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Juan Gavasa

Pirineos, tristes montes

Pirineos, tristes montes

Maestras perdidas en pueblos perdidos, andanzas de solterones empedernidos, evocaciones de ancianos sabios, viejos recuerdos de la guerra e historias alimentadas al calor del fuego de una chimenea. “Pirineos, tristes montes” es la crónica escéptica de unas montañas envueltas por la bruma de la melancolía. Severino Pallaruelo; profesor, historiador, escritor, viajero y, fundamentalmente, profundo conocedor de la cordillera, escribió hace casi veinte años este conjunto de relatos breves que nacen en lo más hondo de su sentimiento. Algunas de esas historias son tan tristes y desoladoras que el intencionado título se queda corto.

El libro, que vio la luz de forma discreta, sin hacer ruido, fue creciendo poco a poco gracias al boca a boca; la campaña de publicidad más solvente y eficaz. Desde entonces se ha reeditado en unas cuantas ocasiones y hoy en día es ya un clásico de la literatura pirenaica (la más reciente en Xordica). Su autor, entonces un desconocido profesor de instituto, está considerado en la actualidad uno de los más brillantes historiadores y pensadores de la cultura pirenaica.

            En “Pirineos, tristes montes”, Severino quiso poner orden a las historias que había conocido de niño, a los dramas que había escuchado a media voz en boca de sus padres. Casi todas son verídicas e ilustran el perfil más duro y áspero de la vida en la montaña. Como comenta su autor, las experiencias vitales aquí narradas “exigen  a veces un género literario apartado de la frialdad del ensayo académico. Son historias que, desgraciadamente, han sucedido”.

            Guiado por un pretendido tono escéptico, Severino Pallaruelo compuso un friso de personajes y situaciones que tenían en común la misma desesperanza y la misma frustración. Hombres y mujeres marcados por un destino predecible que percibieron en la montaña pirenaica su cárcel infranqueable. Son historias de un Pirineo que ya no existe, en el que los pueblos no eran rincones hermosos ni las montañas lugares paradisiacos. Eran como escribe Severino, la “separación entre dos mundos, aquí la abundancia, allá la pobreza”.

            El Pirineo que relata Severino Pallaruelo en “Pirineos, tristes montes” se encuentra en la antesala de la gran crisis del mundo rural que en la segunda mitad del pasado siglo prácticamente acabó con la cultura tradicional de la montaña. Todo un sistema social, económico y de valores se vino abajo cuando el masivo éxodo a las ciudades dejó cientos de pueblos abandonados. La provincia de Huesca tiene el triste record de ser junto a la de Soria la más azotada por el drama de la despoblación. Más de 300 pueblos se quedaron sin nadie que habitara sus casas. A las ausencias le siguieron el paulatino deterioro del patrimonio y, en muchos casos, un expolio que extinguió  cientos de siglos de historia.

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5 comentarios

Juan -

Hola Pilar, bienvenida al blog. Tu historia la he oido en otra mucha gente (mi hermana, por ejemplo, que acaba de terminar su carrera de Derecho). Les habían dado por desahuciados para los estudios y se fueron a Sabi; allí encontraron otra forma de enseñar y, sobre todo, un concepto de la relación entre alumno y profesor más humano e integrador. Tú los has definido perfectamente; aquí eras mala estudiante y allí brillante. ¿quién tiene la culpa? Evidentemente el alumno es el mismo así que...

kike -

Pirineos Trsites Montes me acercó a casa tres días a la semana cuando vivia en Gasteiz. Roto en una camilla mientras recuperaba uno de mis dolidos adductores. Gracias a los montes que me vieron nacer.
Kike

Pilar Ortega -

Más que profesor, maestro. El mejor que he tenido. Sin libro, todos eran apuntes. Con él yo pasé de ser una mala estudiante a ser una brillate (al menos así lo decían los dieces que me puso)
Un recuerdo cariñoso y un libro precioso.
Besos, todos los posibles
Pilar Amparo

lamima -

Me hice con este libro a través de La Librería de Cazarabet hace tiempo y lo tengo esperando en la estantería, como si me diese respeto.
Me parece que ya es hora de tomarlo entre manos.
Saludos.

laMima -

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