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Juan Gavasa

Canadá cada vez va a mirar más a Latinoamérica

Canadá cada vez va a mirar más a Latinoamérica

Samantha Alfonzo es abogada y socia en el departamento mundial de minería y derecho comercial de la firma Fasken Martineau, una de cuyas sedes principales se encuentra en Toronto. De origen venezolano, es una profunda conocedora de Latinoamérica y de su economía. Ha recorrido todo el continente ofreciendo conferencias y ha asesorado en diversos campos a numerosas compañías mundiales vinculadas a las industrias de manufactura y minería, sector este último del que es una reconocida experta. En esta conversación con PanamericanWorld analiza el momento económico de la región, las expectativas para 2014, la relación de los países latinoamericanos con la industria minera y el creciente interés de Canadá en los sectores energéticos de la zona.

La inestabilidad del peso, las medidas adoptadas recientemente por el gobierno argentino, el temor de los analistas a que las perspectivas económicas o financieras en China, Brasil, Argentina, Indonesia y Venezuela afecten a otros países y la sospecha de que las economías emergentes puede empeorar a medio plazo, ¿de qué modo pueden alterar las previsiones macroecónmicas para Latinoamérica en 2014?

Estos países emergentes tienen que dejar de imprimir dinero, controlar la inflación, acabar con los controles de cambio y abrir las puertas a los inversionistas extranjeros. Van a tener que empezar a tomar medidas más prudentes antes de que sus economías colapsen.

El FMI adelantó que Perú será el país de la región que más crezca en 2014. ¿Qué ha sucedido para que el país vuelva a ser “el dorado” de Latam?

Perú ha tenido el mayor crecimiento en la última década. Tiene mucho potencial para los inversionistas canadienses y para las empresas peruanas que quieran exportar a Canadá. Visité el Perú en Noviembre y me impresionó el desarrollo del país. Tiene una clase media influyente que ha crecido impresionantemente en los últimos 10 años. Eso ha generado una demanda creciente de automóviles, artefactos para el hogar y viviendas. Me impresionó que en el barrio de Miraflores, que es una de las zonas más exclusivas de Lima, quedan pocas casas – han sido reemplazadas por altos edificios. Demuestra que esta nueva clase media tiene poder de consumo y eso va a beneficiar el crecimiento del producto interno del país. La seguridad ciudadana es otro tema que ha mejorado en el Perú.

Perú tiene una gran dependencia de sus recursos naturales. La minería forma parte de su cultura. En los últimos diez años los precios de los minerales han aumentado  – sobre todo en oro y cobre -, esto ha contribuido decisivamente a que se incremente la riqueza del país. Este crecimiento ha traído también algunas consecuencias negativas. Por ejemplo, el tráfico se ha multiplicado exponencialmente pero no así las infraestructuras de carreteras y transporte. Estas no se han modernizado a la misma velocidad de crecimiento. Creo que con la riqueza natural y la capacidad para invertir que tiene Perú estamos en presencia de un boom económico. Si el gobierno se mantiene responsable y sabe desarrollar el sector minero puede haber mucho potencial para invertir.

Toronto, con el Toronto Stock Exchange (TSX), es la capital mundial de las inversiones en el sector minero. Hoy hay 17 compañías que se cotizan en la Bolsa de Lima y en el TSX. Esto ha permitido que se pueda levantar capital aquí o en Lima. Por ejemplo, algunas compañías no pudieron levantar capital este año en Toronto pero sí lo pudieron hacer en la Bolsa limeña. Compañías locales con fondos de pensiones importantes están invirtiendo en la Bolsa de Lima. El sector minero en Perú es un sector poderoso, todavía con algunos problemas de tipo social en las zonas en las que opera, pero cada vez más consciente de la necesidad de respetar el “deber social” que se tiene con las comunidades afectadas de ejercer una minería responsable y respetuosa de la sociedad y del medio ambiente y que esto se convierta en el beneficio para todos los involucrados.

Chile parece que está sentado sobre unas bases muy sólidas, de gran estabilidad. Apenas da noticias en lo económico, un síntoma que suele transmitir tranquilidad y confianza en los mercados.

Chile ha sido un país muy estable en los últimos años. Un país minero por excelencia pero que carece de un “junior market”, donde se puedan captar inversiones que beneficien a compañías pequeñas a nivel de explotación. Están trabajando para tener una visión más clara a largo plazo en la que indudablemente tendrán que abrir la entrada de estas pequeñas compañías para garantizar el futuro del sector minero chileno.

Uno de los retos de la nueva presidenta Bachellet es que la reforma tributaria planteada en su campaña electoral no afecte a proyectos mineros y a su rentabilidad. Estos proyectos ya tienen unos costos altos de explotación debido a que la energía y la mano de obra en Chile es costosa, y el acceso al agua es complejo y más caro que en otros lugares. Si se aplican incrementos tributarios que disminuyan los beneficios de estos proyectos, es posible que muchos corran el riesgo de desaparecer, y eso afectará a la economía del país.

Al hilo de esto, es evidente que Chile va a tener que concentrarse en desarrollar tecnologías innovadoras para el sector energético e hidráulico que ponga en ventaja el sector minero. En este campo pueden beneficiarse del alto nivel tecnológico de compañías canadienses, con las que podrían establecer vínculos de desarrollo tecnológico.

Las relaciones de Canadá y Chile desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio han generado un nuevo escenario de gran colaboración e importantes avances económicos.

