todo”. Segunda verdad: “No es como en los viejos tiempos, cuando había productores y sellos discográficos de verdad; gente que realmente sabía algo de música. El principio del fin fue cuando muchos de esos tipos vendieron sus sellos. Probablemente hayamos dejado atrás el final de la historia de la verdadera industria discográfica..." Y tercera gran verdad: “Nunca me ha interesado realmente la música pop. Me aburría y me sigue aburriendo”.

            Qué queréis que os diga, hay días en los que da gusto leer cosas así, desprovistas de esa grandilocuencia meliflua tan al gusto de lo políticamente correcto. No importa que Van Morrison no salude ni se despida en sus conciertos. Da igual que casi nunca ofrezca un bis, me parece irrelevante su tendencia al nihilismo –quizá a veces profundamente compartida-. Diría que admiro la soltura con la que derrama el ácido sobre sus palabras para que su componente corrosivo actúe de forma rápida y eficaz. Tan eficaz como la belleza inconmensurable de sus melodías y el reconocible olor a poesía de sus letras.

            Hoy he vuelto a escuchar después de mucho tiempo “Astral Weeks”. Abruma como siempre la sencillez de sus arreglos y la fusión perfecta de su voz con los instrumentos. La voz de Van Morrison es realmente un instrumento más, quizá el más maravilloso y versátil. A veces juguetea con una flauta y otras veces se enreda en delicados escarceos con un violín y una guitarra. Las secciones de viento irrumpen con irreverencia para engrandecer el delicado tejido sonoro que envuelve toda la grabación. En esencia es un disco de folk pero su concepto creativo se vincula con la estructura típica del jazz.

El propio Van Morrison reconocía en la entrevista de El País que “se grabó como un disco de jazz, que es como a mí me gusta hacerlo. Lo más importante era la espontaneidad de lo que estaba sucediendo”. Como las sesiones en las que se grabó “Kind of blue”, “Astral Weeks” fue la consecuencia de una concentración de talento e inspiración irrepetibles con un genio irlandés de 23 años a la cabeza. Van Morrison contó con músicos procedentes del mundo del jazz, como el contrabajista Richard Davis o el percusionista Connie Kay. Familiarizados con las técnicas de improvisación y coordinación que pretendía Morrision, en tres jornadas dieron carpetazo a la grabación y dejaron preparadas ocho piezas que recrean una atmósfera onírica y sensual. En la inabarcable trayectoria del músico de Belfast no hay otro disco como ese. Es posible que alguno le supere (sobre todo “Moondance”), pero ninguno adquiere los registros mágicos que cautivan al mismo tiempo por su desnudez y su sofisticada sencillez.

En “Sweet Thing” dan ganas de correr al campo y comenzar a recoger las primeras flores primaverales. En “Astral Weeks” y “Cyprus” recuperamos el gris otoñal y nos desfondamos en un carrusel melancólico irreparable. Morrison a veces canta, otras se pierde en retos épicos con los instrumentos y en algún momento susurra, como si lo que tuviera en sus labios fueran palabras a punto de extinguirse. Discos como “Astral Weeks” son realmente obras maestras que escuchadas con el tiempo certifican la extinción de una raza musical.

13/03/2009 09:47 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Paul Weller

Style Council siempre fue una de mis bandas favoritas. El dúo formado por Paul Weller y Mike Talbot –con la intermitente aportación vocal de la sensual Dee C. Lee-, publicó en la segunda mitad de los 80 algunos trabajos vibrantes y luminosos que proyectaban todo el caudal de ferviente creatividad que estaba experimentando el Reino Unido. En un momento en el que los nuevos románticos se entreveraban con los últimos supervivientes de la movida punk y el revisionismo pop, Style Council irrumpió con frescura y talento sin despreciar el compromiso social. Su música era puro hedonismo sonoro pero sus letras no le daban la espalda al bodrio político que estaba construyendo Margaret Thacher. “Shout to the top” fue el ejemplo más brillante de cómo entendía la música Paul Weller: se puede bailar como locos y gritar al mismo tiempo contra el sistema. Aquel estruendoso grito contra el thacherismo más cruel e inhumano matizó el enorme cabreo que muchos vocearon por la supuesta traición de Weller cuando decidió disolver The Jam.

                Hasta entonces habían sido los tipos duros del Reino Unido, herederos de un sonido que establecía veladas conexiones entre el punk y el revival mod de finales de los 70, y una ensalada de heterogéneas influencias con base en la tradición de la música negra. Esta pasión oculta de Weller por el soul y el R&B se fue consolidando con los años hasta hacer inviable el proyecto de The Jam. Incluso en los últimos años de vida se atrevieron a versionear algunos clásicos de Curtis Mayfield, en lo que representaba una afrenta para quienes los tenían catalogados en el ambiguo territorio del rock. A esas alturas Weller ya tenía una merecida fama de inspirado letrista e impetuoso compositor. Sus registros musicales eran tan amplios y complementarios que muchos desistieron de buscarle etiquetas. No las tenía. Sus compañeros de The Jam (Rick Bucler y Bruce Foxton), se vieron incapaces de seguir su senda creativa y el grupo decidió disolverse justo en su mejor momento.

                Paul Weller se había empapado el catálogo de la Motown y había descubierto los senderos sonoros del jazz y del funk. Convertido definitivamente al sonido negro más estandarizado creó con Mike Talbot en 1983 Style Council. Allí se encontró con un traje a medida, sin peajes estilísticos ni poses forzadas. En plena libertad creativa el dúo publicó seis discos de estudio con algunas joyas imperecederas del pop británico de todos los tiempos. “My Ever-Changin Moods” fue la primera y le siguieron otros temas inolvidables como el citado “Shout to the top”, “The Lodgers”, “Walls Come Tumbling Down” o la sinuosa “Have You Ever Had it Blue”, suculento experimento con la bossa. Style Council transmitía felicidad pero sus letras cada vez estaban más cargadas de política y denuncia social. Quien pensara que su sonido era intrascendente se equivocaba.

                De todos esos trabajos mi favorito fue y será “Our favourite shop”, publicado en 1985. Weller se mostraba en ese disco con un flequillo interminable que casi le vinculaba más a la estética romántica que a la del nuevo tiempo que acababa de abrir. Quizá su impertérrito odio a las etiquetas le animó a esta irreverencia. La portada de ese disco es también un clásico perteneciente a un tiempo irrepetible en el que las discográficas se preocupaban por hacer bien las cosas.

                Como The Jam, Style Council se agotó cuando a Paul Weller se le quedó pequeño el horizonte. A principios de la década de los 90 el Acid House y todos sus trasuntos causaban estragos en las discotecas de medio mundo. La versión de “Promise Land” de Joe Smooth fue un guiño a la revolución que se cernía y un adiós previsible. Era el momento de comenzar a andar en solitario. Weller inició así una febril carrera que le permitiría explotar todo su poderío creativo sin tener que rendirle cuentas a nadie. Su primer trabajo fue un catálogo inmaculado de influencias: Marvin Gaye, Curtis Mayfield, Al Green, Stevie Wonder, Neil Young… temas como el absorbente “Above the clouds” eran estrictamente un homenaje al clásico “Whats going on” de Gaye.

