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Juan Gavasa

Crímenes perfectos

Crímenes perfectos

He recordado una canción de Andrés Calamaro al leer hoy el escalofriante reportaje que firman en El País R. Chisleanschi y A. Burgo sobre el treinta aniversario de la inauguracón del Mundial de fútbol de Argentina. Lo han titulado "El Mundial más tétrico", aunque bien pudieran haber tomado prestada la canción del cantante argentino. "Crímenes perfectos" trata en realidad del desamor y de corazones rotos, de los destrozos de la ruptura, de las simas que se abren en el alma cuando asoma la soledad. Es verdad que no hay crimen trazado con mayor frialdad que el del abandono. "Todo lo que termina, termina mal" canta Calamaro. Pero no le he evocado hoy por ello. En esa monumental balada hay una estrofa que retrata a toda a una generación de argentinos:

"Me parece que soy de la quinta que vio el mundial setenta y ocho, me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor".

Hace treinta años el mundo miraba a Argentina y un país entero ocultaba bajo la alfombra su terrible ignominia mientras se entregaba a sus futbolistas. Sólo durante la celebración de ese mundial desaparecieron más de 60 argentinos. La rutina del terror y la picana en la que estaba instalada la Junta Militar de Videla no paraba ni para celebrar los goles de Kempes, que probablemente son mis primeros recuerdos sólidos en una pantalla de televisión. 

Hoy no quería hablar de fútbol sino de ciclismo -mi verdadera pasión deportiva- y de Contador, ese excepcional ciclista que tiene la insolencia de Delgado, la sensatez de Indurain y el carácter de Amstrong. Pero no escribiré de ciclismo. Otro día será. "La moneda cayó por el lado de la soledad".

Claudio Morresi, actual secretario de Deportes del Gobierno argentino, tenía 16 años en 1978 y era un prometedor centrocampista de la cantera del Huracán. Dos años antes, el 23 de abril de 1976, la dictadura militar que llevaba un mes en el poder había secuestrado a su hermano mayor, Norberto, quien desde entonces permanece desaparecido. Morresi sabía que el 1 de junio, día inaugural de la Copa del Mundo, los integrantes de la Junta Militar que gobernaba el país estarían presentes en el estadio del River Plate. Incluso, que el presidente de la misma, Jorge Rafael Videla, daría un discurso. Pero el amor por el fútbol pudo más. Se abrigó bien para combatir la fría tarde invernal y se acomodó en las gradas junto a otros 75.000 espectadores. "Cuando habló Videla, me quedé de brazos cruzados, insultando para adentro", recordó. La gran mayoría, en cambio, aplaudió. Gritó "¡Argentina, Argentina!" y se sumó a la fiesta del Mundial más polémico y controvertido de la posguerra, una mezcla de fútbol y utilización política; celebrado en medio de una brutal represión cuya dimensión, sin embargo, muy pocos conocían. Alemania y Polonia disputaron aquel encuentro inaugural. Un triste empate sin goles.

Treinta años después resulta imposible deslindar lo que se pudo ver por televisión y por primera vez en colores desde las heladas canchas argentinas (1978 fue, hasta la fecha, el último Campeonato del Mundo jugado con camisetas de mangas largas) de lo que simultáneamente ocurría alrededor.

El Alemania-Polonia se jugó a la misma hora que en la plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, un grupo de mujeres caminaba en torno a la pirámide con pañuelos blancos en sus cabezas. La ronda se repetía desde hacía más de un año ante la indiferencia general, pero la televisión holandesa decidió emitir la imagen minutos antes de conectar con el estadio del River. Las Madres de Plaza de Mayo, que pedían por sus hijos secuestrados, recibían al fin difusión masiva en el exterior. Justo en el instante en que la Junta iniciaba su gran campaña propagandística.

Para los milicos que derrocaron a Isabel Perón en marzo de 1976, el Mundial fue un maná. Argentina había sido designada en 1964, cuando perdió con México la votación para organizar el torneo de 1970. Desde entonces apenas se habían designado las sedes y, en tiempos de Isabel y José López Rega, se diseñaron la mascota y el logotipo, que evocaba los brazos levantados de Juan Domingo Perón sosteniendo una pelota.

Recién asumido el poder, Videla, Agosti y, sobre todo, Emilio Massera, el marino de la Junta, tal vez el más feroz de los represores y, sin duda, el de mayor ambición política, vieron en el Mundial su gran escaparate. Se creó una sociedad organizadora, el EAM’78, y se estrecharon los lazos con la FIFA para asegurarse que nada haría cambiar la sede del torneo.