Canadá y Chile tienen muchas sinergias y nos complementamos mucho, no solo en el sector minero, donde nosotros exportamos muchos servicios, equipos y proyectos de investigación y ellos invierten en Canadá. Gracias al Acuerdo de Libre Comercio los canadienses comemos aguacates, cerezas y uvas en nuestro invierno, algo que puede parecer anecdótico pero que influye incluso en los hábitos dietéticos de los canadienses. En el sector energético y de agua se ha vuelto habitual ver a empresas canadienses tratando con empresas chilenas.

El vino chileno está ya muy presente aquí. Yo creo que es el país Latinoamericano con el que más se identifican los canadienses porque es un país muy sofisticado en el sentido de que su ética de trabajo es muy compatible con la de los canadienses.

Colombia va a ser uno de los países de la región que más va a crecer este año.

Colombia tuvo un cambio muy positivo en los diez últimos años. Hace tan sólo tres años todo lo que tenía relación con Colombia era “Hot”. Se cambió la imagen de inseguridad por la de un país en el que era posible hacer buenos negocios. Tiene una sociedad muy preparada. Sin embargo, la inseguridad sigue siendo un lastre. Esto, unido a los retrasos en la tramitación de los permisos para explotaciones mineras, transmite la idea de que el país todavía no está listo para recibir a grandes inversionistas. Las elecciones de Mayo y la paz con las FARC y el ELN son clave para el desarrollo del país.

¿El problema de la inseguridad en México puede ser un palo en la rueda del notable crecimiento del país?

Podríamos decir que “es el sabor del mes”. Hay mucha emoción con las reformas de Peña Nieto y el mensaje positivo que está mandando al resto del mundo de acabar con el monopolio de PEMEX y abrir las puertas a inversiones extranjeras. Canadá, en especial, mira con mucha atención todo lo que ocurre en México porque hay muchas compañías canadienses con intereses en la zona.

Aunque México ha introducido también una reforma tributaria que afecta a los beneficios empresariales, el mensaje sigue siendo el mismo: “hay un mercado rentable”. Los factores que favorecen este clima son que no tienen grandes problemas de energía ni de suministro de agua, poseen excelentes accesos al Pacífico y al Atlántico y la mano de obra es menos costosa.

Pero, claro está, sigue teniendo el grave problema de la inseguridad. En algunas zonas donde operan las compañías mineras no hay policías ni seguridad estatal y han sido las propias empresas las que han tenido que cubrir este vacío. Paradójicamente, esta circunstancia se ha integrado como elemento de la “licencia social” porque la seguridad privada de las mineras ha terminado protegiendo a la misma población que lleva décadas viviendo bajo un temor perpetuo.

¿Hasta dónde puede llegar  Venezuela?

Sus políticas populistas han sido desastrosas. Es como si a alguien que tiene neumonía se le receta un remedio para la tos en vez de antibióticos. Se le tapa la enfermedad pero no se le cura. Venezuela va a tener que tomar más temprano que tarde unas medidas no populares pero necesarias para el desarrollo del país: tiene que cambiar la redistribución del capital porque la desigualdad entre la minoría que tiene acceso al capital del Estado y la mayoría pobre cada vez es más grande. Esta desigualdad genera miseria, crimen e inseguridad. El socialismo venezolano ha traído más pobreza, menos desarrollo y más crimen. Por ese camino irán al desastre económico.

Ecuador es otro país en el punto de vista de los inversores

Ecuador tiene un dilema por su Constitución. Dice que cualquier recurso natural explotado tiene que beneficiar más al pueblo que al inversor. Es difícil invertir en Ecuador porque ya sabes que el 51% del beneficio tiene que ir al pueblo. Eso no me parece mal. Pero el país está trabajando para abrir las puertas a la inversión extranjera intentando compatibilizar lo que dice su Constitución con los intereses de las compañías. En todo caso, el país sigue teniendo un importante problema de pobreza que tiene que resolver.

Uruguay es el país del año para The Economist. Al margen de la figura de su carismático presidente, ¿qué claves explican su estrella?

Uruguay  es un país básicamente agrícola que no quiere abrir la inversión a la minería. Tiene toda la razón porque ellos no creen que la minería traerá beneficios al país. Ellos dependen de la agricultura y sería difícil que entrara la minería sino se les demuestra que la explotación minera puede traer muchos beneficios al país sin amenazar la industria agrícola. Uruguay es un caso singular; es un país pequeño que aquí en Canadá tiene la imagen de un país europeo, con buena calidad de vida y seguridad.

¿Por qué ha crecido tanto la presencia canadiense en Latam?

Hay más de 311 compañías que cotizan en la Bolsa de Toronto que tienen proyectos mineros en Latinoamérica en explotaciones de oro, cobre, plata, litio, etc.. hay una presencia a todos los niveles. Hay muchos factores pero que se podrían resumir en que en los últimos años se han incrementado las garantías legales, la seguridad jurídica y la estabilidad política en la mayoría de países latinoamericanos. Canadá cada vez va ha ido mirando más a Latinoamérica.

¿La conciencia social de estas compañías es real?

Lo es. Es cierto que primero fue la presión política y después la conciencia corporativa. Pero ahora las compañías mineras canadienses tienen claro que el ‘deber social’, lo que hemos llamado la ‘licencia social para operar’, es tan importante como defender los intereses económicos. No olvidemos que el gobierno canadiense ha creado una guía de ‘responsabilidad corporativa social’ para las empresas mineras canadienses, asi operen en territorio nacional o en Latinoamérica.

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