                Desde entonces Paul Weller ha publicado un puñado de discos que le han permitido madurar como músico y compositor, y experimentar con nuevos sonidos y corrientes creativas. Siempre contestatario y controvertido, la suya es una de las trayectorias más sólidas y coherentes de la música británica. Respetado casi de manera       reverencial por las nuevas hornadas de músicos, Paul Weller vive actualmente uno de los momentos más lucidos con la publicación en pocos meses de dos discos soberbios y descomunales: “22 dreams” y “Weller at the BBC”. Este último es un doble CD donde recupera varias grabaciones realizadas durante la última década para la televisión púbica británica. Quien quiera adentrarse en el universo de Weller cualquiera de ellos es perfecto. Estos días son mi música de fondo, mi estruendoso grito.

06/03/2009 14:32 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 4 comentarios.

Kepa Junkera

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El domingo pasado escuché por primera vez en Radio 3 casi íntegro el nuevo disco de Kepa Junkera, “Etxea” (“Casa” en euskera). Vaya joya nos ha regalado Kepa. 42 personalidades de la música mundial aceptaron la invitación del acordeonista para reinterpretar en euskera viejas canciones populares del País Vasco con absoluta libertad formal y sonora. En esa casa se ha cocinado uno de los discos más abrumadores de los últimos tiempos, que trasciende de lo estrictamente musical para inspirar otras reflexiones sobre los puentes de la vida y la grandeza de la palabra.

         Por el simple hecho de escuchar cantar en euskera a Estrella Morente “Haurtxo Txikia” estaría plenamente justificado este post y toda mi admiración. Hace mucho tiempo que no oía algo tan emocionante. Pero la participación de la andaluza es tan solo el aperitivo a un viaje musical en el que han colaborado artistas de la talla de Andrés Calamaro, Santiago Auserón, Jaime Urrutia, Victor Manuel y Ana Belén, Dulce Pontes, Roberto Fonseca, Eliseo Parra, Pau Dones, Luis Eduardo Aute, Miguel Ríos, Miguel Bosé, Chano Domínguez, Teresa Salgueiro, Lluis Llach, Michel Camilo, Amancio Prada o Carmen París. La aragonesa cada día se muestra más versátil y madura; definitivamente ha sustituido a Labordeta como icono de la música popular de nuestra tierra en el resto del estado.

         Kepa Junkera ha conseguido muchas cosas con “Etxea”. Se ha confirmado su talento como músico de mirada universal, atento a la capacidad ilimitada de la música para construir puentes y establecer vínculos entre culturas. Kepa también ha roto del todo con los estereotipos que le reducían a una personalidad de la escena musical vasca. Hace tiempo que el universo cultural euskaro se le quedó pequeño pese a tocar un instrumento profundamente arraigado en su país, la trikititxa. Kepa es un músico brillante e iconoclasta que viene y va; a veces hunde su música en las raíces abisales de Euskadi y otras emprende un viaje sonoro sin complejos por el mundo rodeado de artistas a los que sólo se les reconoce por su talento. Es lo único que le importa.

         Es probable que por ello muchos no entiendan en su país el valor y sentido de sus ideas y conceptos. Estoy convencido de ello. Kepa ha sido el artista que más ha contribuido en la última década a proyectar la cultura vasca en el exterior sin connotaciones políticas o ideológicas. Lo ha hecho sin renunciar a su compromiso con su país y sin apartarse de lo que siente y cree. Eso no tiene nada que ver con la música y la creación. Por eso la presencia de artistas como Miguel Bosé o Estrella Morente o Santiago Auserón puede que en las cavernas del nacionalismo vasco se interprete como una traición. Yo me quedo con la definición que hace José Saramago: “Hay un pueblo músico en donde están representados todos los pueblos del mundo como si fuera una casa común. El arquitecto y albañil de todo esto se llama Kepa”. Al escuchar "Etxea" pienso que la paz es posible, aunque ahora sólo quepa en un disco. 

06/11/2008 17:35 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 6 comentarios.

Minutos musicales

"Viva la Vida". Coldplay

03/10/2008 11:24 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Isaac Hayes

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La muerte de Isaac Hayes, a los 65 años y por causa natural, deja a la música negra estadounidense sin uno de sus más activos e innovadores representantes. Compositor, arreglista, productor, pianista y vocalista, Hayes fue parte esencial del irrepetible soul de Stax Records, la legendaria compañía con residencia en Memphis. A él se le debe buena parte del avance de los sonidos negros hacia el funk, con arreglos menos viscerales y más bailables y atmosféricos.

Nacido en 1942 en un pueblo del Estado de Tennessee, la historia de Hayes tiene atributos casi épicos. Se quedó huérfano al poco de nacer después de que su padre abandonó a su madre y ésta murió a los 18 meses de dar a luz. Fue educado en la pobreza por sus abuelos, mientras una radio le mantenía en contacto con el mundo y, especialmente, con la música de aquellos años. “Solía soñar con tener una cama caliente, un buen almuerzo y ropas decentes que ponerme”, confesó en una entrevista años después. Ciertamente, en los comienzos de su vida, nunca tuvo un lugar adonde ir. Cuando sus abuelos se trasladaron a Memphis, amparados por tíos lejanos, Hayes estuvo viviendo en todo tipo de lugares y trabajando de cualquier cosa para sacar dinero. Llegó a dejar el colegio por la vergüenza que le daba asistir con zapatos llenos de agujeros, aunque luego regresó y ganó un concurso de talentos al cantar un tema de Nat King Cole.

Stax Records fue su hogar

La música sería su refugio, y la compañía Stax Records, en pleno guetto negro de Memphis, su hogar. En la que fue la casa de los sonidos más excitantes que ha dado la música negra, Hayes se convirtió a principios de los setenta en uno de los músicos más solicitados. Tras tocar con varias bandas por garitos de la ciudad, empezó a colaborar en grabaciones del sello. Al poco tiempo pasó a ser uno de los más activos pianistas de sesión de la casa, sin olvidar en ningún momento su faceta como letrista, lo que le llevó a formar parte de más de 200 colaboraciones. Recibió su primer sueldo de Stax tocando el piano para Otis Redding, con el que grabaría el magnífico Otis Blue.

Por aquel entonces, cuando Estados Unidos era invadido por el pop de los grupos británicos desde los Beatles hasta los Rolling Stones, Hayes era un músico contratado por Stax Records, cuyo nombre había que buscar en la letra pequeña de los créditos de algunas de esas canciones negras que no llegaban a las listas blancas pero que la historia ha situado como auténticas joyas desfogadas del rythym & blues. En su haber se encuentra, entre otras, Soul Man, de Sam & Dave, B-A-B-Y, de Carla Thomas, o I Had a Dream, de John Taylor. Pero su imaginación y peculiar sentido del ritmo le llevaron a desarrollar un sonido más personal, alejado de la fuerza vocal de otros compañeros.

