Blogia

Juan Gavasa

Derechos humanos

Derechos humanos

Dicen los dirigentes olímpicos que no hay que mezclar política y deporte. Algo parecido cuenta la leyenda que solía decir el dictador Franco: "no hay que meterse en política". Para quien ostenta el poder y lo ejerce de forma déspota es un buen consejo, un cínico consejo. Comienzan hoy los Juegos Olímpicos de Beijing y por desgracia se está hablando de todo menos de deporte. Era el riesgo que asumieron los dirigentes del CIO cuando eligieron a la capital china, así que no tiene que resultar difícil buscar responsables del desaguisado mediático. El convulso recorrido de la antorcha por medio mundo fue la constatación de que hay cosas que no se pueden acometer con total impunidad.  Han prohibido también a los deportistas que hagan declaraciones sobre política aludiendo a uno de los artículos de la Carta Olímpica. ¿Exigir que se respeten los derechos humanos es hablar de política? ¿Denunciar la falta de libertades de una dictadura es política?. Yo creo que es un ejercicio de dignidad y responsabilidad,  y aunque los deportistas tienen otras obligaciones, no es menos cierto que su proyección mediática es muchas veces el único altavoz que pueden utilizar quienes sufren una silenciosa opresión. Pero el movimiento olímpico no quiere que el deporte sea un medio para cambiar la sociedad.

Los Juegos Olímpicos de Pekín son un negocio formidable para el propio CIO, para sus patrocinadores y para las televisiones que poseen los derechos de retransmisión. Para China es la oportunidad que necesitaba para legitimarse ante el mundo como la gran potencia emergente que aspira a ser; un lavado de cara para crecer sin dejar de ser lo que era. Como decía Lampedusa: cambiar para que nada cambie. ¿No es esto política? Está claro que sí. Pero hay una política consentida y otra demonizada; una que procede de poderosas fuerzas y otra que seguirá marginada cuando acaben los Juegos. Por eso aprovechan como pueden la última oportunidad posible para que el mundo conozca su drama.

Dicen también que lo importante son los deportistas y el deporte, que los Juegos Olímpicos es un acontecimiento exclusivamente deportivo. Si fuera así probablemente no habrían aceptado los índices de contaminación que van a sufrir muchos atletas en sus competiciones. Es otra de las concesiones que se ha realizado al gigante chino en beneficio del negocio. Los deportistas nuevamente son la excusa para montar el circo. Y enmedio están los periodistas, sometidos a una censura inadmisible en un estado de derecho. Cuando hoy se inauguren los Juegos el deporte asumirá el protagonismo que merece y las grandes figuras deslumbrarán. Phelps, Bryant, Nadal, Bolt, Powell, Federer, Gay, Isinibayeba... ellos serán los únicos capaces de borrar por un instante la ignominia. Cuando acaben sabremos que los Juegos Olímpicos de China pertenecerán a la historia de la infamia, como pertenecen los de Berlin 1936 o el Mundial de Fútbol de Argentina de 1978. El deporte no lo explica todo.

Ramón y Conchita

Ramón y Conchita

El 6 de agosto de 1936 salen detenidos de su casa en la calle Cortes nº 3 de Huesca Ramón Acín y Concha Monrás. No volverán. Ramón es fusilado esa misma noche en las tapias del cementerio. Unos pocos días después, el veintitrés, sufrirá la misma suerte Conchita junto a un centenar de oscenses. La visión que este feroz acontecimiento tiene en los documentos oficiales de los vencedores describe también su vileza.

 

El certificado de defunción de Ramón Acín, expedido cuarenta y dos años después, señala su inscripción fuera de plazo (el 10 de mayo de 1937) y en él se puede leer:

… Fallecido en Huesca el día seis de agosto de mil novecientos treinta y seis sobre las once de la noche en refriega habida con motivo de Guerra Civil. Huesca 22 mayo mil novecientos treinta y siete.

 

El expediente incoado por la prisión de Huesca sobre Concha Monrás se abre el día 6 de agosto. Diecisiete días después se cierra con la siguiente anotación:

23 Agosto 36. Es puesta en libertad en virtud de la Comandancia Militar la cual se une al expediente de Desiderio Compte Vidal.

Se dá cuenta

 

El acta de su defunción, expedida al día siguiente dice:

…fallecida en Huesca el día de ayer entre las horas de trece a veintiuna a consecuencia de herida de arma de fuego…

 

La otra cara la da este testimonio que os invitamos a leer. Se trata de un homenaje publicado en el periódico Nuevo Aragón. Tres de los que escriben fueron alumnos de Acín y todos luchadores por la libertad frente al franquismo y, los supervivientes, en la II Guerra Mundial. Francisco Ponzán y su hermana Pilar fueron galardonados por los gobiernos aliados por su activa lucha contra el nazismo. Francisco no recogería la medalla. Fue quemado vivo pocos días antes del final de la ocupación alemana en Francia.


