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Juan Gavasa

Esto es "amazing" (I)

Esto es "amazing"  (I)

Los anglosajones viven instalados en un refuerzo positivo permanente. Esto es algo que se debe saber antes de llegar a países como Canadá para evitar extrañas incomodidades en situaciones cotidianas. Los canadienses utilizan calificativos superlativos para valorar las cosas más insustanciales, expresiones que nosotros tan sólo nos atrevemos a manejar cuando no podemos sujetar las emociones o hemos trasegado durante horas.  Ellos, por ejemplo, te dirán “awesome” (impresionante), cuando les des el cambio exacto en la caja del supermercado; o “amazing” (increíble) para mostrar su entusiasmo por el último garabato de tu hijo de dos años. “Wonderful” (maravilloso) es lo más discreto que puede salir de sus labios una mañana soleada de primavera y “beautiful” (hermoso), lo habitual para describir el último café que se tomaron con los amigos en el “Tim Hortons”. Las cosas no tienen término medio. Al principio me sentía como Phoebe en aquel capítulo de Friends en el que aparecía con su nuevo novio, Parker (Alec Baldwin), un tipo que parecía recién salido de una marmita de prozac.

Me desconcertó este onanismo social, tan alejado de la austeridad de sentimientos a la que nos acostumbramos los que nacimos en los albores de la década de los 70 en España. Yo pertenezco a esa generación que, como explicaba recientemente el escritor Antonio Orejudo, fue educada “para ser modestos”. No digo que estuviera mal pero nos inocularon aquello de que “las personas bien educadas rebajan siempre el mérito de lo que son o de lo que hacen”. No tengo claro si eso nos hizo más educados o, por el contrario, más inseguros, pero no hay duda de que condicionó para siempre nuestra relación de desconfianza y pudor hacia la vida. En mi caso se une además ese desconcertante carácter montañés, que transita entre el escepticismo y el cinismo. “Somarda” lo llamamos en el Pirineo.

Con estas piedras gordas y pesadas en la espalda uno se planta de repente en el país de la hiperinflación emocional y se ve en la obligación de quitarse lastre de encima si no quiere pasar por un tipo huraño y miserable. Suele ser más visible este combinado de fuego de campamento, prozac y almíbar social en los partidos de hockey sobre hielo de nuestros hijos, donde los padres canadienses encuentran buen acomodo para desplegar sus maneras de buenismo paternofilial. Frecuentemente contemplo estas actitudes algo exageradas y me parece que no contribuyen precisamente a que los niños detecten la medida real de las cosas que los rodean. Pero quizá, nuevamente, el problema reside en lo que somos nosotros y no en lo que nos muestran los demás. “Viajar no es cambiar de paisaje sino cambiar de mirada” decía Proust. Habrá que hacerle caso.

La mía fue una generación que llegó tarde a casi todo pero aún tuvo tiempo de experimentar los rigores de la pedagogía franquista. Tuvimos verdadera mala suerte; nos perdimos las mejores fiestas mientras cantábamos en misa. Éramos demasiado niños cuando llegaron las libertades democráticas pero lo suficientemente adultos para seguir recibiendo durante algún tiempo las hostias de los curas de turno. Las mías tenían el sello centenario de los Escolapios.  Así es que cuando observo a los canadienses intento buscar la distancia adecuada para comprenderlos, o quizá para que me comprendan. No voy a descubrir ahora el determinismo de la historia ni osaré ejercitar la historia comparada pero es una tentación muy barata cuando uno vive lejos de su casa. Te ayuda a buscar respuestas y, lo que es indudablemente más útil, te quita un buen peso de encima.

A algunos amigos canadienses les he contado que cuando yo era niño lo normal en los colegios religiosos de España era que los profesores te pegaran por cualquier razón. No he encontrado traducción literal para “la letra con sangre entra”. Mejor así.  Después de un respingo sus caras invariablemente proyectaron un mohín de estupefacción, pánico y compasión. Podéis imaginar cualquier gesto de terror y también estará compilado en sus rostros. Difícilmente podrían haber mostrado más horror si hubieran escuchado algunos detalles escabrosos de un pogromo judío o un relato sobre la crueldad del rey Leopoldo en el Congo. Si en ese momento hubiera podido menguar y penetrar en sus ojos hubiera hallado seguramente una distancia sideral, un túnel del tiempo oscuro e infinito que separaba mi universo infantil del de ellos.