Atmósferas orquestales

Tenía olfato para los arreglos diferentes y se ganó una reputación dentro de la compañía, por lo que pudo impulsar su técnica en solitario y publicó con inesperado éxito Hot Buttered Soul, donde sus limitaciones como vocalista son hábilmente dosificadas por atmósferas orquestales de larga duración. En un período en el que sólo se conocían singles, este disco contaba con tan sólo cuatro cortes superando los 40 minutos. La instrumentación ganaba mucho protagonismo y se salpicaba con notas vocales de sensualidad. Eran los cimientos para el edificio del funky instrumental y romántico que luego habitaron artistas como Marvin Gaye y Barry White. Otros nombres como George Clinton, Temptations o Sly & The Family Stone partirían de esa sonoridad para adentrarse en otros experimentos igual de interesantes.

El reconocimiento del gran público llegaría en 1971 al obtener el Oscar y dos Grammy por su canción Shaft para la película del mismo título. Luego, grabaría bandas sonoras, empezaría una carrera de actor para cine y televisión y se involucraría en varios proyectos humanitarios. El nombre de Isaac Hayes era entonces sinónimo de éxito e independencia artística, e incluso tuvo connotaciones religiosas. En 1972 ganaría otro Grammy por su álbum Black Moses, en cuya portada aparecía como el mesías negro. No lo era, pero hoy son muchos los raperos estadounidenses que reconocen su legado. Al fin y al cabo, fuera de cualquier liturgia, su música tuvo algo de anunciación y consagración para el soul, el funk y lo que llegara después.

* Artículo publicado en la edición de El País de hoy

11/08/2008 10:53 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Kind of blue

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Hay días en los que acuesto a mi hijo con "Blue in Green" de fondo. He comprobado que la trompeta con sordina de Miles es una dulce nana en los oidos de mi pequeño de casi dos años. Hay días en los que el sueño se hace fuerte y sólo claudica cuando irrumpe "Flamenco Sketchs". Hay días incluso en los que mi pequeño cierra los ojos con la primera; con "So What". Hay días en los que esa maravilla que se llama "Kind of blue" acaricia nuestra piel y juguetea por todos los rincones de la casa, buscando recovecos perdidos a los que asirse para no desprenderse nunca jamás. Hay días en los que Miles parece que está junto a nosotros, tocando suave y despacito mientras le leo a Ethan su último cuento. Hay días en que levanto la cabeza y le veo junto a la cuna, pero siempre le veo con el rostro juvenil que tenía en 1959, cuando se reunió con Wynton Kelly, Bill Evans, John Coltrane, James Cobb, Paul Chambers y Julian "Cannonball" Adderly para grabar el momento culminante de inspiración de la historia del jazz. Hay días que me emociono escuchando una vez más "Kind of blue".

Lo estoy escuchando nuevamente. Ethan duerme y Sylvia ha salido de cena. Es una calurosa noche de agosto, perfecta para quedarse atrapado en los acordes melancólicos de un disco irrepetible, fundamental para entender muchas de las cosas que han ocurrido en la música en las últimas décadas. Además hay una coincidencia que yo no puedo pasar por alto; "Kind of blue" vio la luz un 17 de agosto de 1959 y yo nací un 17 de agosto de 1971. ¿No creeis que es maravilloso? Anécdotas a parte, el album es la obra maestra de Miles Davis; un trabajo del que se han escrito tantas cosas y todas tan condescendientes que abruma la unanimidad que genera. Uno de esos pocos discos que, como escribía hoy Antonio Muñoz Molina en Babelia, "por más que se escuchen siempre quedan por encima de su propia leyenda".

El album se grabó en dos únicas sesiones, lo que explica el momento irrepetible de inspiración y confirma la mayor concentración de talento por metro cuadrado jamás vista. Incluso el gran John Coltrane aceptó asumir un papel de subalterno en la grabación para que no quedara duda de la propiedad de los galones. De "Kind of blue" se han dicho muchas cosas pero quizá la más certera es que su publicación cambió el rumbo del jazz y rompió el colapso en el que estaba sumido desde que el be bop lastrara la creatividad de los músicos solistas. Miles Davis, que probablemente no ha sido el mejor músico de jazz de la historia pero sí el más visionario e innovador, inventó junto a Bill Evans -a partir de esquemas copiados de la música clásica- el jazz modal, un nuevo marco compositivo que permitía mayor libertad de movimientos a los músicos en sus ejercicios de improvisación. En la práctica consistía en tocar un único acorde en todo el tema y los músicos solistas improvisaban sobre él. Un brusco cambio respecto a los esquemas anteriores, en los que las progesiones y los férreos cambios de acordes apenas dejaban espacio para el lucimiento de los artistas.

"Kind of blue" es el resultado primoroso de esa experimentación, un ejemplo notorio de que la sencillez sonora no está reñida en absoluto con la calidad. Un mar de sonidos relajantes y estimulantes que parecen suspendidos en la atmósfera. Jimmy Cobb, el único superviviente de aquella grabación, dijo una vez: "¿Cómo iba a sonar mal con los músicos que había?". Aslhey Kahn, autor del libro "Miles Davis Kind of Blue. La creación de una obra maestra", lo resumió con claridad: "hay melancolía en su sugestión de lo efímero, serenidad en su profunda reserva y simplicidad". Pero creo que realmente lo que ocurrió es que aquellos músicos formidables e irrepetibles tocaron como le gustaba a Miles: "cuando toca, lo hace como si no tuviera que volver a tocar esto nunca jamás". Ha pasado casi medio siglo desde aquella grabación y lo que ocurrió con Kind of Blue" marcó definitivamente a numerosas generaciones de músicos de otros estilos como el rock o el pop. Todos asimilaron los modos y ahora forman parte de la música que escuchamos sin saber que proceden de un disco de jazz. Cuando a Donald Fagen le preguntaron si le gustaba "Kind of blue" respondió: "es la Biblia, hombre. La Biblia con mayúsculas".

02/08/2008 23:03 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 7 comentarios.

Bruce

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A Sara la primera hora no le gustó. Decía que Bruce estaba entretenido en otros asuntos ajenos a la música, perdido entre los toqueteos de los privilegiados que ocuparon la primera fila del concierto. Decía que la E Street Band andaba perdida y algo torpe, descreída por el acceso mesiánico del Jefe. A Carlos a Grosem y a mi no nos convenció la argumentación de Sara. En verdad a nosotros nada nos puede convencer de lo contrario; ni la peor de la sonorizaciones posibles ni el Bruce menos inspirado. Somos militantes y como tales no admitimos ni la disidencia ni la crítica, aunque sea constructiva. No cabe el quebranto en nuestro espíritu, somos fanáticos y hasta nos ponemos un poco burros cuando alguien osa mentar el nombre de Bruce en vano. Sara lo hizo y las recibió de todos los colores. ¡qué osadía! ¡a nosotros! En "Orquesta Club Virginia" un taxista sirio aseguraba que las naranjas de su país eran mejores que las valencianas. Sus pasajeros españoles -Quique San Francisco y compañía- le destrozaron el coche embrutecidos. Bruce es nuestra naranja valenciana, más o menos.