 *Este texto fue remitido de madrugada, cuando se conmemoraba el 72 aniversario de la ejecución de Ramón Acín, fusilado tal día como hoy, y de Concha Monrás, poco días después.

Kind of blue

Kind of blue

Hay días en los que acuesto a mi hijo con "Blue in Green" de fondo. He comprobado que la trompeta con sordina de Miles es una dulce nana en los oidos de mi pequeño de casi dos años. Hay días en los que el sueño se hace fuerte y sólo claudica cuando irrumpe "Flamenco Sketchs". Hay días incluso en los que mi pequeño cierra los ojos con la primera; con "So What". Hay días en los que esa maravilla que se llama "Kind of blue" acaricia nuestra piel y juguetea por todos los rincones de la casa, buscando recovecos perdidos a los que asirse para no desprenderse nunca jamás. Hay días en los que Miles parece que está junto a nosotros, tocando suave y despacito mientras le leo a Ethan su último cuento. Hay días en que levanto la cabeza y le veo junto a la cuna, pero siempre le veo con el rostro juvenil que tenía en 1959, cuando se reunió con Wynton Kelly, Bill Evans, John Coltrane, James Cobb, Paul Chambers y Julian "Cannonball" Adderly para grabar el momento culminante de inspiración de la historia del jazz. Hay días que me emociono escuchando una vez más "Kind of blue".

Lo estoy escuchando nuevamente. Ethan duerme y Sylvia ha salido de cena. Es una calurosa noche de agosto, perfecta para quedarse atrapado en los acordes melancólicos de un disco irrepetible, fundamental para entender muchas de las cosas que han ocurrido en la música en las últimas décadas. Además hay una coincidencia que yo no puedo pasar por alto; "Kind of blue" vio la luz un 17 de agosto de 1959 y yo nací un 17 de agosto de 1971. ¿No creeis que es maravilloso? Anécdotas a parte, el album es la obra maestra de Miles Davis; un trabajo del que se han escrito tantas cosas y todas tan condescendientes que abruma la unanimidad que genera. Uno de esos pocos discos que, como escribía hoy Antonio Muñoz Molina en Babelia, "por más que se escuchen siempre quedan por encima de su propia leyenda".

El album se grabó en dos únicas sesiones, lo que explica el momento irrepetible de inspiración y confirma la mayor concentración de talento por metro cuadrado jamás vista. Incluso el gran John Coltrane aceptó asumir un papel de subalterno en la grabación para que no quedara duda de la propiedad de los galones. De "Kind of blue" se han dicho muchas cosas pero quizá la más certera es que su publicación cambió el rumbo del jazz y rompió el colapso en el que estaba sumido desde que el be bop lastrara la creatividad de los músicos solistas. Miles Davis, que probablemente no ha sido el mejor músico de jazz de la historia pero sí el más visionario e innovador, inventó junto a Bill Evans -a partir de esquemas copiados de la música clásica- el jazz modal, un nuevo marco compositivo que permitía mayor libertad de movimientos a los músicos en sus ejercicios de improvisación. En la práctica consistía en tocar un único acorde en todo el tema y los músicos solistas improvisaban sobre él. Un brusco cambio respecto a los esquemas anteriores, en los que las progesiones y los férreos cambios de acordes apenas dejaban espacio para el lucimiento de los artistas.

"Kind of blue" es el resultado primoroso de esa experimentación, un ejemplo notorio de que la sencillez sonora no está reñida en absoluto con la calidad. Un mar de sonidos relajantes y estimulantes que parecen suspendidos en la atmósfera. Jimmy Cobb, el único superviviente de aquella grabación, dijo una vez: "¿Cómo iba a sonar mal con los músicos que había?". Aslhey Kahn, autor del libro "Miles Davis Kind of Blue. La creación de una obra maestra", lo resumió con claridad: "hay melancolía en su sugestión de lo efímero, serenidad en su profunda reserva y simplicidad". Pero creo que realmente lo que ocurrió es que aquellos músicos formidables e irrepetibles tocaron como le gustaba a Miles: "cuando toca, lo hace como si no tuviera que volver a tocar esto nunca jamás". Ha pasado casi medio siglo desde aquella grabación y lo que ocurrió con Kind of Blue" marcó definitivamente a numerosas generaciones de músicos de otros estilos como el rock o el pop. Todos asimilaron los modos y ahora forman parte de la música que escuchamos sin saber que proceden de un disco de jazz. Cuando a Donald Fagen le preguntaron si le gustaba "Kind of blue" respondió: "es la Biblia, hombre. La Biblia con mayúsculas".

