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Juan Gavasa

Exilios

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Recientemente atravése el mítico Coll d'Ares, el paso fronterizo que separa el valle de Camprodón en Catalunya de la comarca francesa del Vallespir. Hoy es un hermoso enclave pirenaico que cada año atraviesan por placer miles de senderistas y excursionistas. Pero en medio de tanta belleza no podía borrar de mi mente una de las fotos más terribles del exilio republicano en los últimos días de la Guerra Civil. Con los años se supo que sus protagonistas eran los García, una familia de Monzón; Alicia es la niña mutilada que se apoya en su padre, Mariano; y detrás está el pequeño Amadeo agarrado a la mano de Thomas Coll, un vecino de Prats de Molló. Cuando a los rostros anónimos se les descubren nombres y apellidos y una historia, todo es más duro.

El paso pirenaico del Coll d’Ares es un nombre propio en la terrible historia de la Guerra Civil. Sus connotaciones enfatizan el drama humano de la contienda y lo vinculan inexorablemente con la tragedia de los vencidos en su huida de las garras del fascismo. Por este puerto pasaron durante el mes de febrero de 1939 cerca de 100.000 personas que derivaron en Prats de Molló, la localidad del Vallespir francés que jugó un papel determinante en la acogida de los refugiados.

            En los últimos años varias asociaciones dedicadas a recuperar la memoria del bando republicano han organizado numerosas iniciativas para recordar la dimensión de la tragedia que se vivió en el sendero del Coll d’Ares aquel gélido febrero de 1939. Son nuevamente historias de la frontera, como tantas otras que han servido para descifrar las claves de  la vida en la montaña y la extraña empatía entre las gentes de ambos lados de la cordillera. La bella localidad francesa de Prats de Molló fue por unas horas la última ciudad de la república española. En lo alto del puerto los huidos arrojaron sus vehículos, sus muebles y cientos de objetos inútiles en la nueva patria. Todavía quedan restos de aquel precipitado desguace.

            En el Coll d’Ares el fotógrafo de la revista L’Ilustration, perteneciente a la Agencia Roger Viollet, tomó la foto más famosa del exilio, la de una niña mutilada de una pierna ascendiendo las rampas del puerto con una muleta en una mano y la otra agarrada a la de su padre. Esa desgarradora imagen tiene el mismo valor iconográfico que la de la niña vietnamita huyendo de las bombas de napalm lanzadas por los americanos. Fue en Ares, en mitad de unos paisajes inconmensurables que ahora se han transformado en idílicas rutas para los turistas. Los días claros se puede llegar a ver el mar Mediterráneo al Este y en el norte el Canigó, la mítica montaña de los catalanes. Pero es difícil rehuir del recuerdo.

                El valle de Camprodón fue testigo del derrumbamiento definitivo de la Segunda República. Juan Negrin, el último presidente del gobierno legítimo, estuvo alojado durante algunos días en una de las viviendas del Paseo Maristany de Camprodón antes de cruzar definitivamente la frontera. En La Vajol, en el Alt Empordá, Manuel Azaña y Josep Companys vivieron las últimas horas antes de cruzar la muga. En esta localidad se colocó hace muchos años el único monumento dedicado a los españoles del bando perdedor: una figura en piedra de la niña mutilada y el padre que se arrastraban por las rampas del Coll d’Ares

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2 comentarios

Andrés -

Hola Juan: he estado este verano en el Col d'Ares y también en el de Belitres. En uno y otro, así como en varios más del Ampurdán, hay ahora placas conmemorativas de la retirada que hacen honor a lo que allí se vivió en el 39, y que, por lo que xuentas, aún no estaban en pie en 2008. Un saludo, Andrés.

miguel ángel y. -

Impresionante. Conviene recordar, para homenaje de aquellos que perdieron tanto y lección de quienes pretenden hurtar su memoria.
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