Nada es sencillo de explicar en una sociedad tan compleja como la canadiense y por eso no es recomendable ir de sociólogo por la vida. Pero algunos detalles de nuestro pasado pueden reconvertirse en síntomas del presente. El refuerzo positivo es muy común en sociedades en las que se fomenta el individualismo desde la infancia y lo valores de superación y competencia. Se considera que trabajando la autoestima se ayuda a fortalecer la autonomía y la libertad del niño. La educación canadiense pone especial empeño en inculcar determinados valores que pueden ser útiles en el futuro de los alumnos antes de comenzar a memorizar conocimientos. No digo ni que sea mejor ni peor, sólo que es así; desde hace décadas.

Y claro, asociando ideas y fechas caí en la cuenta de que mientras mi generación seguía recibiendo estopa de los curas y aprendía alegres cánticos eucarísticos, mis amigos canadienses y todo el país seguían en 1980 con el corazón encogido el maratón de Terry Fox, aquel adolescente que después de perder una pierna por culpa del cáncer decidió recorrer todo el país a pie para propagar el mensaje de la esperanza y recaudar fondos para la investigación. Fox recayó en su enfermedad y tuvo que dejar su maratón a medio camino. Al poco tiempo murió. Hoy sigue siendo una figura recordada con emoción y orgullo por los canadienses y en las escuelas los niños aprenden cada año su historia de lucha y superación. Es fácil concluir que los modelos que nos impusieron en la infancia modelaron nuestro carácter e hicieron un hueco en el espacio de nuestras inseguridades, ese lúgubre rincón en el que uno extravió hace tiempo la noción sobre lo que está bien y lo que está mal. 

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14 comentarios

Juan -

Hola Jackie, me alegro de que hayas visitado mi blog y confío en que lo hagas en un futuro. Valoro muchísimo la opinión de una canadiense auténtica.Muchas gracias.

Jackie -

Me ha encantado leerte, como nos describes, je,je, asi somos los canadienses, y también un poco de no pillar los chistes. escribes genial, seguiré leyendo,,,

Juan -

Hola de nuevo Alfonso.
Nada, este año tampoco habrá Primer Viernes de Mayo. Amsterdam está más cerca de Toronto para coger en un arrebato un avión e ir a cantar el himno. Ya me he hecho a la idea de que no almorzaré en el cementerio en muchos años. Y aquí tampoco hay una comunidad de jacetanos para celebrarlo en la distancia, je, je ,je

Gracias por el documental, no los conocía. Están muy bien.

Un abrazo Alfonso y recuerdos a Pacucu y Javi si vas a Jaca este Viernes de Mayo.

Alfonso -

Hola Juan,

Efectivamente, primo directo soy de los hermanos del Hockey "puro y duro" :)
Ya imagine que me ubicarias de algun modo en estos dias de comunicacion total e inmediata y me hiciste sonreir al remontarte a los tiempos de Carola de... ...alla por los ultimos 80,no? Aunque todo sea no mas que un gran borron en la memoria, paredes rosas, vinilos, un par de banquetas mas altas que yo...

Lo mismo ya conoces esta serie de documentales, en cualquier caso ahi va el link, parece interesante.

http://www.youtube.com/watch?v=hGlAaaCqEWw


Nos vemos para viernes de mayo?

Abrazos

Alfonso

Juan -

Hola Julia; y debo decir que "bienvenida a Jaca".
Ya ves, qué cosas, un jacetano que se va a Toronto y otra que llega en sustitución. Me alegro y espero que te sientas feliz en Jaca, es un buen lugar para vivir. Y ahora se inicia la mejor época del año, la primavera. Disfrútala.

Si tienes interés en el tema de las viajeras, en 2009 colgué en mi blog (supongo que has llegado hasta él de ese modo), los textos de una conferencia que di sobre las mujeres viajeras en el Pirineo. Son cuatro entregas:

http://juangavasa.blogia.com/2009/octubre.php

Recibe un cordial saludo desde la cada vez menos gélida Toronto.

Julia -

Lo que son las cosas...
Acabo de darme de narices con tu blog, buscando relatos de mujeres viajeras, y me encanta... Resulta que acabo de instalarme a vivir en Jaca y veo que los jaqueses viven por "esos mundos" :) yo también quiero!!!
Por aquí llueve y llueve...
Saludos pirenaicos

Julia

Juan -

Hola Alfonso, doy por hecho que algo tienes que ver con Pacucu, Javi, Victor, ¿no? ;-) Y claro, he buscado por internet y al ver tu cara ya te localizo; nos conocemos de hace muchos muchos años (yo soy del 71), de Carola y otros "templos" de nuestra adolescencia jaquesa. Y ahora, ya ves, tu en Amsterdam y yo en Toronto.

