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Juan Gavasa

Infame turba

Infame turba

Reproduzco el artículo publicado por Javier Rioyo el pasado domingo en El País en relación con el estreno de la película “Los girasoles ciegos” de José Luis Cuerda, basada en la perturbadora novela homónima de Alberto Méndez. En estos días en los que una parte del país se rasga las vestiduras porque otra parte quiere dignificar la memoria de sus muertos, el texto de Rioyo es aleccionador. Yo creo que España necesita exorcizar su pasado oculto, desterrar  de una vez por todas sus fantasmas para cerrar finalmente la enorme herida de la que todavía brota sangre. Ahora no hay riesgo de reabrir heridas, simplemente porque siguen abiertas.

“Infame turba de nocturnas aves", decía Góngora. El verso lo recordó Alberto Méndez en Los girasoles ciegos. Y lo vemos en la película de Cuerda copiado en las paredes del refugio en que el joven poeta que ya está solo, sin versos, sin la mujer adolescente y sin el hijo nacido en la huida. Solo y perseguido por ser republicano. Después, muerto sin sepultura. Uno más. Uno de los miles de inocentes que terminaron asesinados en caminos, descampados, tapias o en su propia casa. Su caudillo les había asegurado que estaban luchando en una cruzada en defensa de la civilización.

Expulsados, encarcelados, torturados, asesinados sin defensa ni juicio, con falsos juicios, sin piedad ni perdón. Sin paz. Sin sepultura. Supervivientes que vivieron escondidos como el maestro de la película: culpable hombre bueno, machadiano que no soporta el terror de la humillación. Derrotados y silenciosos que callan, se ocultan porque han visto cómo actúa la infame turba. Las nocturnas bandas de asesinos que abandonan en barrancos, cunetas o descampados, entre cardos y cañaverales dispersos, a sus víctimas de cada noche. Nocturnas escuadras, infame turba que actuaba en los pueblos, en las ciudades, como complemento del ejército rebelde. "Golpead duro y será el terror", les había dicho su general Mola. Su caudillo les había asegurado que estaban luchando en una cruzada en defensa de la civilización. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio para dejar limpia España de los "malos españoles".

Esa turba, en compañía de curas que enseñaban el canto de los himnos, los nuevos amaneceres, de las escuadras vencedoras, aparece en la película al lado de los derrotados, escondidos, perseguidos y muertos. No es complaciente. No es de risa, aunque, para sorpresa del director y de otros que estuvimos en el estreno en Orense, parte del público se reía con los excesos patrióticos de los curas. Parece un chiste, un esperpento, es una tragedia basada en hechos reales. La verdad de las mentiras del cine, de la literatura.

Hay que leer la novela de Ramiro Pinilla La higuera para recordar, por la verdad de la ficción, cómo y quiénes mataron en aquel bando que pretendía devolver a España la espiritualidad. Sobre esos muertos de la anónima tierra, sobre los descampados que guardan el secreto de aquellos huesos, creció una higuera. Uno de los asesinos no puede soportar la mirada de un niño que vio asesinar a su familia. La mirada de la memoria.

Ahora, los hijos de ese niño quieren que se sepa qué hay debajo de la higuera. Quieren poner nombre a los que no tuvieron ni una modesta tumba en cementerios bajo la luna. Durante años soportaron, siguen soportando, las listas de otros muertos en las paredes de espacios públicos, de iglesias, de monumentos. Ahora, con la ayuda de un juez que se atreve, quieren dignificar públicamente a los que siempre fueron dignos.

2 comentarios

Emilio-escalambrujos. -

Lo verdaderamente vergonzoso fue la viñeta "cómica" de martinmorales en el ABC en la que dibujo a un perro con la cara de garzón desenterrando huesos y a zp llevándolo de la correa.

Por favor, hay gente que tiene a sus padres y hermanos todavía en las cunetas en la España del AVE, demosles dignidad ya.

Un saludo, Emilio.

39escalones -

No puedo más que estar de acuerdo con todo aquel que defienda rehabilitar la memoria de los vencidos y represaliados. Eso sí, la película, flojita, flojita. Muy decepcionante.
Saludos