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Juan Gavasa

"Garotas suecas", vintage pero moderno

“Garotas Suecas” nació en Sao Paolo, una de las ciudades más cosmopolitas de Brasil y centro de acogida de culturas de medio mundo. La poderosa industria local ha sido durante décadas un incesante reclamo para la emigración, que ha ido construyendo con el tiempo un tejido social diverso y heterogéneo. En lo musical Sao Paolo es actualmente un polo de efervescencia creativa que maneja influencias muy provechosas y enriquecedoras bajo las que difícilmente se puede hablar de un “sonido Sao Paolo” o de unas características determinadas. Casi todos los estilos convergen en la ciudad más poblada de Brasil, para goce de los aficionados a la música.

“Garotas suecas” es un producto claro y original de esa diversidad social y cultural. Cuando en 2010 publicaron su primer y único álbum hasta el momento, “Escaldante banda”, la crítica internacional acogió el trabajo como un acontecimiento musical. Prestigiosos periódicos como New York Times, The Washington Post o Tim Out Chicago alabaron la habilidad de los paulistanos para mezclar funky, soul, garaje, rock psicodélico, pop y el tropicalismo de los clásicos brasileños como Os Mutantes, Jorge Ben o el mas contemporáneo Carlinhos Brown.

Después se deshicieron en elogios hacia su feliz directo; consagración del sentido festivo y hedonista de su música.  Lo que diferenciaba a “Garotas Suecas” de otras bandas brasileñas era su afecto por lo retro, que en una primera audición les clasificaba en la atmósfera de un grupo vintage que simplemente se dedicaba a copiar a los clásicos con gran fortuna.

Nada más lejos de la realidad. Como señaló entonces la escritora y crítico musical Corrie Brownstein en la revista norteamericana de referencia “NPR”, para describir el trabajo de los brasileños había que decir que “más que una revolución son una resurrección”. La eficacia del arriesgado mestizaje, que en otros casos frecuentes ha conducido a la irrelevancia del revival, es en “Garotas Suecas” su sello original, el celofán que envuelve su donosura. El artificio sonoro que han construido hunde sus raíces en los memorables 60, de acuerdo,  pero tan sólo como un punto de partida, como un referente necesario del que no quieren desprenderse innecesariamente.

Hay coros que suenan a Isley Brothers, armónicas que remiten inevitablemente a Stevie Wonder, desbocadas guitarras funk que evocan a Sly Stone o George Clinton, soul destilado al estilo de Otis Redding o Sam Cooke, poderosas secciones de viento, percusiones brasileñas o tributos a los Beatles como esa “Ela” que parece un remedo tropicalista del “Magical Mistery Tour”. Y de fondo una traslúcida capa de psicodelia que proyecta el espíritu del “Screamadelica” de los Primal Scream, hasta el punto de que la portada de su disco parece un apunte del diseño del mítico disco de los escoceses. Todo en “Garotas Suecas” parece al principio una locura improvisada, pero realmente es “brillante y locamente funky”.

El sexteto brasileño (voces, teclados, bajo, guitarras y batería) llega a Pirineos Sur acompañados de su galería de “fantasmas ilustres”, que casi resumen la historia de la música del último medio siglo. Ofrecerán su compilación de canciones con sabor vintage pero absolutamente nuevas y actuales. Será una oportunidad única para disfrutar de su elogiado directo y comprobar que las alabanzas que cosecha su puesta en escena están relacionados con la manera que tienen de entender el espectáculo: “queremos tocar en cualquier sitio donde la gente se quiera volver loca”, han señalado.

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