James Brown según África

James Brown según África

El Festival Pirineos Sur echa el cierre mañana sábado a su XVII edición con un espectáculo que promete hacer historia. Varios artistas africanos se reunirán sobre el escenario flotante de Lanuza para homenajear a James Brown, “el padrino del soul”, uno de los músicos más influyentes, controvertidos y tormentosos del siglo XX. Fallecido en diciembre de 2006, su legado artístico ha servido de referente para decenas de grupos de todo el mundo. Muchos consideran -con razón- que su frenético ritmo contribuyó decisivamente a crear estilos tan populares como el rap, el hip-hop o la música disco. De hecho, ha sido sin duda uno de los músicos más sampleados de la historia. El espectáculo de mañana se ha llamado “Todavía negro, todavía orgulloso”, una paráfrasis que no admite duda sobre el espíritu que mueve a sus protagonistas.

El proyecto que se presenta en el Auditorio de Lanuza está dirigido por los músicos de jazz Pee Wee Ellis y Fred Wesley, miembros relevantes de la banda de James Brown, y cuenta con la presencia de los artistas africanos Cheikh Lô y Angelique Kidjo, que regresa a Pirineos Sur después de haber actuado por primera y única vez en 1995 dentro del proyecto “Wakafrica” dirigido por Manu Dibango. Kidjo no sólo participará en el homenaje a James Brown sino que después también hará su propio concierto en solitario como colofón de lujo a esta edición de Pirineos Sur. Por lo tanto, lo que se pretende mañana es establecer una conexión clara entre el sonido  que creó James Brown y sus evidentes vinculaciones con las raíces musicales africanas. Como indica el crítico musical Javier Losilla, “”Brown, pura dinamita de la negritud y carne de escenario fue, además de un artista único, un intérprete cuya influencia llegó hasta las mismísimas raíces de la música que interpretó: hasta África”.

El saxofonista Pee Wee Ellis se enroló en la banda de James Brown en 1965 y dos años después le nombró director musical, lo que significó una redefinición del sonido del grupo, que quedó plasmado en algunas piezas clásicas del repertorio como “Cold sweet” o “Funky Drummer”. La influencia de Ellis en el rumbo musical de la banda fue de tal calibre que pasó a ser considerado el “inventor del funk”. En 1969 terminó su relación con James Brown e inició una carrera en solitario que combinó con colaboraciones con estrellas de la talla de Van Morrison, George Benson, George Clinton, JB Horns o Maceo Parker, otro viejo colaborador del “padrino”.

El trombonista Fred Wesley militó en la banda de Brown desde 1968 a 1975. Fue arreglista, instrumentista y compositor. A lo largo de su carrera ha colaborado también con Ike y Tina Turner, Ray Charles, Count Basie Orchestra o nuevamente Maceo Parker y Van Morrison. Su característico estilo sincopado a la hora de tocar encajó perfectamente en la textura de voz de Brown y en sus pulsiones sobre el escenario. Ellis y Wesley, dos monstruos del jazz, compartirán escenario con Cheikh Lô y Angelique Kidjo. El primero, nacido en Burkina Faso pero criado en Senegal, es un cantante notable y un timbalero consumado que ha insuflado nuevos bríos al mbalax senegalés. En 1995 convenció a Yossou N’Dour para que le produjese su disco “Né le Thiass”. Esa experiencia marcó definitivamente su rumbo musical, que ya no se desprendería de constantes guiños al funky y la música afro-caribeña.

Angelique Kidko, por su parte, es en la actualidad la artista africana de mayor proyección internacional. La propia Kidjo ha dicho de sí misma: “algunos llaman a lo que hago afro-funk. Pueden llamarlo como quieran pero realmente es difícil catalogar mi música dentro de un estilo. Incluso cuando utilizo la música tradicional no intento crear un solo estilo sino que los mezclo todos”. Esta declaración de principios de la cantante de Benin define perfectamente su trayectoria musical, siempre con un ojo en África y otro en Europa. Su música tiene de todo: una técnica vocal próxima al blues y unos sonidos que se imbrican en los patrones del jazz, el rock y el funk. El pasado año editó su último disco “Djin Djin”, en el que cuenta con la colaboración de toda una constelación de estrellas del rock y el pop: Alicia Keys, Carlos Santana, Joss Stone o Bradford Marsalis. Además se atreve a versionear uno de los clásicos por excelencia del repertorio de los Rolling Stones, “Gimme Shelter”.