El general Omar Actis y el contralmirante Carlos Alberto Lacoste, mano derecha de Massera, fueron designados al frente del EAM. Pero Actis, contrario a los grandes dispendios y a las pretensiones de la FIFA de montar un sistema de televisión en color para retransmitir los partidos al resto del mundo, fue asesinado el 21 de agosto de 1976, dos días antes de presentar su modesto proyecto. Su lugar lo asumió el general Antonio Merlo, pero, en la realidad, Lacoste quedó al mando y bajo su tutela Argentina montó el Mundial más caro de la historia hasta entonces, con más de 700 millones de dólares de gasto legal y una suma imposible de calcular pagada en comisiones y prebendas. Con el retorno de la democracia, Lacoste sería acusado de administración fraudulenta y enriquecimiento ilícito e implicado en el asesinato de Actis, pero João Havelange, entonces presidente de la FIFA y cuya compañía de seguros fue beneficiada con el 25% de las pólizas durante el torneo, le mantuvo como vicepresidente del máximo organismo del fútbol hasta 1984.

Los militares siguieron secuestrando: según el libro La vergüenza de todos, del periodista Pablo Llonto, 63 personas desaparecieron durante los 25 días que duró el Mundial.

Con la segunda fase llegaron los mejores momentos de fútbol. Holanda y Alemania brindaron un vibrante 2-2; Brasil se pareció a sí mismo frente a Perú (3-0) y Polonia (3-1) con un deslumbrante Dirceu al mando; Austria se dio el gusto de eliminar a Alemania con Krankl en plan estrella (3-2), y Argentina encontró en Kempes el goleador que necesitaba. Un golazo de Haan desde fuera del área metió a Holanda en la final a costa de Italia (2-1) y el célebre 6-0 a Perú clasificó a Argentina para el partido decisivo. Esa noche, en el momento en que Luque marcaba el cuarto tanto, una bomba estalló en el domicilio de Juan Alemann, secretario de Hacienda y crítico acérrimo de los manejos económicos en torno al Mundial. Nunca se conoció a los autores.

La final se jugó el 25 de junio en el Monumental, de Buenos Aires. Argentina ganó por 3-1 en la prórroga, Havelange le permitió a Videla entregar el trofeo a Passarella, el capitán argentino, y Ernst Happel, el entrenador holandés, sugirió off the record que en las dos finales sucesivas perdidas por el equipo naranja (1974 y 1978) "el laboratorio lo manejaban nuestros rivales".

Millones de argentinos inundaron las calles celebrando el título. Entre ellos iba Graciela Daleo, detenida en el centro clandestino de la ESMA, a escasos 500 metros del estadio de la final. Sus carceleros pensaron que sería una buena idea que ella y otras compañeras pudieran ver la explosión de júbilo popular. Acabaron cenando juntos en un restaurante a las afueras de la ciudad.

Al día siguiente nacía Guido, hijo de Laura Carlotto, secuestrada en 1977 y asesinada poco después de dar a luz. Guido fue dado en adopción con otro nombre. Su abuela, Estela Carlotto, es la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, organización que ya ha recuperado a 87 niños de los cerca de 500 que se calcula nacieron en cautiverio, y continúa buscándole. Carlotto todavía recuerda sus reproches a los familiares que gritaban los goles argentinos de aquel Mundial.

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4 comentarios

Micaela -

La Verdad que estoy muy de acuerdo con la cancion crimenes perfectos. Solo tengo 14 años y en el colegio estamos viendo la dictadura. En si vi identificada en la cancion una parte que dice "Me parece que soy de la quinta que vio el mundial setenta y ocho, me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor".

Refleja lo que los militares le estaban escondiendo al Publico argentino.!!! Te Felito Flacooo muy bueno el articulo

Gaston -

Excelente articulo. Felicitaciones desde Uruguay. Aca la vivimos parecida.Abrazo de hermano.

VICTORIA THEEDHY -

daddy...paloma...no se todavia en que pozo ESTAN...O SI VOLARON EN LOS VUELOS DE LA DE LA MUERTE...EN EL RIO DE LA PLATA??---YA SE QUE NO ESTAN...PERO YO LOS ESPERO Y BUSCO TODAVIA....victoriaaaaa.// tu nota sublime...!!!!!...

39escalones -

Fenomenal artículo, tremendo. Desde luego, hechos terribles que están a la altura de Berlín 1936. Lo que nos puede hacer sentirnos inquietos por lo que se esconde tras Pekín 2008. Realmente, occidente, que es quien otorga estos eventos, critica con la boca pequeña y duerme bien tranquilo.
Saludos

PD. Sigo con el tema de la canción. Creo que tendré que hacerme de nuevo con la peli porque todas mis pistas son infructuosas. Prueba con un tipo llamado Gary Jules.
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