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Juan Gavasa

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No sé qué méritos hay que reunir para ser Ministro de Defensa. No sé si es recomendable haber sido cabo furriel o alférez provisional en la mili. Quizá el mejor atributo es ser un cabronazo con pintas o tener una mala hostia considerable para que los uniformes no se te suban a la chepa. Desconozco qué galones tenía Narcis Serra, qué experiencia acumulaba Federico Trillo en el asunto castrense o cuáles eran las virtudes que supo ver Zapatero en Bono para mandarle al frente de las tropas. Sí que supimos con el tiempo de Trillo que, a parte de graciosillo, era un tipo pragmático y displicente con lo accesorio. No tuvo el menor escrúpulo en aprobar la falsificación de los restos de los militares fallecidos en el Yakolev 42 para acelerar los trámites y evitar engorros innecesarios a sus familiares. Todo un detallazo. Otro civil masculino que hizo carrera al frente de uno de los cuerpos de seguridad del estado fue el aragonés Luis Roldán. Lo suyo fue meteórico y digno de introducirse en esos manuales que desentrañan el dédalo que conduce al éxito rápido y seguro. Además él nos podía aportar una adenda extremadamente valiosa: qué hacer cuando te pillan.

Estos días este país que se llama España ha enseñado la patita. El nombramiento de Carme Chacón como Ministra de Defensa ha soliviantado a medio país, que no necesariamente coincide con el que suele votar al PP. Y esto es lo más desmoralizante. Que la derecha cavernícola y ultramontana se escandalice con que una mujer catalana y embarazada dirija al ejército se puede comprender y hasta cierto punto aceptar. A estas alturas no nos vamos a rasgar las vestiduras por estas naderías. Lo extraño probablemente es que lo hubieran recibido con entusiasmo patrio. Así que por ese lado la cosa ha resultado como se esperaba. Los más bestias han gritado un prietas las filas en defensa de los más rancios valores castrenses y los que tienen un puntito intelectual han resuelto su agravio echando mano de ese zafio humor español que huele a macho y cantina.  No sé qué es peor. A los primeros les alientan la indignación y a los segundos les ríen las gracias.

Lo más lamentable, comentaba, es que en una parte de la supuesta España civilizada el nombramiento tampoco ha sentado bien o, lo que es peor, no se ha entendido. Por lo tanto habrá que colegir que en el tema de la igualdad de sexos este país sigue por donde solía. Cosa que, por otro lado, no tenía duda alguna de que ocurría. Muchos amigos y conocidos con los que suelo coincidir casi siempre en lo que nos duele de España, me confesaban la semana pasada que no comprendían cómo era posible que una mujer sin experiencia pudiera dirigir al ejército.  La unánime declamación (de ahí mi sorpresa), apenas encontraba alivio en mis respuestas, quizá demasiado sincopadas y poco entusiastas.

Como cantaba Brassens, la música militar nunca me supo levantar y mi escaso brío patrio apenas tenía fuelle para defender algo que resulta tan obvio e indiscutible en un país democrático. Pero en España hay cosas sobre las que todavía es necesario hacer mucha pedagogía. En mi proverbial ingenuidad sigo otorgando gran importancia al valor de los símbolos en la política porque frecuentemente son el único resquicio por el que se cuela el antagonismo ideológico entre izquierda y derecha. Que sea mujer u hombre el Ministro de Defensa es algo que me da exactamente igual porque no debería de ser motivo de debate. Sólo debería trascender su cualificación para el cargo y que yo recuerde nunca antes se entabló tamaño debate nacional con sus antecesores. Se deduce que al ser hombres y haber hecho la mili ya estaban al tanto de todo lo que debía de saber un buen ministro.

A mí me gustó ver a Carme Chacón, “en su plenitud femenina” (esto creo que se lo oí a la conversa Pilar Rahola), pasando revista a las tropas españolas. No sé si está preparada o no para el cargo, de igual forma que nunca me preocupó si lo estuvieron los otros. Pero que los periódicos de medio mundo abran sus ediciones con la política embarazada pasando revista sólo puede ser recibido con sincero regocijo en un país que hasta no hace mucho era un inmenso cuartel. Paísss, que diría Forges.

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1 comentario

Inde -

Pues a mí me pasó lo mismo, qué quieres que te diga. Podríamos discutir todo lo que se quiera, pero esa imagen me pareció fantástica.

Quizá fue lo único que justificó su nombramiento, pero me temo que otros se justifican por menos... y muchos, ay, por cosas menos justificables.
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