Bruce

Bruce

A Sara la primera hora no le gustó. Decía que Bruce estaba entretenido en otros asuntos ajenos a la música, perdido entre los toqueteos de los privilegiados que ocuparon la primera fila del concierto. Decía que la E Street Band andaba perdida y algo torpe, descreída por el acceso mesiánico del Jefe. A Carlos a Grosem y a mi no nos convenció la argumentación de Sara. En verdad a nosotros nada nos puede convencer de lo contrario; ni la peor de la sonorizaciones posibles ni el Bruce menos inspirado. Somos militantes y como tales no admitimos ni la disidencia ni la crítica, aunque sea constructiva. No cabe el quebranto en nuestro espíritu, somos fanáticos y hasta nos ponemos un poco burros cuando alguien osa mentar el nombre de Bruce en vano. Sara lo hizo y las recibió de todos los colores. ¡qué osadía! ¡a nosotros! En "Orquesta Club Virginia" un taxista sirio aseguraba que las naranjas de su país eran mejores que las valencianas. Sus pasajeros españoles -Quique San Francisco y compañía- le destrozaron el coche embrutecidos. Bruce es nuestra naranja valenciana, más o menos.

En Barcelona este sábado el Boss exprimió todas las naranjas y el zumo que nos dio era exactamente el que le habíamos pedido. No nos decepcionó pero tampoco nos sorprendió, fue lo esperado. Pero como su oficio está en unos niveles de coherencia y calidad  insuperables, cada rutina de sus conciertos es un momento extraordinario para la historia de la música. Un instante que pasa por ser tres horas de intensa emoción e iconos sonoros de nuestras vidas. En una semana he vibrado con dos tipos de 73 y 58 años; uno el rey del universo rumbero y el otro del rock contemporáneo. O me estoy haciendo muy mayor y tiendo a la nostalgia o realmente el panorama actual de la industria musical es un páramo creativo. Al igual que el eterno debate sobre la muerte de la novela, en el rock hace muchos años que todo se dejó inventado y lo que vino después fue una reinterpretación de los esquemas fijados. Sobre estas estructuras musicales se ha reinventado la industria una y otra vez a partir de maquillajes aditivos.

No hay mas que comprobar que hoy en día sólo cuatro músicos -todos ellos por encima de los 50 años- son capaces de llenar un estadio de 75.000 espectadores como el Camp Nou. Si fuera malicioso y radical optaría por pensar que en las dos últimas décadas no ha surgido nadie que merezca realmente la pena. Pero no creo que sea así. Sin embargo sí que pienso que esta cuestión biológica tiene algo que ver con la degradación del producto músical y su transformación en un bien efímero. Como he comentado en alguna otra ocasión, hasta no hace mucho la adquisición de un disco era un acontecimiento de relevancia en la trayectoria personal de cada uno. Marcaba de algún modo la trazabilidad en el proceso de construcción de la personalidad y los gustos. Ahora eso se ha relativizado hasta el punto de que los discos ya no se compran sino que se descargan algunas de sus canciones y cuando se han sobado demasiado se borran para dar paso a unas nuevas. Esas canciones, como los besos, se pierden en algún oscuro rincón del olvido.

Los dinosaurios que llenan los estadios pertenecen a un tiempo en el que la trayectoria y la solidez profesional se valoraban como un elemento indispensable para construir los mitos. Los advenedizos y oprtunistas caían por su propio peso y sólo se hacían grandes quienes realmente lo eran. Aunque el divismo es intrínseco a la música, ahora la industria comete frecuentemente el error de construir estrellas de papel que se tiran al primer signo de agotamiento. Pero mientras dura el invento estas estrellas de cartón piedra se vuelven arrogantes y pretenciosos, y se olvidan de que su profesión es la música. ¿Alguien cree que a Bruce se le ha olvidado su trabajo? Leonard Cohen y Morrisey han sido los otros dos grandes triunfadores del fin de semana en el FIb de Benicassim. Demasiada casualidad. El director de un conocido festival de música me decía recientemente que tras diecisiete años de experiencia podía asegurar que las estrellas más rutilantes eran siempre las más cercanas y normales. Los "jóvenes valores" eran los que, por el contrario, le solían tocar las narices con mil exigencias de niño consentido.

Bruce es la coherencia y el sentido de la responsabilidad. Principalmente con la música y con su público, al que le ofrece tres horas de ensueño convencido de que es lo mínimo que puede hacer por quienes han pagado una pasta por verle actuar. De nuevo en Barcelona reeditó el idilio iniciado un 21 de abril de 1981, cuando ofreció el mejor concierto de su vida, según el crítico musical Dave Marsh. Yo no soy especialmente mitómano (tiendo a imaginármelos sentados en la taza del baño como cualquier mortal), pero reconozco que Springsteen me tiene encandilado y siento por él un profundo respeto; no sólo porque me emocionan sus canciones, sino porque sigo creyendo que cree en lo que hace. Aunque Sara siga pensando que flojeó en la primera hora. Puede que sea así, pero yo no me di cuenta.  

