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Juan Gavasa

Cinco Jotas

El folclore aragonés ha sido sometido en los últimos años a una revisión en toda regla que ha removido los cimientos de un vetusto edificio poco habituado a grandes reformas. Desde influyentes formaciones de folk aragonés como Biella Nuei hasta el bailarín Miguel Ángel Berna, muchos han sido los que bajo su particular visión del arte han querido reinterpretar la venerable esencia aragonesa para adaptarla a un lenguaje más actual y fresco. Algunos no han ido más allá de una simple relectura de la tradición, sin demasiadas complicaciones ni aportaciones. Pero hay un elenco de creadores aragoneses que ha sido capaz de reflexionar e investigar sobre el folclore autóctono con el fin de reivindicarlo como una expresión actual y viva. Y ha conseguido finalmente introducir el género en una nueva dimensión que facilita su pervivencia y augura un futuro de florida creatividad y nuevas experiencias.

El trabajo de Carmen París ha sido sin duda el que mayor repercusión ha tenido, principalmente por su envergadura como artista,  su tremenda popularidad y el acierto comercial de su propuesta. Berna ha llevado la jota a unos escenarios en los que hasta no hace mucho era impensable que el público culto pudiera observar la seña de identidad aragonesa como una sofisticada producción de danza. Un efecto similar es el que ha causado el proyecto “Zambra” liderado por Alberto Gambino y los cantadores Nacho del Río y Beatriz Bernad, y que el pasado año fue programado en Pirineos Sur. Su apuesta por restituir la pureza de la jota y desprenderla de su perfil más rancio ha abierto nuevos debates sobre la necesidad de mantener en permanente evolución el folclore tradicional como única vía para fortalecer sus constantes vitales.

El trompetista oscense Gerardo López participaba de los mismos pensamientos y reflexiones cuando se decidió a promover el proyecto “Aragonian”. Pero ahora se trataba de una nueva contorsión para proyectar el folclore aragonés en clave de jazz. Los riesgos eran evidentes porque, como ha recordado López en alguna ocasión, la simplicidad armónica y melódica del folclore popular es difícil de trasladar a las composiciones de larga duración del jazz. Sin embargo han salido airosos del envite y han conseguido que esta “jota negra” no suene como una impostura sino como el resultado de un acercamiento respetuoso, consciente y cargado de sensibilidad.

El quinteto “Aragonian” (trompeta, bajo, guitarra, saxo y batería) está formado por grandes músicos aragoneses con larga trayectoria en diversas formaciones y escenarios (Alonso Martínez, Pablo Posa, Miguel Ángel Royo y Jesús Martí). Con esta distinción academicista, que es evidente sobre el escenario, el grupo navega entre los tributos a sus admirados clásicos del jazz y el insólito devenir por unas músicas que han conseguido hacer perfectamente reconocibles. Gerardo López señalaba el día de la presentación de Aragonian que “el reto principal era respetar al máximo las melodías populares porque es lo que quiere encontrar el espectador, pero utilizando una base jazzística que es la que nos permita innovar y experimentar”. Y es así como el dance de San Lorenzo, los Gigantes y Cabezudos o la Pullida Magallonera suenan contenidos y desprovistos de su vibrante garra, pero auténticos y con ese punto de melancolía propio del jazz. Estas y otras piezas forman parte de su primer álbum con un título de evocaciones múltiples: “5 jotas”.

Gerardo López ha envidado a la escena musical aragonesa a trabajar en nuevas lecturas de sus propias raíces, sin suponer ello una afrenta. Él llegó a “Aragonian” a través de unas reflexiones íntimas que extrapolaban ejemplos internacionales a la realidad autóctona. ¿Por qué no se puede mezclar el jazz y la jota como lo han hecho los cubanos, los brasileños o los americanos con su folk? La pregunta que tantas veces se ha hecho el trompetista oscense deriva de una pasión común por las músicas anglosajonas y por la tradición aragonesa. Se aproxima a ambas con una veneración plena, y sólo lo ha consumado el matrimonio después de realizar un estudio exhaustivo de nuestro folclore para evitar el riesgo de un virtuosismo superfluo. “Aragonian” es el feliz resultado.

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