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Juan Gavasa

Bielsa

Bielsa

En la primavera de 1938 la ruptura del frente del Ebro con el avance de las tropas nacionales hacia el norte dejó aisladas en las estribaciones pirenaicas a la 31ª y 43ª divisiones republicanas. La primera huyó en desbandada y la segunda se hizo fuerte desde el 14 de abril hasta el 15 de junio en la popularmente conocida como Bolsa de Bielsa. 8.000 soldados mantuvieron una heroica defensa de sus posiciones ante el acoso de los 15.000 hombres del ejército franquista y las bombas de la inclemente aviación.  

Al frente de esa defensa se erige Antonio Beltrán, apodado “El Esquinazau”, un personaje con una trayectoria vital digna de ser novelada. Había participado en la trama civil que respaldó a los capitanes Galán y García Hernández en la sublevación republicana de Jaca de diciembre del 31. Antes había estado luchando en México con los zapatistas y en Estados Unidos. Después de la Guerra Civil combatiría en la Segunda Guerra Mundial y se graduaría en la Academia Frunze de la URSS antes de regresar a México para acabar sus días como pastor. Lo dicho; una vida de novela.

            Beltrán ideó un plan magistral para resistir los ataques franquistas. Simularon la rendición entre el 14 y el 15 de mayo y encendieron hogueras para hacer creer al enemigo que se estaban despojando del material bélico.  Al día siguiente, confiados los oficiales franquistas, comenzaron a avanzar a campo abierto y al alcanzar las posiciones republicanas recibieron el ataque sorpresa. La pequeña victoria tuvo una gran resonancia en el bando republicano, necesitado de acciones que levantaran la decaída moral. Incluso el jefe del Gobierno, Juan Negrin, se desplazó hasta Bielsa para insuflar ánimos a los embolsados.

            La respuesta franquista no se hizo esperar. Los bombarderos Heinkel 45 y Savoia 79 escupieron una y otra vez durante varios días su mortal carga, arrasando por completo Bielsa. La 43 organizó una retirada ordenada y ejemplar que tiempo después sería estudiada en las academias militares soviéticas. Los puertos de Lera y Viejo fueron los escenarios de la dramática huida de los belsetanos por unos caminos imposibles por la nieve. Niños, abuelos, mujeres y heridos mostraron la cara más terrible de la guerra. La mayoría de los soldados republicanos volvieron nuevamente a España para seguir combatiendo hasta el final.

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2 comentarios

Juan -

Las historias de la Guerra Civil son fascinantes, algunas más que otras, evidentemente. Pero ante el debate sobre la saturación de libros y películas sobre la contienda, yo soy de los que piensa que todavía queda mucho por contar. Te recomiendo el último libro de Martínez de Pisón.

Emilio -

Supongo que las horas que pase esbrinando azafrán sentado en una mesa de niño escuchando historias de estas de los más mayores me hicieron un aficionado a todos estos temas. Pero sobre todo de la Batalla de Teruel, leí todo lo que había sobre ella, incluso una vez en la universidad conseguí hablar y entrevistar a excombatientes de aquella batalla. Como en Bielsa, Teruel también tuvo personajes con vidas dignas de ser noveladas, Valentin Gonzalez "El campesino" por ejemplo.

Hace unos meses visité Villalba de Los Arcos, donde mi abuelo probablemente vivió los momentos más trágicos de su vida en el Frente del Ebro, y era impactante reconocer los lugares que él tantas veces describió.

Un abrazo.

Emilio
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