Jánovas (2)

Jánovas (2)

Sigo estos días a medio camino entre Sallent de Gállego y Jaca sin perder de vista lo que ocurre con la reversión de Jánovas. En la última semana se ha publicado en toda la prensa una larga serie de entregas informativas que permiten intuir que el asunto no va a ser ni sencillo ni rápido de resolver. Pero almenos sí que he percibido que el sentido común tiende a imponerse sobre el despropósito legal y cada vez son más las voces que exigen un tratamiento especial que no se someta a la tiranía administrativa sino al poder de la razón y el valor intangible del drama humano. Porque como escribía hoy Jánovas no rebla: "tan expropiados creo que debe considerarse en justicia a los que lo fueron legalmente como a los que vendieron creyendo que no tenían más alternativa". Y creo que aquí está el nudo gordiano de la cosa, la poderosa e irrebatible reflexión que explica la necesidad de que la administración sea por una vez un ente al servicio del ciudadano y sea capaz de estar a su altura. Sobre todo porque fue la administración (la franquista), la que promovió un proyecto y lo llevó adelante a sabiendas del grave perjuicio que estaba ocasionando sobre la población afectada. ¿No es más lógico que sea la administración la que indemnice a los ciudadanos perjudicados y asuma las responsabilidades del fracaso social y económico de un proyecto que nunca se llegó a hacer? ¿No sería de justicia que el estado pidiera un perdón simbólico a quienes arrancó de sus tierras sin otro equipaje que la incertidumbre y la desazón en esa España abisal de los 50 del pasado siglo? ¿No sería un inmenso acto de redención que el estado costeara la recuperación piedra por piedra del pueblo que arruinó a golpe de dinamita? Almenos en lo material la administración tiene la capacidad de corregir el desaguisado que cometió. En lo espiritual y sentimental cavó una sima impenetrable de la que muchos sobrarbenses ya nunca podrán salir. Y eso ya no lo puede remediar nadie. El estado es poderoso pero el alma rota de sus ciudadanos es impermeable. Son estas cosas las que no aparecen en los expedientes de expropiación. No hay un apéndice para levantar acta notarial de la estulticia de nuestros políticos.

Como estos días no tengo demasiado tiempo para escribir posts en condiciones, voy recuperando cosas que publiqué hace tiempo y que de repente han adquirido un tono actual sorprendente. Esto me recuerda un aserto que me lanzó hace ya muchos años un periodista jaqués: "para ejercer esta profesión en Aragón hay que manejar tres o cuatro temas porque no hay mas, son los mismos de siempre, nunca se solucionarion y probablemente nunca se solucionarán. Si manejas bien estos temas no tendrás problemas para prosperar". El agua y el problema hidráulico era uno de ellos. El texto que cuelgo a continuación se titula "La tercera transición" y fue publicado en la desaparecida y añorada Trébede en octubre de 2001, pocas semanas después de anunciarse el informe negativo del estudio de impacto ambiental que descartaba definitivamente el pantano de Jánovas. Han pasado siete años y aquí seguimos hablando y escribiendo de lo mismo. Esta tierra es Aragón, tenía razón mi amigo.

Hubo un tiempo en que el Pirineo se desangraba a borbotones como consecuencia de las profundas heridas que le provocaba el desarrollismo, los pantanos y la despoblación. La gente huía o la expulsaban de sus tierras y en su triste marcha dejaban también el orgullo montañés y la conciencia de pueblo entre casas espaldadas, campos yermos y valles inundados. Los sesenta cultivaron en el Pirineo un sentimiento derrotista y un complejo de inferioridad que perduró en el tiempo al albur de estúpidos estereotipos urbanos convenientemente fomentados por la sociedad capitalista. Comarcas como el Sobrarbe iniciaron el siglo XX con 23. 000 habitantes y lo han acabado con 6.000.  Nunca se valorará convenientemente en Aragón la brutal dimensión de la emigración que ha sufrido la montaña en las últimas décadas en beneficio de un confuso desarrollo.

Muchos de los que se quedaron cultivaron cierto furtivismo sentimental, una especie de discreta militancia pirenaica no exenta de razonables dudas sobre la conveniencia de perseverar  o claudicar como lo habían hecho los que se fueron. Vivir cautivos en la tierra que amaban se convirtió en el gran conflicto interno, en la eterna duda existencial. Más tarde llegaron antropólogos e historiadores como Rafael Andolz, Julio Gavín, Durán Gudiol, Enrique Satué o Severino Pallaruelo, que reivindicaron la pervivencia de una valiosa cultura milenaria y alarmaron sobre los riesgos de su decadencia definitiva. Sus libros e investigaciones golpearon en la conciencia de quienes rehuían de sus orígenes por pudor o por simple desconocimiento, y de quienes desde la lejanía oteaban el horizonte montañoso con desdén e indiferencia.

