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Juan Gavasa

Eminencias (1)

Eminencias (1)

Le he robado esta palabra a mi mejor amigo. Él la suele utilizar con frecuencia para referirse a esa fauna de letrados, iletrados, iluminados y “craneos previlegiados” que circulan por el mundo, expresión ésta última birlada también al borracho de Luces de Bohemia. Hay palabras que se identifican inmediatamente con una persona y sin duda la de mi mejor amigo es “eminencia”; pero en masculino, “el eminencia”, porque él lo dice así para enfatizar su verdadero sentido, el último que ofrece el diccionario de la RAE. No todo el mundo puede ser “un eminencia”. Hay que hacer sobrados méritos y no siempre existe la garantía del éxito. No todos pueden ser un eminencia para mi amigo, aunque se lo curren y acaben dando motivos suficientes para ello. No, no… la cosa no es tan sencilla.

Decía que le he robado esta palabra a mi mejor amigo porque quiero hablar de vez en cuando de ellos. Será que estoy rodeado. Por aquí, por esta nueva galería de “Eminencias”, va a circular una oscura turba de figuras y figurillas, personajes de la política y de la actualidad que son capaces de alterar mis biorritmos y sacarme de mis casillas, como suele decir mi madre. Un país se retrata por sus eminencias en la misma medida en que alimenta su orgullo por los éxitos de sus deportistas. Son dos termómetros que miden las temperaturas extremas pero que en la media perfilan con exactitud la calidad de una sociedad. Hay otros muchos termómetros pero estos dos son los más populares.  De eminencias aquí vamos sobrados y tengo la ligera sospecha de que con los años el asunto se ha desbordado.

César Vidal es un supuesto historiador metido a locutor de la emisora de los curas. Presenta el informativo de la noche, un programa en el que se pasa por el arco del triunfo la máxima periodística de informar con objetividad y veracidad, contrastando las fuentes y manteniendo la imparcialidad. El grado de manipulación y perversidad que alcanza este tipo es bochornoso, continuando una línea ya abierta desde hace muchos años en sus libros sobre ¿historia? con gran ruido mediático y parece ser que de ventas.

La pasada semana volvía en coche a casa y el escaner de la radio fijó el dial en la emisora de los curas. Un extraño impulso me impidió que el dedo reemprendiera el rastreo de frecuencias. Se quedó allí, alimentado por un repentino furor sadomasoquista que duró el tiempo que tardé en aparcar el coche; apenas tres minutos. Suficiente para escuchar un compendio de barbaridades que intentaré resumir. Decía César Vidal en referencia a una manifestación que iba a realizar el colectivo de inmigrantes marroquíes en nuestro país:

 

“La manifestación del colectivo marroquí puede considerarse un acto electoral porque apoyarán a Zapatero”.

 

“La presencia de inmigrantes en nuestro país apenas ha tenido efectos positivos”.

 

“Sólo han provocado un “incremento desordenado” de la población” (las comillas son mías).

 

“Los inmigrantes están aceptando puestos de trabajo de perfil bajo con salarios menores a los que puede aceptar un español. Están quitando, por lo tanto, puestos de trabajo a los españoles”.

 

“Suponen una pesada carga para la seguridad social”.

 

“Han incrementado el número de delitos”.

 

Y como remate, no podía cerrar la perorata sin aludir a la habitual trama conspirativa que envuelve todo lo que hace el gobierno de ZP. Concluía Vidal: “Zapatero va a entregar Ceuta y Melilla a Marruecos”.

 

Ni miento ni exagero; esto es verídico como la vida misma. Esto es lo que dijo el supuesto historiador y locutor de radio en la emisora de la conferencia episcopal el pasado miércoles. Me ahorro los múltiples comentarios que podría vincular a cada una de sus afirmaciones. Me los ahorro porque no son necesarios, sus testimonios hablan por si solos. Pero es difícil concentrar en tan poco espacio tanta mentira, manipulación e inmoralidad.

Aquí no son necesarios los espejos cóncavos para deformar la realidad; la realidad viene deformada por estos personajes esperpénticos que se empeñan en que este país siga siendo la triste y lúgubre España que caricaturizó Valle Inclán. 

  

MAX .- Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte. La Vida es un magro puchero: La Muerte, una carantoña ensabanada que enseña los dientes: El Infierno, un calderón de aceite albando donde los pecadores se achicharran como boquerones: El Cielo, una kermés sin obscenidades a donde, con permiso del párroco, pueden asistir las Hijas de María. Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.

 

Luces de Bohemia. Ramón M.Valle Inclán

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1 comentario

obispo de binacua -

Te va a faltar espacio, compañero, para dar cabida a tanto eminencia suelto como tenemos en esta tierra. Esto promete...
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