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Juan Gavasa

Etiopía, acústica y sicodelia

Hay noches que vienen precedidas de un misterioso halo de expectación.  Hay un ruido intenso en los días previos nutrido de rumores, intuiciones y un boca a boca frenético que anuncia maravillosas sorpresas; de esas que se producen muy de vez en cuando y que casi nunca dejan indiferentes a nadie. Con noches como éstas se forja la leyenda y el prestigio de un festival como Pirineos Sur. Y el concierto programado para este martes tiene toda la pinta de llegar con hechuras de velada imperecedera y memorable. Será la razón que Etiopía sigue siendo un misterio en el imaginario popular y que tan solo evoca lugares comunes muy alejados del lustre creativo. Será que Etiopía nos sigue remitiendo a escenas dramáticas de una tragedia inacabada. Será que una vez mas los tópicos arrastran a los prejuicios, pero los dos conciertos del martes en Sallent de Gállego anuncian una nueva visión del país etíope refractaria de estereotipos instalados en occidente.

La banda “Ethiocolor” que lidera ese Bobby Farrel etíope llamado Melaku Belay, y el dúo “Munit y Jörg” proyectan el espíritu bipolar de la sociedad y la riqueza creativa de sus brillantes músicos, que están dotados de un envidiable talento natural para abordar con la misma determinación los riesgos derivados de la sicodelia o la difícil reinvención de un estándar del jazz. Habrá que añadir además que esas incursiones suelen hacerse sin renunciar a la herencia de su música tradicional, lo que convierte sus producciones en insólitos objetos difícilmente clasificables bajo estilos convencionales.

Tan solo una minoría musicalmente muy educada se había interesado por esa corriente conocida como “ethio-jazz”, que en los años 60 y 70 del pasado siglo alumbró en Etiopía una pléyade de artistas de una calidad suprema y un estilo marcado profundamente por el jazz, pero también por el blues, el soul, la sicodelia, el trance y otras corrientes que circulaban en Estados Unidos en torno a la música negra. Mahmoud Ahmed, Tilahun Gessese o Mulatu Astatke lideraron esa generación de inmensa estatura artística. Desde una óptica etíope de la tradición asimilaron la música que llegaba de Norteamérica y facturaron unos discos antológicos que integraron sin complejos las vanguardias. Escuchados hoy en día conservan una sorprendente frescura y asombran porque siguen siendo insolentemente actuales. En Youtube es posible encontrar verdaderas joyas de la televisión etíope de la época. Inevitablemente cabe pensar que hace 40 años Etiopía ya era mucho más moderna y cosmopolita que muchos países europeos, algo que los occidentales evidentemente desconocían. 

 Garantes del legado de aquellos maestros que continúan siendo adorados en Etiopía, llegan a Pirineos Sur dos de los ejemplos más interesantes del actual panorama musical etíope. “Ethiocolor” y  “Munit & Jörg” ganaron el programa “Vis a Vis”, un interesante encuentro entre programadores españoles y artistas locales de países africanos, que este año se organizó en Addis Abeba bajo el auspicio de la Casa África en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), y la SGAE. Las dos anteriores ediciones se habían celebrado en Senegal y Cabo Verde. Tras un fin de semana de actuaciones en diversos locales de la capital etíope, los programadores eligieron a estas dos formaciones para girar por diversos festivales españoles durante este verano, entre ellos Pirineos Sur. El crítico oscense Luis Lles, que participó en estos encuentros, ha señalado que ambas propuestas “son muy distintas entre sí, casi antagónicas. Reflejan perfectamente esa dicotomía entre la calma y el trance, que parece ser seña de identidad etíope”.

Y es que el dúo formado por el guitarrista alemán afincado en Etiopía, Jörg Pfeil, y la cantante Munit Mesfin, nacida en el país pero residente en USA durante veinte años (ahora tiene 30), es una síntesis perfecta entre modernidad y tradición. Con una puesta en escena extremadamente sencilla pero muy eficaz, se dedican a recuperar algunos de los clásicos del ethio-jazz, hacen versiones de éxitos internacionales y componen también sus propias canciones. Munit Mesfin ha calificado su propuesta como “soul ethio-acústico”, una fórmula compleja en apariencia pero sencilla en la ejecución que consiste en “coger antiguas canciones etíopes, dotarlas de nueva energía y transformarlas como si fueran nuevos temas, que cantamos en inglés y amárico”, ha indicado.

Munit se acerca a los registros clásicos de las vocalistas del jazz y de algunas cantantes pop, de ahí que los tradicionales etíopes suenen en su voz vaporosos y sofisticados, sin el vigor original. La cantante es consciente de ello y reconoce que su idea de la música es una mezcla de jazz, soul, sonidos occidentales y los temas populares de su país, siempre con un carácter versátil y flexible, sin ataduras intelectuales. El éxito del dúo ha sido notable en el último año y de hecho la propia cantante ha regresado a su país para consolidar su carrera musical.

“Ethiocolor” es otra historia. El grupo reúne a lo mejor de los músicos tradicionales de Addis Abeba con el objetivo de demostrar que la inmensa herencia musical etíope puede ser interpretada con un alto grado de creatividad manteniendo a la vez la identidad cultural. Detrás de este proyecto está el bailarín Melaku Belay, una personalidad deslumbrante que regenta uno de los templos de la noche de Addis Abeb, el club Feke, donde se celebraron algunos de los conciertos del programa “Vis a Vis”. Melaku ha desarrollado una amplia carrera como bailarín después de formarse en el Teatro Nacional de Etiopía y en diversas escuelas del país. Pese a su sólida formación académica, el bailarín etíope siempre se ha destacado por abanderar la heterodoxia en todas las parcelas de su vida, incluida la artística.

Colabora habitualmente con el grupo punk holandés The Ex y con otras formaciones como la americano-etiope Debo Band de Boston o el saxofonista Getachew Mekuria. Ha actuado en Chicago, Nueva York, Amsterdam o París y para catalogar  sus actuaciones sobre el escenario sólo se puede recurrir a palabras grandilocuentes: es un genio. Baila más de 30 danzas diferentes y posee una vitalidad y una personalidad arrolladoras sobre el escenario. Cuando comienza a contornearse con ejecutorias imposibles y frenéticas el público entra en trance. “Ethiocolor” es una banda acústica que ejecuta, sin embargo, un sonido contundente y robusto que remite a los orígenes del freejazz de Ornette Coleman o a la época negra de Miles Davis, la de “Bitches Brew” y Wayne Shorter, Chick Corea y Dave Holland. El crítico músical Luis Lles ha descrito la puesta en escena de manera gráfica: “el conjunto suena como el más atronador grupo de rock, como el más hipnótico proyecto de techno. A caballo entre lo ancestral y lo futurista, entre lo telúrico y lo cósmico”. Y en medio de todo la figura de Melaku Belay, un personaje que será recordado mucho tiempo en Pirineos Sur.

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