El Pirineo se convirtió entonces en un producto turístico; muy lejos, desde luego, de las inquietudes que habían incitado el trabajo de aquellos estudiosos. Satué decía hace siete años que “el Pirineo está de moda. Lo está como estuvieron las playas del Mediterráneo hasta que se depreciaron por el caos y la contaminación. Pero la montaña es algo más que un sumatorio de especies a extinguir”. En este escenario surgieron los engendros urbanísticos de Jaca y sus sucedáneos, la obsesión por hacer unos cuantos Salous para los zaragozanos en invierno y la manía de meter la mano en cada palmo de tierra. Por desgracia seguimos en esta tesitura porque aquel “clan del hormigón” que defendía con ardor un veterano político oscense hace unos meses sigue marcando el ritmo de los acontecimientos.

Pero no todo está perdido. La máxima de “cuanto peor, mejor” ha obrado en el Pirineo el renacimiento de la abandonada conciencia de pueblo, la recuperación de un orgullo por la tierra que se fortalece en la misma proporción en que se multiplican las agresiones externas. El rechazo a los proyectos hidráulicos ha sido el estandarte de esa unión que ha hecho posible manifestaciones populares inéditas en la montaña como el paro general del 25 de octubre pasado. “Queremos vivir en el Pirineo” se ha convertido en la proclama que resume todo, en la justa consigna que mueve a “esa minoría”, como le gusta denominar a Marcelino Iglesias.

Los conciertos de La Ronda de Boltaña, elevada a símbolo de la montaña aragonesa,  han adquirido en los últimos tiempos un clima reivindicativo que recuerda ese aire de entusiasmo que envolvió a las actuaciones de los cantautores de la transición española. Quizá hoy los pirenaicos, enfrentados a los mismos problemas y a las mismas amenazas que hace cincuenta años, sentimos que nuestra transición a la democracia todavía no ha concluido. Por eso, el definitivo descarte del pantano de Jánovas ha sido un soplo de esperanza. Aunque “nos hemos hecho viejos esperando”, como lamentó Emilio Garcés, el último de Jánovas, al conocer la noticia. 

La foto es de Juan Pulido Velasco y la he tomado prestada de Jánovas no rebla

 

Peret

Peret

Escribo desde Sallent de Gállego. Estoy trabajando en el Gabinete de Comunicación de Pirineos Sur, el festival de música que se celebra desde hace 17 años en el escenario flotante del pantano de Lanuza. Ayer se inauguró con el homenaje a Peret, el rey de la rumba catalana. A muchos puristas les sorprendió que el templo de la "world music" dedicara su primera noche al artista de Mataró, representante todavía en el subconsciente colectivo de la España de chiringuito, calimocho y verbena. Cinco minutos después de salir al escenario a nadie le quedaba duda de que la elección de la organización era un ejercicio de justicia con una de las personalidades más influyentes de la música española de las últimas décadas. En Peret han abrevado una cantidad ingente de grupos con mayor o menor fortuna; algunos (Estopa es el ejemplo más evidente), le deben la inspiración para asirse a la escena española como mercaderes de una propuesta tan callejera y popular como exitosa. Pero en verdad lo que han hecho es reinterpretar todo lo que Peret llevaba haciendo desde los años 70.  

Decía Luis Calvo, director de Pirineos Sur, que la música española le debía un homenaje a Peret, un desagravio público despúés de años de desprecio y olvido. Para muchos el músico de Mataró era el representante de la España casposa que era necesario olvidar, una lastre franquista que había que lanzar al vacio en el vuelo a la modernidad que emprendió el país en los primeros años de la transición democrática. Esa injusticia estética y estilística la sufrieron también otros artistas como Alfredo Landa, ejemplares de deshecho que había que esconder como esconden las mejores familias a sus ovejas negras. Decía el crítico musical Gonzalo de la Figuera que la rumba estaba considerada "un género menor, hortera y pachanguero, un tipo de música absolutamente despreciable a los ojos de cualquier rockero enrollado e incompatible con el gusto por las guitarras eléctricas". Peret sonaba sin descanaso en ferias y autos de choque, "verbenas de fiesta mayor y discotecas playeras de la España franquista de los setenta". Ese era el Peret que conocimos muchas generaciones.