En Barcelona este sábado el Boss exprimió todas las naranjas y el zumo que nos dio era exactamente el que le habíamos pedido. No nos decepcionó pero tampoco nos sorprendió, fue lo esperado. Pero como su oficio está en unos niveles de coherencia y calidad  insuperables, cada rutina de sus conciertos es un momento extraordinario para la historia de la música. Un instante que pasa por ser tres horas de intensa emoción e iconos sonoros de nuestras vidas. En una semana he vibrado con dos tipos de 73 y 58 años; uno el rey del universo rumbero y el otro del rock contemporáneo. O me estoy haciendo muy mayor y tiendo a la nostalgia o realmente el panorama actual de la industria musical es un páramo creativo. Al igual que el eterno debate sobre la muerte de la novela, en el rock hace muchos años que todo se dejó inventado y lo que vino después fue una reinterpretación de los esquemas fijados. Sobre estas estructuras musicales se ha reinventado la industria una y otra vez a partir de maquillajes aditivos.

No hay mas que comprobar que hoy en día sólo cuatro músicos -todos ellos por encima de los 50 años- son capaces de llenar un estadio de 75.000 espectadores como el Camp Nou. Si fuera malicioso y radical optaría por pensar que en las dos últimas décadas no ha surgido nadie que merezca realmente la pena. Pero no creo que sea así. Sin embargo sí que pienso que esta cuestión biológica tiene algo que ver con la degradación del producto músical y su transformación en un bien efímero. Como he comentado en alguna otra ocasión, hasta no hace mucho la adquisición de un disco era un acontecimiento de relevancia en la trayectoria personal de cada uno. Marcaba de algún modo la trazabilidad en el proceso de construcción de la personalidad y los gustos. Ahora eso se ha relativizado hasta el punto de que los discos ya no se compran sino que se descargan algunas de sus canciones y cuando se han sobado demasiado se borran para dar paso a unas nuevas. Esas canciones, como los besos, se pierden en algún oscuro rincón del olvido.

Los dinosaurios que llenan los estadios pertenecen a un tiempo en el que la trayectoria y la solidez profesional se valoraban como un elemento indispensable para construir los mitos. Los advenedizos y oprtunistas caían por su propio peso y sólo se hacían grandes quienes realmente lo eran. Aunque el divismo es intrínseco a la música, ahora la industria comete frecuentemente el error de construir estrellas de papel que se tiran al primer signo de agotamiento. Pero mientras dura el invento estas estrellas de cartón piedra se vuelven arrogantes y pretenciosos, y se olvidan de que su profesión es la música. ¿Alguien cree que a Bruce se le ha olvidado su trabajo? Leonard Cohen y Morrisey han sido los otros dos grandes triunfadores del fin de semana en el FIb de Benicassim. Demasiada casualidad. El director de un conocido festival de música me decía recientemente que tras diecisiete años de experiencia podía asegurar que las estrellas más rutilantes eran siempre las más cercanas y normales. Los "jóvenes valores" eran los que, por el contrario, le solían tocar las narices con mil exigencias de niño consentido.

Bruce es la coherencia y el sentido de la responsabilidad. Principalmente con la música y con su público, al que le ofrece tres horas de ensueño convencido de que es lo mínimo que puede hacer por quienes han pagado una pasta por verle actuar. De nuevo en Barcelona reeditó el idilio iniciado un 21 de abril de 1981, cuando ofreció el mejor concierto de su vida, según el crítico musical Dave Marsh. Yo no soy especialmente mitómano (tiendo a imaginármelos sentados en la taza del baño como cualquier mortal), pero reconozco que Springsteen me tiene encandilado y siento por él un profundo respeto; no sólo porque me emocionan sus canciones, sino porque sigo creyendo que cree en lo que hace. Aunque Sara siga pensando que flojeó en la primera hora. Puede que sea así, pero yo no me di cuenta.  

21/07/2008 23:23 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Peret

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Escribo desde Sallent de Gállego. Estoy trabajando en el Gabinete de Comunicación de Pirineos Sur, el festival de música que se celebra desde hace 17 años en el escenario flotante del pantano de Lanuza. Ayer se inauguró con el homenaje a Peret, el rey de la rumba catalana. A muchos puristas les sorprendió que el templo de la "world music" dedicara su primera noche al artista de Mataró, representante todavía en el subconsciente colectivo de la España de chiringuito, calimocho y verbena. Cinco minutos después de salir al escenario a nadie le quedaba duda de que la elección de la organización era un ejercicio de justicia con una de las personalidades más influyentes de la música española de las últimas décadas. En Peret han abrevado una cantidad ingente de grupos con mayor o menor fortuna; algunos (Estopa es el ejemplo más evidente), le deben la inspiración para asirse a la escena española como mercaderes de una propuesta tan callejera y popular como exitosa. Pero en verdad lo que han hecho es reinterpretar todo lo que Peret llevaba haciendo desde los años 70.  

Decía Luis Calvo, director de Pirineos Sur, que la música española le debía un homenaje a Peret, un desagravio público despúés de años de desprecio y olvido. Para muchos el músico de Mataró era el representante de la España casposa que era necesario olvidar, una lastre franquista que había que lanzar al vacio en el vuelo a la modernidad que emprendió el país en los primeros años de la transición democrática. Esa injusticia estética y estilística la sufrieron también otros artistas como Alfredo Landa, ejemplares de deshecho que había que esconder como esconden las mejores familias a sus ovejas negras. Decía el crítico musical Gonzalo de la Figuera que la rumba estaba considerada "un género menor, hortera y pachanguero, un tipo de música absolutamente despreciable a los ojos de cualquier rockero enrollado e incompatible con el gusto por las guitarras eléctricas". Peret sonaba sin descanaso en ferias y autos de choque, "verbenas de fiesta mayor y discotecas playeras de la España franquista de los setenta". Ese era el Peret que conocimos muchas generaciones.

Confieso que yo era uno de los que estaba atiborrado de prejuicios respecto a Peret, como lo estoy en esta vida con tantas otras cosas por pura ignorancia. Peret tiene 73 años como mi padre, pero yo no me imagino a mi padre con ese derroche de fuerza y vitalidad que deslumbró ayer a los que estuvimos en el escenario natural de Lanuza. Al público no le movió la nostalgia, fundamentalmente porque la media de edad era de unos 25 años. Cuando Peret era el producto más exportado de la España franquista los que estaban ayer cantando todas su canciones no habían nacido. En Viña Rock, el festival de rock español más importante, el pasado año echaron  del escenario al impostor Ramoncín. Este año Peret ha sido la gran estrella de la muchachada de greñas y pantalones de pitillo. La cuestión merece un análisis casi sociológico. Probablemente la única razón es que al final del día, la honestidad y la modestia acaban recibiendo sus frutos. Y las modas son esas cárceles del pensamiento que al final, por suerte, siempre se acaban derribando para dejar en libertad a los mejores. Peret es uno de ellos. José Manuel Gómez, crítico de El Mundo y especialista en rumba, afirmaba ayer que cuando vió tocar de niño la guitarra a Peret comprendió que Elvis era un advenedizo. Quizá exagere pero ilustra la admiración que de repente ha levantado en este país quien hasta no hace mucho era un apestado cultural. 

