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Juan Gavasa

#It'sCoolToHaveAnAccent

#It'sCoolToHaveAnAccent

Hace algunas semanas conocí a los responsables de 360Fm, una emisora de radio de Toronto que emite a través de internet para una audiencia mayoritariamente de habla hispana. Desde su fundación en 2012 han hecho fortuna con un slogan que, al margen de su notable potencial publicitario, posee asombrosas virtudes terapéuticas: “It’s cool to have an accent”. La frase es la  primera parte de un juego deductivo que ellos suelen cerrar como si se tratara de un ejercicio de autoayuda: si tienes acento es porque hablas dos idiomas. La conclusión adquiere la categoría de idea fuerza y remite directamente al trémulo universo de las inseguridades del emigrante. Una vez allí actúa como un estímulo que activa una energía que sólo puede ser positiva, como un puñetazo encima de la mesa.  

Hay que vivir en un país con un idioma diferente al propio para entender la dimensión emocional del slogan creado por 360FM, para admirar la sencillez de su composición y la entidad sustantiva del mensaje. El día que conocí a sus responsables, Keiter Feliz y Diana Padilla, en España todavía funcionaba a pleno rendimiento la cadena de producción de chistes a cuenta de la intervención en inglés de Ana Botella en la presentación de la candidatura de Madrid a los JJOO de 2020. En aquellas horas me llegaban ya aquellos chistes con el cansancio de lo que había dejado prematuramente de ser gracioso. Porque más allá de las críticas –probablemente justificadas-, al discurso de la alcaldesa lo que realmente se exponía era el proverbial sarcasmo español, tan fértil y a veces tan insoportable.

Luego la escritora Elvira Lindo plasmó en su columna semanal en El País el sentimiento que arrastramos todos los que vivimos en otro país: “El español es ese individuo que habla un mal inglés y que se ríe de otro que habla un mal inglés. Así podría resumirse nuestra sarcástica relación con los idiomas. Sarcasmo que se cura, en parte, cuando se vive fuera y se convive con compatriotas que luchan, como tú, por hacerse entender”. El mensaje de Lindo era esencialmente el mismo que el de 360FM. Cuando tienes que expresarte a diario en un idioma que no es el tuyo acabas comprendiendo que lo único importante es lograr comunicarte y esto en la mayoría de las ocasiones ocurre gracias a un formidable esfuerzo colectivo de comprensión. En Canadá debes hablar en situaciones cotidianas con ciudadanos procedentes de China, o de Pakistán, o de Irak, o de Afganistán, o de Egipto… algunos de ellos con acentos cerrados e indescifrables. Pero la comunicación fluye y el inglés avanza a trompicones dejándose girones en el camino.

En la pugna diaria del emigrante aquellos chistes de España me parecieron la misma impertinencia que alimenta cierta confortable ignorancia, tan castiza y tabernaria. Algo que Muñoz Molina explica bien en su atormentado libro “Todo lo que era sólido” cuando habla de la tendencia de los españoles a encerrarse “en la satisfacción orgullosa y a la vez extremadamente vulnerable de lo propio”. Vivir en otro país no es sencillo, la lista de renuncias y sacrificios probablemente nunca se compensa pero te otorga una valiosa capacidad para observar tu lugar de origen con un nuevo ojo crítico. Porque las dificultades que experimentas a diario son las que te permiten avanzar en tu comprensión del mundo y a la vez te vacunan contra el cainismo, ese ropaje que luce una parte importante de la sociedad española con impúdica satisfacción.

Cuando Ramón J. Sender regresó a España después de 36 años de exilio en México y USA reconoció en su primera entrevista que volvía a su país porque estaba cansado de no poder expresarse en su idioma, de no poder discutir en inglés como se discute en español. El escritor había sido profesor en la Universidad de San Diego y, por lo tanto, dominaba la lengua anglosajona pero confesaba acomplejado al periodista que la frustración siempre estuvo con él en sus años americanos. Un idioma ajeno puede actuar con la misma determinación como puente o como muro cuando no se domina plenamente, y esto casi nunca se consigue.

Recordé aquellas palabras del gran Sénder al escuchar a Keiter Féliz defender la importancia de la comunicación por encima de cualquier otro prejuicio, transformando nuestra debilidad en una de nuestras cualidades en el país que ahora nos acoge. Keiter; un dominicano con voz de trueno y carisma arrollador, uno de esos tipos capaz de sostener el tiempo cuando comienza a hablar, explicaba a la audiencia que el acento es nuestro orgullo, lo que nos hace diferentes en Canadá. Supongo que todos los que hemos decidido vivir lejos de nuestro país necesitamos reinventarnos para continuar pero lo más llamativo es que mientras tanto, aquello que nos acompleja a diario sigue siendo en España la misma chanza que, en palabras de Muñoz Molina, “ha alimentado a conciencia el sedentarismo satisfecho”.

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1 comentario

pili -

Solo hay dos idiomas:
El de lxs q quieren comunicarse y lxs q no {aunq. Dominen varios idiomas, incluidos las lenguas muertas...}
Saludos en el único idioma q ¿ domina?
[siguiendo el prototipo d «politicx» español]

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