Confieso que yo era uno de los que estaba atiborrado de prejuicios respecto a Peret, como lo estoy en esta vida con tantas otras cosas por pura ignorancia. Peret tiene 73 años como mi padre, pero yo no me imagino a mi padre con ese derroche de fuerza y vitalidad que deslumbró ayer a los que estuvimos en el escenario natural de Lanuza. Al público no le movió la nostalgia, fundamentalmente porque la media de edad era de unos 25 años. Cuando Peret era el producto más exportado de la España franquista los que estaban ayer cantando todas su canciones no habían nacido. En Viña Rock, el festival de rock español más importante, el pasado año echaron  del escenario al impostor Ramoncín. Este año Peret ha sido la gran estrella de la muchachada de greñas y pantalones de pitillo. La cuestión merece un análisis casi sociológico. Probablemente la única razón es que al final del día, la honestidad y la modestia acaban recibiendo sus frutos. Y las modas son esas cárceles del pensamiento que al final, por suerte, siempre se acaban derribando para dejar en libertad a los mejores. Peret es uno de ellos. José Manuel Gómez, crítico de El Mundo y especialista en rumba, afirmaba ayer que cuando vió tocar de niño la guitarra a Peret comprendió que Elvis era un advenedizo. Quizá exagere pero ilustra la admiración que de repente ha levantado en este país quien hasta no hace mucho era un apestado cultural. 

Ayer Peret demostró su grandeza en Lanuza con un catálogo de genialidades que nacían de su talento y, sobre todo, de su larga vida. El resto tendremos que vivir cuatro vidas para alcanzar a ver lo que él ha visto. Un amigo me contaba anoche que coincidió con él en Zaragoza el pasado mes de octubre: "Maestro -le preguntó-, ¿todavía sigue predicando?; no amigo, -le contestó- que ya no cuela". Otro golpe de efecto. Después le presentó a su novia de 19 años. Lo espiritual no vale nada cuando lo carnal tiene tanta pujanza.

La noche caía en Lanuza y las mansas aguas del pantano pasaron a ser cristal, un espejo en el que se reflejaba la luna y las cumbres del valle. Me imagino que en una tarde como ésta hace casi dieciocho años Luis Calvo y compañía decidieron que éste era el lugar idóneo para inventarse un festival. Me los imagino sentados en la ladera junto a las casas espaldadas de Lanuza en plena ensoñación, ensimismados con La Foratata a la derecha y el agua en los pies. Me los imagino buscando las claves racionales para explicar semejante desvarío, vistiendo de sentido el sinsentido de un proyecto cultural que a principios de los noventa necesitaba los arrestos de un explorador insensato e inconsciente. Así quiero imaginar que nació y así cumplirá el próximo año 18 años. Bendita mayoría de edad.

La foto es de Pilar Hurtado.

Jánovas

Jánovas

"Mi padre tiene alzheimer, ha vuelto a la niñez y hace tiempo que dice que él ya está en su pueblo. Mi madre está bien, y ella sí que se ha puesto muy contenta". Así describía Antonio Garcés la reacción de sus padres al conocer que el Ministerio de Medio Ambiente va a proceder por fin a la reversión de los terrenos expropiados o comprados en los años 50 del pasado siglo para la construcción del pantano de Jánovas. Pero la anhelada noticia tiene letra pequeña: los antiguos propietarios tendrán que pagar las cantidades que recibieron en su día pero actualizadas. Es decir; la administración no valora la tragedia de los habitantes de Jánovas, Lavelilla y Lacort, desprecia el sufrimiento al que se vieron sometidos y olvida que fueron arrancados de sus tierras por un regimen dictatorial que no garantiazaba los más elementales derechos ciudadanos. ¿Cómo se puede admitir esta ignominia? Antonio, como tantos otros hijos de Jánovas, ya ha dicho que pagará si le devuelven la casa tal y como estaba cuando se la expropiaron, antes de que la dinamita de los de Iberduero dejara todo en ruinas.

Jánovas no puede ser un expediente administrativo más, no puede ser gestionado desde la lejania de un despacho ministerial con la frialdad del derecho. Jánovas es un símbolo que representa eso que tantas veces se ha llamado la dignidad de la montaña, que en definitiva es el orgullo esquilmado de tantos y tantos pueblos a los que no se les dejó elegir su destino. Se corre el riesgo de cosificar el perfil humano de los que protagonizaron involuntariamente ese drama. No puede ser y el Gobierno de Aragón creo que tiene que ejercer de intermediario necesario para que no se reviva una vergüenza histórica incompatible con un estado de derecho. No estamos en pleno franquismo, pero a veces lo parece. La displicencia de la administración sigue recordando la de la España pretérita, la del "vuelva ustede mañana" de Larra. 