Ayer Peret demostró su grandeza en Lanuza con un catálogo de genialidades que nacían de su talento y, sobre todo, de su larga vida. El resto tendremos que vivir cuatro vidas para alcanzar a ver lo que él ha visto. Un amigo me contaba anoche que coincidió con él en Zaragoza el pasado mes de octubre: "Maestro -le preguntó-, ¿todavía sigue predicando?; no amigo, -le contestó- que ya no cuela". Otro golpe de efecto. Después le presentó a su novia de 19 años. Lo espiritual no vale nada cuando lo carnal tiene tanta pujanza.

La noche caía en Lanuza y las mansas aguas del pantano pasaron a ser cristal, un espejo en el que se reflejaba la luna y las cumbres del valle. Me imagino que en una tarde como ésta hace casi dieciocho años Luis Calvo y compañía decidieron que éste era el lugar idóneo para inventarse un festival. Me los imagino sentados en la ladera junto a las casas espaldadas de Lanuza en plena ensoñación, ensimismados con La Foratata a la derecha y el agua en los pies. Me los imagino buscando las claves racionales para explicar semejante desvarío, vistiendo de sentido el sinsentido de un proyecto cultural que a principios de los noventa necesitaba los arrestos de un explorador insensato e inconsciente. Así quiero imaginar que nació y así cumplirá el próximo año 18 años. Bendita mayoría de edad.

La foto es de Pilar Hurtado.

11/07/2008 20:02 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Erykah

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Llevo unas semanas escuchando casi exclusivamente el último disco de Erykah Badu, “New Amerykah”. Me suele ocurrir siempre: exprimo un CD hasta el agotamiento de manera excluyente, sin compasión hacia el resto de mi discoteca. Después, cuando la cosa no da más de sí, cuando amanece el aburrimiento, me entrego perdidamente a un nuevo disco y así sucesivamente. Luego pasan los meses y a veces hasta los años y redescubro con arrobo aquellos fogonazos deslumbrantes que en su día me habían obnubilado. Estas historias de amor y desamor con la música son fascinantes porque tienen algo del complejo dédalo de las relaciones humanas. Los reencuentros reviven los pasados felices y refuerzan la vigencia de unas sensaciones cautivas. No hay nada más redentor que la música.

            Se suele otorgar con demasiada ligereza la condición de “nueva reina del soul” a toda cantante de color que irrumpe en el panorama musical con característica voz desgarradora (cargada de matices cromáticos se entiende), remedo de Aretha y Ella; epígono estético de Billie y Diana; y todo ello bañado en algo de almíbar y un poco de ron para que el mejunje resulte más auténtico. Pero en los últimos veinte años ninguna de esas promesas pregonadas ha culminado el proyecto para el que fue creada. ¿Alguien se acuerda de Lauryn Hill? ¿Qué fue de la frágil Whitney? ¿Y Macy Gray? Tampoco la fútil Shola Ama aguantó el empuje irreverente de las leyendas de la Motown. Ahora la convulsa Amy Winehouse se despereza en un memorable empacho de soul de manual y la aditiva Duffy empuja melancólica el personaje que le han adjudicado. Ninguna progresará.

            Erykah Badu (su verdadero nombre es Erica Wright) es la única. Inimitable e irrepetible. La tejana se curtió en los primeros ensayos serios del hip hop con formaciones que ya son clásicas como The Roots o Arrested Development. En esos tiempos maleó el hormigón con el que construyó las sólidas bases de un discurso filosófico y existencial que nada tiene que ver con la tradición inocua de la factoría de Detroit. Ese fue su primer éxito.

            Erykah forjó una personalidad propia y diseñó una estética y unos códigos de conducta refractarios de los modos burgueses y banales de Berry Gordy, el magnate de Tamla. Por lo tanto, era digna sucesora de las grandes divas del soul pero su compromiso iba mucho más allá que el de ser simple heredera de un legado cultural formidable. Erykah podía ser lo que fueron ellas pero nunca sería como ellas. Tenía suficiente personalidad y carácter para romper las estrictas normas de consumo.

            El soul y el funky son probablemente los territorios más encorsetados de la música. La tiranía de los productores y su desproporcionada influencia en el producto final han menguado talentos impresionantes y han magnificado terribles fraudes. Sólo Marvin Gaye en 1971 logró romper esa esclavitud estilística cuando creó “What’s going on”. Hasta entonces y, por desgracia, después de aquella extraordinaria excepción, los cantantes y sus canciones fueron lo que quisieron sus productores. Eran tan sólo un producto de consumo envuelto en una instrumentación de ensueño.

            Erykah Badu publicó en 1997 su primer disco, “Baduizm”, un conjunto de espléndidas canciones rodeadas de una atmósfera de jazz y soul que proyectaba todo el espacio de sus influencias musicales. Ese mismo año editó un disco en directo “Live”, que pasa por ser una de las más sofisticadas grabaciones de las últimas décadas. Hay momentos de ese concierto en los que el público entra en una especie de éxtasis colectivo que recuerda los efectos devastadores que provocaba Marvin Gaye o Sam Cooke en sus directos. La leyenda dice que eran capaces de provocar el orgasmo en algunas mujeres sólo con su voz. En los discos estas cosas no se ven, ya se sabe, pero podrían intuirse con algo de atención. El momento culminante es “Stay”, pero también es fascinante el guiño al estándar por excelencia del jazz: “So what” de Miles Davis. “New Amerykah”, el disco que acaba de publicar, es un cortocircuito de sensaciones. Erykah es capaz de cantar con voz de terciopelo en ese registro de diva del jazz y rasgar con la zarpa de un felino cuando se lanza por la senda de Sly Stone. Hay suaves melodías deudoras del espíritu de la Motown y carpetazos de hip hop, herencia directa de los tiempos de Arrested Development. Todo el disco es una exuberante muestra de poderío y talento que huye de la impostada estética de la música negra más comercial y agresiva. No hay ni cadenas de oro ni ese forzado rictus de clase marginada. Erykah lleva encima todo el peso de la leyenda del soul y lo sabe. Sabe que ella es la única reina, la auténtica. 

30/05/2008 14:15 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Sabino

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Loquillo acaba de publicar nuevo disco en solitario y Sabino Méndez ha vuelto a escribir buena parte de sus canciones, como ocurrió hasta que en 1989 se tiraron los trastos y protagonizaron uno de los choques de trenes más devastadores de la historia del rock español. “Balmoral” es un excelente disco pero la noticia es que Sabino ha vuelto con el Loco. En 2005 se produjo el primer acercamiento cuando Loquillo y Trogloditas grabaron en Bilbao un directo para reeditar con EMI el “A por ellos...”, aquel mítico doble que forma parte de la leyenda musical de este país. Sabino volvió a subirse al escenario con ellos y de nuevo tocó su guitarra. Ese disco del 89 fue la cima de popularidad de Loquillo y la traca que encendió el fuego de un odio entonces irreconciliable. Incluso en aquella portada estaban todos menos Sabino.

