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Juan Gavasa

Yes, we could

Yes, we could

Mucho se ha comentado sobre el hecho histórico de que Barack Obama sea negro. Y lo es, lo cual es muy positivo para Estados Unidos, y quizá incluso para el mundo. Pero tampoco es negro del todo, lo cual también es positivo. Como nos recordó la foto que todo el mundo vio ayer del joven Obama con sus abuelos maternos, es mestizo. Sólo que, por los misterios de la biología, lo que predomina en su rostro son los genes de su padre keniano.

Que se le perciba como negro es bueno para la América negra. Manda un mensaje de un valor incalculable. El victimismo ancestral de los afroamericanos, los descendientes de los esclavos, ha inhibido la evolución de este sector de la población en lo económico, lo político y lo social. El hecho de que el color de la piel apenas influye en la capacidad de prosperar de los habitantes del "país de las oportunidades" se ha demostrado en el notable éxito que han tenido los recientes inmigrantes africanos, cuyos ingresos y nivel educativo han estado por encima de los de la media del país.

El ver que un hombre del mismo aspecto que ellos ha llegado a las alturas más elevadas de la política estadounidense tiene que servir para la población afroamericana como incentivo y como gran golpe de confianza. Esto no significa que los blancos o los hispanos o los de origen asiático tengan que sentirse de ningún modo amenazados o excluidos de la fiesta. Porque ellos también pueden reconocerse en Obama, o pueden ver en él un americano medio más. Por su porte, por su aire y, ante todo, por su forma de hablar inglés, Obama no corresponde al estereotipo del negro americano con el que se asociaba a un fallido candidato negro anterior, Jesse Jackson. Cuando uno habla por teléfono con un estadounidense desconocido detecta inmediatamente, en 90 casos de cada 100, si la persona es negra. El afroamericano tiene un acento distintivo, con una clara nota sureña que lo delata, independientemente del lugar de Estados Unidos en el que viva o haya nacido.

Obama no habla así. Obama habla como un blanco típico de clase media de Connecticut o Colorado. En cuanto a las palabras que usa y cómo las ordena, está en otra órbita comparado con George W. Bush, por poner un ejemplo. Habla con la elocuencia, claridad y amplitud de vocabulario del más eminente abogado o profesor universitario. Pero no deja de tener visibles raíces africanas, lo que implica que todo el mundo no sólo pueda identificarse con algún aspecto de él, sino que ofrece el ejemplo de una persona digna y susceptible de emular. Obama combina los atributos del continente en el que se originó la especie humana con los del infinitamente variado país en el que él nació. Es un hombre para la eternidad.

Artículo de John Carlin en El País. 

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