Veo que tu experiencia tiene numerosos nexos con la mía. En realidad creo que la emigración siempre es la misma; cambia el escenario y los compañeros de viaje. Aquí en Canadá mi hijo tiene una pequeña ONU en su clase y eso está bien porque creo que le hará ser más tolerante y abierto. Quizá es la gran virtud de Canadá, por encima de cualquier otra. Y como bien dices, si entramos a valorar la pureza de estas nacionalidades de pasaporte nos podemos perder en historias realmente estremecedoras. El "background" de cualquier ciudadano canadiense (salvo los indios nativos), nos remite invariablemente a Europa y Asia.

Un abrazo Alfonso, me alegro de saber de ti.

J.

Alfonso de casa Burro -

Hola Juan,

Me tope con tu blog buscando informacion sobre el "catedratico" Ignacio Ara, del cual me hablaba mi abuelo quien decia conocerlo por ser antepasado de la familia. aqui tu articulo:

http://juangavasa.blogia.com/2008/041501-ignacio-ara.php

Desde entonces te leo de vez en cuando y queria comentarte lo familiar y acertados que me parecen estos dos ultimos articulos, incluso en lo de los curas, Lasalianos en mi caso. (soy del 68).

Resido desde hace ya tiempo en Amsterdam y, si bien no es ciudad ni anglosajona, ni americana, entiendo que puedo comparar tu experiencia con la mia por ser una ciudad tan multicultural y cosmopolita. Bastaria senalar que trabajo con japoneses,ingleses,brasileros,Indonesios.. mis vecinos son rusos,camboyanos,marroquies,alemanes,chinos... mi hija va a la escuela con aussies,norteamericanos,canadienses, hindus... y nuestros amigos son argentinos,irlandeses,franceses,madrilenos,venezolanos,napolitanos... y por estar en Holanda, algun holandes tambien conocemos. :) ya ni entro en valorar la "pureza" de estas "nacionalidades de pasaporte" pues cada cual tiene su "background" de lo mas variopinto.

Lo dicho, me gustan tus escritos.

Salu2 y suerte!


Alfonso Campos Ara

Cochita -

Vamos a ver,como hermana mayor,voy a poner aqui un poco de orden...Yo tb fui a cole religioso,de monjas,para mas datos,y jamas vi maltrato físico,bueno he de decir que en una ocasió la hermana Fernanda,me dio una palmada en el culo,pero tengo que decir que en ese momento me la merecia.Pero de alli que exixtiera ese maltrato habitual...pues yo no lo vi jamas.Psicológico,pues bueno pensandolo bien,quizas en algún momento si que lo hubiera.....
Yo siempre digo,que en mucgas ocasiones nos hacian comulgar con ruedas de molino,y la vida nos a enseñado que no eran lo que parecian

Juan -

Gracias hermanita (al final la verdad sale a flote, je, je). Por eso he insistido en el texto en que hablo de mi experiencia en un colegio religioso, no quiero generalizar sobre algo que no puedo demostrar. Pero las hostias de los Escolapios no son una generalización, eran muy concretas.

Nani -

Tengo que decir que yo también nací en los años 70 y no me identifico en absoluto con el maltrato ni físico ni psicológico. De verdad, ni lo vi ni lo padecí. Quizás no fuera sólo la época, sino los centros educativos. Pero insisto en que en concreto, en el que yo estudié, jamás vi ni padecí ni siguiera un estirón de orejas.

Nani -

Me ha gustado mucho que hablaras sobre este tema porque ya sabes que me encanta que me cuentes lo que hace Ethan en el colegio, y como ya te he dicho en alguna ocasión, siento cierta admiración `por esa única y pequeña parte que conozco sobre el sistema educacional de Canadá. Y dicho sea de paso, aquí te diríamos que escribes "de cojón"

Juan -

Pues me voy a poner a googlear eso de la "autoindefensión aprendida" porque no lo había oído en mi vida. Lo que está claro es que en unos años el mundo ha recorrido un buen trecho, a una velocidad de vértigo. Y nosotros ya hablamos como si perteneciéramos a otro tiempo.

Pilar Amparo -

No solo los curas pegaban
En la pública recuerdo una vez que pedí dos veces ir al baño (debía andar con las tripas mal y no me aguantaba) y la respuesta del profesor fue no y un buen tirón de orejas de esos que te las dejaban rojas para todo el día
Afortunadamente hoy mis hijas tampoco se lo creen y ponen cara de: Como exagera mi madre
Ayer mismo me contaban lo que es la autoindefensión aprendida. Te recomiendo que te informes. Es una forma de lo más sencilla, barata y rápida de tener a la gente acojonada...
Besos y espero la segunda parte con ansiedad
Pili
Pd.-¿también son superlativos en lo "malo"?
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