En las cajas en las que conservo desde hace años recortes de prensa, artículos que en su día me parecieron interesantes o periódicos de fechas señaladas, guardo un artículo que escribió Sabino Méndez en 1989 en la desaparecida revista musical Boggie. Era el anuncio de su ruptura definitiva con Loquillo. Lo titulaba “El escenario está donde tú quieras”. Lo he ido a buscar hoy a esas cajas y después de hurgar durante un buen puñado de minutos lo he encontrado. Su inconfundible tono amarillento le delata. Llevaba escondido en esa caja casi 20 años.. Estaba junto a un ejemplar de El País del día que cayó el Muro de Berlín, otro del golpe de estado en la antigua URSS en 1991 que supuso el fin de la era Gorbachov y la irrupción de Yeltsin; guardaba otro de la inauguración de los JJOO de Barcelona, uno más con el fusilamiento de los Ceausescu en Rumanía en 1989... casi dos décadas de historia concentradas en trozos acartonados de papel amarillo de periódico.

No sé por qué guardé en su día ese artículo de Sabino. Recuerdo que me enganchó su sinceridad y su honestidad. Se iba del circo sin rajar, sin caer en la tentación de verter “toneladas de mierda sobre José María Sanz”. Había una poderosa razón que se imponía sobre el resto: “Loquillo y Los Trogloditas cada día eran más Loquillo y menos Trogloditas”. Fue su elegante forma de anunciar que ya no aguantaba más la soberbia y prepotencia del Loco, su manera de entender el negocio y su tendencia a oscurecer con su alargada sombra el brillo de los que le rodeaban. Sabino es el compositor de algunas de las mejores canciones del rock español. “Cadillac Solitario”, “El Rompeolas”, “El ritmo del garage” o “Rock and Roll Star” son muchos de los sonidos que gravitaron en nuestra adolescencia y nos proporcionaron los primeros referentes musicales. Cuando éramos los mejores, o creíamos serlo en pleno atracón adolescente, como me recordaba el otro día mi amigo Enrique. Para nosotros esas canciones fueron de Loquillo pero en realidad eran de Sabino. Siempre admiré esa discreta generosidad del compositor y su convencida condición de subalterno de la estrella.

Sabino decía en aquél artículo respecto a Loquillo que “tenemos un montón de criterios divergentes sobre multitud de cosas, pero siempre agradeceré a quien corresponda los ocho años tan divertidos que he pasado junto a él. Han sido muchos buenos momentos y nos complementábamos bien. Sé que Loquillo es muy odiado en ciertos ambientes por su especial idiosincrasia y no pienso darles munición a sus detractores. Creo que El Loco ha sido realmente importante para la música de este país y me enorgullezco de haber viajado junto a él”. Aun hoy me sigue admirando la elegancia verbal de su despedida, cuando otros en sus misma situación hubieran tirado de rodillo para machacar el mito odiado. Sabino no lo hizo, y es posible que por esa razón decidiera guardar hace 19 años su artículo, porque pensé entonces que algún día me serviría esa lección de honestidad e integridad en parecidas circunstancias.

Sabino no sólo hablaba de su marcha de Trogloditas. Los 80 se iban también y eran tiempos de reflexión ante lo que venía. Entonces ya lamentaba que la música popular no estaba en su mejor momento. “Esto de los grupos que empezamos en los ochenta ya ha llegado a un extremo desmesurado. Las presiones de la industria y del mercantilismo están llegando a extremos insoportables. La creación ya no es creación, sino masificación. Hay que hacer un disco al año para garantizarse las galas veraniegas”. Eso le escribía Sabino en 1989, cuando ni siquiera podía sospechar que no muy tarde llegaría internet y después O.T.

No sé si hay que leer con nostalgia estas líneas. Al fin y al cabo, de ellas nuevamente se deduce que cualquier tiempo pasado no fue mejor. Vivimos en un eterno bucle. El pasado miércoles en el programa “La Ventana” de Gemma Nierga se reunieron Loquillo, Jaime Urrutia y Ariel Rot para conversar en el fantástico espacio semanal que tienen estos dos últimos. Tanta concentración de talento no podía decepcionar; y no lo hizo. El Loco habló de su reconciliación con Sabino y lo resumió con una frase cautivadora: “nos reunió la nostalgia. Necesitábamos saber que podemos seguir contando con los amigos de siempre, que son con los que hemos crecido”. Uuuffff

25/05/2008 22:38 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Minutos musicales

 

Voy a estar una semana fuera por motivos profesionales. Dudo de que encuentre tiempo para publicar algún post, así que en un gesto mezcla de previsión y vagancia, os dejo con unos minutos musicales (una canción para cada día de la semana), como si fuera la Carta de Ajuste: "estamos a la espera de recuperar la señal...". Son algunas de las cosas que me siguen haciendo vibrar exactamente igual que la primera vez que las escuché. Va por vosotros... y también por mi.

Lunes

Frank Sinatra

"I’ve got you under my skin"

Martes

Miles Davis & John Coltrane

"So what"

Miércoles

Ella Fitgerald

"Misty"

Jueves

Rolling Stones

"Fool to cry"

Viernes

Massive Attack

"Unfinished simpathy" 

04/05/2008 14:16 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

Discos

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Me gustó por su clarividencia el artículo publicado hace una semana por el crítico musical Diego Manrique en El País. Yo, que nunca me he descargado una canción de internet y que sigo asistiendo ingenuamente a la compra de un CD como un acontecimiento de gran significado personal, comparto la crítica hacia esa hipocresía general que alimenta la crisis de la industria musical. Pienso que todos tienen (tenemos) nuestra cuota de culpa circunscrita casi siempre a pequeños gestos profundamente delatores. Desde los grandes magnates de las discográficas hasta el último consumidor de ese producto cultural que es la música, todos achican agua con cubos de plástico en un barco bombardeado en su línea de flotación. Nadie cree en lo que está haciendo pero nadie para.

El pasado sábado se celebraba en Estados Unidos y Canadá el Día de la Tienda de Discos. De las tiendas independientes, naturalmente, no se trataba de las cadenas que venden pocas referencias (o que obligan, caso de Wal-Mart, a fabricar discos censurados que no polucionen los oídos de esos clientes que se la cogen con papel de fumar). Se pretendía destacar el papel social de esas tiendas llevadas por gente que ama la música, gente que cuida de personas aquejadas de la misma enfermedad.

Cuentan que fue una gran fiesta, con conciertos de pequeño formato, presencia de superestrellas (¡Metallica charlando con sus beligerantes fans en una tienda californiana!), ediciones especiales a la venta solamente durante el sábado, regalitos, sesiones de DJ a cargo de algunos ilustres clientes. Una celebración urgente: sólo en EE UU, han desaparecido más de tres mil puntos de venta en los últimos cinco años. En España, no tenemos estadísticas fiables pero la situación luce catastrófica.

Las causas son bien conocidas. En su inefable ceguera, las discográficas penalizan a las tiendas modestas, bien con condiciones onerosas o bien favoreciendo a los grandes comercios. Aunque el mayor enemigo, sin duda, son las descargas: Internet hace prodigios por la difusión de la música, pero está resultando fatal para los minoristas del disco. Lo siento: la excusa habitual de "me lo bajo y, si me gusta, me compro el CD" no casa con el descenso de ventas y la consiguiente ola de cierres.