Pero, pese a todo, la noticia es una luz de esperanza, aunque a muchos les ilumine condenadamente tarde. Como a Emilio Garcés, el paradigma del resistente, el hombre que dignificó el espíritu de Jánovas y por extensión el de todas las injusticias sociales. Pero me alegro, sé que tarde o temprano todo se solucionará y en Jánovas volveran a escupir humo las chimeneas. Me alegro por los Garcés, por los Buisán, los Viñuales, los Palacio, me alegro por las gentes del Sobrarbe, por los montañeses, me alegro por Marisancho Menjón (sé que ayer fuiste inmensamente feliz), me alegro por los que han aportado su grano de arena a la causa (Jánovas no rebla), y por los que nunca abandonaron la certeza de que resistir es vencer.

Hoy recupero un reportaje que publiqué hace diez años en la revista El Mundo de los Pirineos. En compañía del gran fotógrafo zaragozano Javier Cebollada estuvimos con Emilio y Francisca en Jánovas. Sus testimonios de entonces adquieren hoy una nueva dimensión. Va por ellos.

Emilio y Francisca no visitan Jánovas desde hace más de dos años. “Me jode ver tanta ruina. No lo soporto”.  Ellos fueron el último matrimonio que abandonó el pueblo cansados de soportar las amenazas, la dinamita, la incomprensión de sus vecinos y la soledad. Eso fue en 1984, veinticinco años después de recibir la primera notificación de expropiación de Iberduero para construir un pantano. Hoy no hay pantano ni máquinas trabajando. Sólo ruinas, maleza y desolación, los ingredientes que provocan una reacción de odio en el matrimonio Garcés. “No sé cómo pudieron llegar a hacernos tanto daño para no conseguir ningún bien” lamenta Emilio, un hombre fortalecido por  la constante lucha contra todos los poderes que le arrancaron de las entrañas del pueblo que le vio nacer.

El matrimonio Garcés vive ahora en Campodarbe, a escasos kilómetros de Jánovas. Viven solos, con la única compañía de las vacas, las gallinas y las ocas que cuidan a un propietario madrileño. Sus seis hijos residen entre Boltaña, Huesca y Barbastro pero todos los fines de semana acuden a visitarles. En 1959 Iberduero logró del régimen franquista los derechos de expropiación sobre un extenso territorio de la comarca del Sobrabe para la construcción de un pantano. Jánovas era uno de los pocos obstáculos para su ejecución. “Los de Iberduero vinieron y como todo el pueblo ya era de ellos nos llamaron para que fuéramos a cobrar las indemnizaciones. Ellos mismos las habían fijado previamente. Sólo acudieron cinco familias y les pagaron una porquería”. Emilio recuerda el caso de Severino Sierra Buesa, de casa “Sarrate”, el hacendado del pueblo. “Le dieron 823.000 pesetas por la casa y todos los terrenos que tenía, que eran una barbaridad. Era el más rico de Jánovas, de esos que para las fiestas sacaban a la calle a los mulos con campanillas para mostrar su poder. A pesar de su riqueza, tuvo que ceder”. Emilio Garcés y su familia, sin embargo, se negaron a abandonar el pueblo y soportaron durante varios meses las amenazas de los directivos de la empresa hidroeléctrica, la Guardia Civil y los oscuros poderes locales del antiguo régimen. “Dinamitaron las casas de los que se fueron, nos dejaron sin agua porque taparon las acequias de riego y nos desmontaron las fuentes”. Pero el episodio más triste se produjo la mañana en la que un ejecutivo de Iberduero tiró la puerta de la escuela a patadas mientras los niños estaban dando clase. “La gente cogió un temor enorme, fue la ruina, desistió y comenzó a marcharse. Fue terrible. La mayoría no tenía a donde ir pero no les quedó más remedio”, recuerda con la voz entrecortada Emilia.

            En 1964 la familia Garcés se quedó sola en el pueblo. Las obras del pantano se habían paralizado pero no el empeño de Iberduero por derruir el pueblo. Los seis hijos de Emilio y Francisca estuvieron tres años sin poder ir a clase hasta que finalmente les permitieron escolarizarlos en Boltaña. Hoy Emilio no puede disimular su emoción cuando enseña la orla de la más pequeña de sus hijas de la promoción del 90 de veterinaria de la Facultad de Zaragoza. “Por esto merece la pena todo lo que pasamos”. El tiempo ha reconocido la lucha solitaria de Emilio y Francisca. El pantano no se ha hecho y el pasado verano el Ayuntamiento de Fiscal, uno de los que defendía el embalse, le declaró su hijo predilecto. “La vida tiene estas cosas, te lo niega todo cuando lo necesitas y cuando ya no vale te sonríe, que le vamos a hacer”.