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Juan Gavasa

Gary Moore

Otro talento que se va. El guitarrista irlandés Gary Moore fue hallado muerto en un hotel de Estepona el pasado fin de semana. El de Belfast fue un músico inclasificable, probablemente porque él mismo no fue capaz a lo largo de su vida de encontrar el espacio adecuado en el que ordenar todas sus influencias. Siempre se mantuvo en tierra de nadie, entre dos aguas, transitando entre el blues y el heavy sin llegar a ofrecer todo lo que se espera de un especialista en determinada materia.

Fue un bluesman demasiado comercial y un rockero demasiado blando, lo que le convertía directamente en un sucedáneo para todos los que pregonaban la esencia de la música. Gary Moore se sintió fascinado desde joven por los sonidos de los pioneros afroamericanos pero su cultura musical pertenecía a un tiempo de guitarras graves, sonidos incandescentes y eficaces puestas en escena. Se pedía garra antes que alma, fuerza antes que corazón, ruido antes que brisa.

De ese conflicto emocional surgió una forma de hacer música que, sin embargo, encontró una legión de seguidores que se conformaba con épicas melodías que brotaban del estómago y se apoyaban en unos fraseos de guitarra de gran poder hipnótico pero escasa relevancia. La mezcla de un trasunto de blues y un rock casi academicista situó a Gary Moore en un nivel de gran popularidad pero limitado reconocimiento crítico. Su efectista guitarra parió un sonido apto para casi todos los públicos y, seguramente sin ser consciente de ello, se convirtió en la aduana sentimental por la que entraron millones de futuros amantes del blues y el rock en sus versiones más puras.

Sus ventas, fundamentalmente en Europa, fueron millonarias pero Gary Moore siempre fue un músico considerado menor. Una injusticia nacida de su proverbial tendencia a conciliar todos sus fuegos interiores para no cometer infidelidad alguna. Esa ausencia de un compromiso excluyente acabó con cualquier posibilidad de convertirse en un referente. Simplemente quedó en un buen músico. Pero su indudable talento dejará cuentas pendientes.

Sólo una vez estuvo cerca de quebrar el destino. Fue en 1990 con “Still got de blues”, un disco más que notable en el que atisbó un indicio de renuncia en favor del blues. Creo que en ese disco Gary Moore sonaba realmente especial y personal, forjando un estilo propio e identificable que con el paso del tiempo, desgraciadamente, se diluiría en otros discos intrascendentes y reiterativos.

Antes había protagonizado momentos irrepetibles con Phil Lynott, el talento más grande que ha dado el rock irlandés. Juntos estuvieron en Skid Row y después de manera fugaz en la mítica Thin Lizzy, la banda que inmortalizó a Lynott y contribuyó a crear la primera denominación de origen de rock irlandés, allá por los años 80 del pasado siglo. Siempre me emocionó “Still in love with you”, una desgarradora balada de componentes clásicos que paseaba los fantasmas de un Lynot en las puertas de la muerte. Hoy tampoco está Gary Moore pero todavía tenemos el blues.

1 comentario

grosem -

Qué bueno, Juanito