Aquí, algo semejante sería difícil de materializar: las compañías desprecian a las tiendas pequeñas ("pagan mal...hacen pedidos ridículos"). Además, nuestras estrellas no compran discos, como si el acudir a una tienda de música fuera síntoma de falta de inspiración (curioso: nuestros astros van a las librerías, convencidos de que adquirir un tomo de Paulo Coelho les proporciona caché). Su insensibilidad al respecto resulta apabullante. Hace unos años, entrevisté a ese cantante que va de tipo humilde. Me explicaba muy convencido que detestaba los centros comerciales, los grandes almacenes, las cadenas: "Lo mío son las tiendecillas de barrio". Dado que controla muy de cerca todo lo que se hace con su producto, le pregunté inocentemente si se ocupaba de que las tiendecillas pudieran despachar sus discos a precio competitivo. Su confusión parecía genuina: "No... yo no me puedo meter en esas cosas... Podría enfadarse El Corte Inglés".

Entre todos la mataban y ella sola se moría. En España se alza un coro de plañideras cuando los cines caen ante las fuerzas inmobiliarias. Y si echa el cierre una librería emblemática en cualquier ciudad, el escándalo siempre es general. Sin embargo, dejó de funcionar Discoplay y no he visto el más mínimo reflejo en la prensa. Discoplay, que nació como tienda cara al público en la Gran Vía madrileña, se recicló en servicio de venta por correo y, a lo largo de sus treinta años de vida, hizo más por la difusión de la cultura que algunos ministros del ramo.

En realidad, las tiendas de discos son focos musicales, puntos de encuentro, nudos del tejido cultural. Como tales, deberían ser mínimamente protegidos, aunque sólo fuera para evitar la homogeneización del paisaje urbano, invadido por los Zara y los Starbucks. Me adelanto a las objeciones. Acepto que las disquerías no siempre son lugares acogedores: abundan los dependientes impertinentes, al estilo de Jack Black en Alta fidelidad, por no hablar de los tenderos demasiado cool. Y tampoco deben ser necesariamente lugares diminutos. Para muchos, entre los que me cuento, hay pocos recintos más sagrados que los tres establecimientos de Amoeba en California, hangares donde caben todas las músicas: aparte del stock profundo, cumplen las reglas de los precios moderados y los empleados eruditos; ellos editan incluso un fanzine donde comparten sus hallazgos. Como debe de ser.

 

28/04/2008 17:08 Autor: juangavasa. #. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

What's going on

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Me gusta recrearme con el hecho de que nací el mismo año en que Marvin Gaye publicó “What’s going on”; 1971. Será una veleidad adolescente pero me divierte fomentar esta casualidad y pensar que mientras yo pedaleaba en el útero de mi madre un tipo estaba a punto de cambiar el curso de la historia de la música en el lejano Detroit.

            Para muchos, entre los que me encuentro, éste es uno de los mejores discos de todos los tiempos e incluso sería capaz de aseverar según qué días que indiscutiblemente es el mejor. No sólo por su valor musical sino por su repercusión en todo lo que vendría después.

            “What’s going on” sigue siendo hoy uno de los discos más influyentes y analizados de toda la historia, un álbum conceptual que transformó para siempre la vida de su autor y marcó una gruesa línea entre su pasado almibarado y su futuro comprometido y combativo.

            Marvin Gaye llevaba varios años triunfando como uno de los valores más seguros y rentables de la mítica Tamla Motown, dirigida por el ambicioso Berry Gordy, un personaje de fino olfato y certeras intuiciones. Gaye aspiraba a rivalizar con Sinatra o Nat King Cole pero se quedó en representante de una generación que suspiraba con sus inolvidables y fogosos duetos románticos que sublimaban su imagen de soulman; Mary Wells, Kim Weston y, sobre todo, Tammi Terrel, con quien firmaría el hermoso “Ain’t No Mountain High Enough”.

            Pero mientras la factoría de Gordy producía decenas de singles que inundaban los primeros puestos de las listas de discos, en Estados Unidos estaban pasando muchas cosas. El país estaba inmerso en la guerra de Vietnam, Nixon gobernaba en Washington, los derechos civiles movilizaban a la población de color, las drogas causaban estragos en el otoño de la revolución hippie y el deterioro ambiental comenzaba a levantar conciencias. Estados Unidos había perdido la inocencia definitivamente y el soul vitamínico de letras intrascendentes de la Tamla era un duro contraste.

            Marvin Gaye, un personaje marcado por una dura infancia –su padre lo educó con mano de hierro-, y eternamente insatisfecho sintió que se agotaba el producto musical que representó con solvencia durante los 60 y comenzó a explorar nuevos trayectos. Envuelto en brumas y cerca del abismo artístico, Gaye se lanzó a trabajar en el que sería el primer álbum sobre el que tendría un control absoluto.

            Abandonó el discurso estilístico de la Motown y se adentró en las alcantarillas de una sociedad que tenía serios problemas. Así nació un disco íntimo que era fiel reflejo del signo de los tiempos: política, esclavitud, guerra drogas… con “What’s going on” el soul dejó atrás la plácida adolescencia y maduró de la noche a la mañana. Fue el primer disco conceptual que abordó sin complejos las miserias de una sociedad convulsa y desconcertada.

            Tal fue el impacto en la factoría de Detroit que Berry Gordy se negó a editar el LP porque lo consideraba excesivamente político y escasamente comercial. Probalemente le preocupaba más la segunda razón. Pero Gaye se hizo fuerte y se negó a aceptar cualquier condición que limitara su caudal creativo. Gordy aceptó que se publicara como anticipo el single “What’s going on”. Fue uno de los mayores éxitos comerciales de la historia de la compañía.

            El LP vio la luz en abril de 1971. Producido por el propio Gaye, sus maravillosas orquestaciones, la sensual cadencia de sus ritmos, los lujosos saxos y la voz  en plena madurez de Marvin lo convirtieron de inmediato en un acontecimiento musical. Nada volvería a ser igual. Stevie Wonder, Curtis Mayfield, Michael Jackson, Prince… todos son hijos de “What’s going on”.

            37 años después Estados Unidos tiene otra guerra y un negro aspira a ser presidente del país.

 

“Padre, padre, no necesitamos ascender. Verás que la guerra no es la respuesta. Sólo el amor puede conquistar el odio. Sabes que tenemos que encontrar una manera para atraer el amor hoy. Piquetes y pancartas, no me castigues papa con brutalidad, ven, háblame para que tú veas lo que está pasando”.

What’s going on

 

04/03/2008 22:28 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Sephira

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Ayer llegó Karen, la divertida mujer de Tony, mi cuñado. Ella es irlandesa y, por lo tanto, amante de las conversaciones interminables, el buen vino y la diversión. Los irlandeses y los españoles nos parecemos mucho, aunque sigo envidiando de ellos que tuvieran a Phill Lynot, Gary Moore, los primeros U2, Sinead O’Conor y tantos otros. Estuve en Dublín en diciembre de 2005 y por razones laborales tuve el privilegio de asistir en directo a un concierto privado del terceto Sephira, una maravillosa formación compuesta por la vocalista y violinista Joyce Oleary, su hermana Ruth Oleary y el pianista Colm Henry.

            Varados en la mejor tradición musical irlandesa, su sonido de formación académica se enreda entre voces angelicales y el fondo aterciopelado de unos violines que no suenan; susurran y acarician. La belleza melancólica, casi gótica, de las dos hermanas provocó un efecto hipnótico entre los que aisistíamos embelesados al hallazgo. Parecían pintadas por Modigliani. Sephira es la auténtica expresión de lo exquisito, me temo que lo que alguna vez pretendieron sólo en su ensoñación otros irlandeses y otras hermanas, The Corrs. Nada que ver, salvo la belleza de ellas.

            Ayer volvimos a escuchar a Sephira en honor de Karen.



19/02/2008 09:23 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 2 comentarios.

Premios

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Herbie Hancock ha sido el gran triunfador de la última edición de los Grammy. Una de las últimas leyendas vivas del jazz acumula los premios más importantes (mejor disco del año) del galardón más comercial, previsible, superfluo y convencional de la industria musical. Sería una excelente noticia si los premios significaran algo, pero detrás de esa aureola de prestigio no hay más que combustible para el ego, que es la máquina que alimenta el mundo de la creación. Y dinero, más dinero.

            Hace tiempo que no creo en los premios; en ninguno de ellos. Siempre he pensado que el oscuro secreto que guía a algunos de sus promotores es ser ellos mismos los receptores algún día de su criatura. Así se cierra el círculo y todos estamos contentos. Tranquilo muchachos que habrá para todos. Los premios Nobel sirven para poner a prueba nuestra culturilla general, sobre todo los de Literatura y la Paz, que son los únicos en los que todo el mundo tiene opinión aunque no se sepa de qué se está opinando. Lo de economía o ciencia es un rollo que a nadie interesa, claro está. 

Reinterpretando a Groucho diría aquello de que no puedo aceptar unos premios que nunca premiaron a Lorca o Machado, por poner ejemplos cercanos. Y aquí, lo siento, soy intransigente. La reciente apertura de los archivos de la academia sueca ha puesto al descubierto la zafiedad oportunista de los criterios manejados por los académicos en sus deliberaciones. Escribes bien pero hablas demasiado; me gusta cómo escribes pero no cómo piensas… así que no hay nada que hacer. Qué pena, si a éste no lo hubieran fusilado por maricón y rojo igual le hubiéramos  premiado… pero ya es demasiado tarde.

Pero parece que estamos subidos en una corriente en la que lo propio y recomendable es conjeturar sobre los premios como si fuéramos alquimistas de la incertidumbre y lo arbitrario. Nos gusta especular con las especulaciones de los jurados y nos encanta todavía más hacer esas quinielas que sólo sirven para alimentar los mitos sobre los que se han construido tantos premios que sólo tienen piel; no hay ni vísceras ni pulmones y muchos menos corazón. 

¿Alguien sabe de dónde procede el supuesto prestigio internacional de los premios Príncipe de Asturias? A estas alturas ya parece algo incuestionable pero yo creo que fuera de aquí pasan desapercibidos. En este país todos los medios de comunicación ya sólo se refieren a ellos con la concesión previa de esa categoría que, a mi entender, debe de usarse con infinita prudencia. Eduardo Haro Tecglen hace tiempo recordaba que era muy español lo de pasarse en los elogios, casi tanto como en las críticas. Cuando leía que una obra de teatro había triunfado “de forma memorable y unánime” en su primera representación fuera del país, él solía acudir a la prensa de ese país extranjero para  comprobar que o pasaba desapercibida o sólo era objeto de escarnio. Y en todo esto los medios tienen buena culpa. Se otorga el dogma de la infabilidad al desconocido jurado de turno que toma decisiones, supongo, con criterios arbitrarios y subjetivos influídos por cómo se ha levantado ese día..

            La tentación es libre pero me niego a seguir el juego. Los Goya son el esperpento versión hispana con su punto rancio y kitsch. Hay premios para todos, y si no nos ha dado la gana darte uno no te preocupes que cuando estés a punto de morir nos inventaremos otro para tapar todos los feos que te hemos hecho en vida. ¡Será por premios! Y los Oscar… ahí reconozco que lo tengo más difícil. Nunca he visto una gala de entrega por la televisión; suelo dormirme demasiado pronto y me aburre tanto esa liturgia de agradecimientos y falsas pulsiones que azuza mi pereza congénita. Pero, lo dicho, aquí juego en campo contrario y no poseo el balón.

            A Elia Kazan le dieron un Oscar honorífico a toda su carrera, incluida supongo su etapa de confidente y dedo acusatorio de sus compañeros en la peor etapa del macarthismo. Pero era lo políticamente correcto y para eso los americanos no tienen pudor. No los tuvieron tampoco para loar a Nixon el día de su muerte, banalizando casi el episodio de su dimisión como consecuencia del pequeño desliz del Watergate. Una chiquillada.

            Perdón por la digresión. Hablaba de Kazan pero quería hablar también de Clint Estwood, premiado por la menor “Million Dollar Baby” en compensación por la huérfana y excelsa “Mistyc River”. A eso me refiero, a la injusticia histórica de los premios, a la falsa apariencia de objetividad y rigor cuando lo que se lleva entre manos es el poder de decidir y manipular, de ensalzar y de humillar, de conceder y negar, de premiar y de castigar. Las trayectorias quedan supeditadas al momento, encapsulado en una suerte de gloria efímera que congela la parte por el todo. Hay tantos castigos históricos como reconocimientos memorablemente injustificados en la trayectoria de los Oscar.  El premio como medio, no como fin.

            Quizá el único honesto sea el Planeta. El que se presenta lo hace por la pasta y el que gana no hay duda de que exulta de alegría por los 100 millones de pesetas (50 después de impuestos) que le han tocado. No hay imposturas ni falsa retórica. Lo del prestigio y el honor está muy bien pero 100 kilos son 100 kilos. Así que volviendo a los Grammy de este año, uno que adora el jazz asiste indiferente al premio al mejor álbum del año que ha recibido Hancock por su excelente revisión de la obra de la canadiense Joni Mitchell en “River: The Joni Letters”. Pero inevitablemente el premio es sospechoso. Desde el memorable y lejano encuentro entre Stan Getz y Astrud Gilberto no se había vuelto a premiar un disco de jazz fuera de su categoría. Ahora le toca al autor del magistral “Maiden Voyage” con un disco que ni de lejos es el mejor de su trayectoria. Justicia a medias. Supongo que alguien habrá tocado arrebato y se habrá convenido que era necesario abrir la ventana para que entrara aire fresco; para volverla a cerrar de inmediato por si alguien se enfría. No es bueno cuestionar la industria ni experimentar demasiado. En 2009 seguro que volveremos por donde solíamos transitar: U2, Santana, Madonna, Beyoncé… en su estertor camuflados como lo más “cool” del momento.

            Por cierto, ha muerto Henri Salvador. Hasta siempre maestro.



15/02/2008 12:49 Autor: juangavasa. #. Tema: Música Hay 1 comentario.


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